{"id":7806,"date":"2016-05-21T10:45:42","date_gmt":"2016-05-21T13:45:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/?p=6357"},"modified":"2016-05-21T10:45:42","modified_gmt":"2016-05-21T13:45:42","slug":"obras-mayores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/manuelrojas.cl\/index.php\/2016\/05\/21\/obras-mayores\/","title":{"rendered":"Obras mayores"},"content":{"rendered":"<div class=\"content clearfix\">\n<address style=\"text-align: justify;\">Fundaci\u00f3n Manuel Rojas. Santiago de Chile, 21 de mayo de 2016<\/address>\n<hr \/>\n<div class=\"content clearfix\">\n<address>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Las obras mayores de Manuel Rojas se han finalmente editado en Chile. <em>Tiempo irremediable<\/em> (Zig-Zag, 2015) re\u00fane sus cuatro novelas fundamentales y <em>Cuentos<\/em> (Ediciones Universidad Alberto Hurtado, 2016) agrupa la mayor\u00eda de sus relatos breves. Aqu\u00ed presentamos al lector un extracto de los dos pr\u00f3logos de ambos libros. El primero, es de Ignacio \u00c1lvarez y lleva por t\u00edtulo &#8220;Un pu\u00f1ado de pistas para entrar a Tiempo irremediable&#8221;, y el segundo \u2014&#8221;Hablo de mis cuentos&#8221;\u2014 es del propio Manuel Rojas; en \u00e9l el autor describe el origen de sus relatos y c\u00f3mo estos le permitieron desarrollarse como escritor.<\/strong><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<\/address>\n<h3 style=\"text-align: center;\">Tiempo irremediable<\/h3>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>\u201cNo podemos cambiar nada de aquel tiempo ni de aquella vida;<br \/>\nser\u00e1n, para siempre, un tiempo y una vida irremediables<br \/>\ny lo son y lo ser\u00e1n para todos\u2026<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 se puede hacer contra un tiempo sin remedio?<br \/>\nLlegar\u00e1 un d\u00eda, sin embargo, en que este momento,<br \/>\neste momento en que navegamos por el r\u00edo del tiempo,<br \/>\nnos parecer\u00e1 uno de los mejores de nuestra vida\u2026\u201d<\/em><br \/>\n<strong>Manuel Rojas<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Tiempo irremediable<\/strong> re\u00fane por primera vez las cuatro novelas fundamentales de Manuel Rojas protagonizadas por su alter ego literario \u201cAniceto Hevia\u201d. Esta tetralog\u00eda, cuya escritura ocup\u00f3 casi por completo la madurez de Manuel Rojas, es uno de los logros mayores de la literatura chilena y sin duda el de m\u00e1s profundo alcance. El relato sigue la formaci\u00f3n de Aniceto y narra su vida, desde la ni\u00f1ez de hijo de ladr\u00f3n hasta su madurez cuajada por la presencia de las mujeres que am\u00f3 y que le amaron. Lo acompa\u00f1an en este caminar \u2013desde Buenos Aires, Rosario, Mendoza y hasta Chile\u2013 un sinn\u00famero inclasificable de personajes: indigentes como El Fil\u00f3sofo Echeverr\u00eda y Cristi\u00e1n Ardiles que viven de recoger gramos de metal en la playa; semi-indigentes como El Chambeco que mendiga institucionalmente para la &#8220;Olla del Pobre&#8221;; vagabundos como el hombre de las tortugas; miembros del hampa como Alberto; obreros manuales como Francisco Cabrera; un loco, un ladr\u00f3n ideol\u00f3gico y anarquistas como Miguel Briones. Sujetos que viven fuera de cualquier institucionalidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En <strong>Tiempo irremediable<\/strong>\u00a0Manuel Rojas traduce la vanguardia literaria a formas comprensibles para el ciudadano de a pie. Al mismo tiempo interviene en debates centrales del siglo XX, debates marcados por la esperanza y el desgarro que a\u00fan son contempor\u00e1neos.<\/p>\n<h4>Un pu\u00f1ado de pistas para entrar a Tiempo irremediable<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Dice una lectora: Estudi\u00e9 en un liceo municipal y de provincia. Durante toda mi ense\u00f1anza media tuve que leer dos libros y dos cuentos. Cuando estaba en cuarto, influenciada por mi hermana que comenzaba a estudiar Licenciatura en lengua y literatura, le ped\u00ed a mi profesor de lenguaje que nos diera a leer algo. Me dijo que iba a ver, que tal vez leer\u00edamos Hijo de ladr\u00f3n. Nunca lo concret\u00f3. Por eso Hijo de ladr\u00f3n me marc\u00f3, porque lo le\u00ed sola y mi vida cambi\u00f3.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-Tiempo-Irremediable-Caja.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-6374\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-Tiempo-Irremediable-Caja.jpg\" alt=\"Manuel Rojas Tiempo Irremediable Caja\" width=\"540\" height=\"287\" \/><\/a>Este volumen nos ofrece, por fin reunidas, las cuatro novelas que protagoniza Aniceto Hevia, creaci\u00f3n y tambi\u00e9n retrato de Manuel Rojas. La tetralog\u00eda, como hemos llamado por a\u00f1os al conjunto, est\u00e1 formada por Hijo de ladr\u00f3n (1951), Mejor que el vino (1958), Sombras contra el muro (1964) y La oscura vida radiante (1971). Las nombro siguiendo el orden en que fueron escritas y publicadas, aunque el ordenamiento que sigue cronol\u00f3gicamente la vida de Aniceto debe poner Mejor que el vino al final, como se hace en esta edici\u00f3n, porque es la que llega hasta m\u00e1s tarde en su biograf\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando envi\u00f3 el primero de estos textos al concurso que la Sociedad de Escritores de Chile hab\u00eda abierto en 1950, el t\u00edtulo que Rojas hab\u00eda escogido era <em>Tiempo irremediable<\/em>. La novela no gan\u00f3 el premio, pero de todos modos la editorial Nascimento la public\u00f3 al a\u00f1o siguiente. Enrique Espinoza, que en realidad se llamaba Samuel Glusberg y cuya vida merece un estudio aparte, sugiri\u00f3 el t\u00edtulo que lleva hoy, Hijo de ladr\u00f3n. Los sentidos que guardaba el nombre original han quedado sumergidos hasta ahora. De hecho, muchos lectores que conocen bien la obra de Manuel Rojas desde hace a\u00f1os murmuran que, si pudiera editarse la tetralog\u00eda en una sola colecci\u00f3n, esa colecci\u00f3n deber\u00eda llamarse <em>Tiempo irremediable<\/em>\u2026<\/p>\n<p><strong>El montaje<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Dice un lector: Historias complejas. Estratos. Varios niveles que, novedoso para entonces, se manten\u00edan flotando y se conectaban.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Born-Guilty-1955.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-6029 alignright\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Born-Guilty-1955.jpg\" alt=\"Born-Guilty-1955\" width=\"200\" height=\"311\" \/><\/a>El primer hallazgo que hace el lector de <em>Tiempo irremediable<\/em> es que los hechos se le presentan en un orden distinto al cronol\u00f3gico. No es solo que lo descubra cuando se adentra en las novelas, es que el primer p\u00e1rrafo de Hijo de ladr\u00f3n se lo advierte expl\u00edcitamente: &#8220;Es una historia larga y, lo que es peor, confusa. La culpa es m\u00eda: nunca he podido pensar como pudiera hacerlo un metro, l\u00ednea tras l\u00ednea, cent\u00edmetro tras cent\u00edmetro, hasta llegar a ciento o a mil; y mi memoria no es mucho mejor: salta de un hecho a otro y toma a veces los que aparecen primero, volviendo sobre sus pasos solo cuando los otros, m\u00e1s perezosos o m\u00e1s densos, empiezan a surgir a su vez desde el fondo de la vida pasada&#8221;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se ha escrito bastante sobre este gesto audaz de Manuel Rojas, que suele llamarse montaje y que lo conecta con las tendencias contempor\u00e1neas de la novela europea y estadounidense. Suele decirse, por ejemplo, que su uso en Hijo de ladr\u00f3n inaugura el relato de inspiraci\u00f3n vanguardista en Chile, pero es una apreciaci\u00f3n inexacta&#8230; Tambi\u00e9n se suele decir que justo aqu\u00ed, en este desorden, se esconde gran parte de la belleza de sus novelas\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que es claro, sin embargo, es que el montaje transmite algunas ideas relevantes. Dice que la mala memoria de Aniceto Hevia est\u00e1 m\u00e1s cerca de su centro vital, que ese aparente caos le es m\u00e1s propio que cualquier forma razonada de recuerdo. Las cuatro novelas de la tetralog\u00eda, adem\u00e1s, utilizan el procedimiento con un patr\u00f3n parecido: furiosamente movedizas en un inicio, poco a poco van alcanzando una peripecia m\u00e1s o menos reconocible, de modo que al llegar al final el relato es perfectamente coherente\u2026 Es como si el montaje, denso y dif\u00edcil de seguir al comienzo, fuera cediendo a medida que se avanza, o como si diera cuenta de un problema, de un enigma que la novela debe resolver y cuyo desanudamiento o respuesta se encontrara hacia el final\u2026<\/p>\n<p><strong>La ficci\u00f3n autobiogr\u00e1fica<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Dice un lector: Le\u00ed Hijo de ladr\u00f3n en el Liceo, luego me encontr\u00e9 el libro en la calle con veinte p\u00e1ginas menos. Las copi\u00e9 a m\u00e1quina y lo complet\u00e9.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otra estrategia que define la tetralog\u00eda es que se trata de ficciones autobiogr\u00e1ficas, es decir, son relatos que los lectores debemos entender al mismo tiempo como si solo ocurrieran en el papel y como recuentos ver\u00eddicos de la vida de Manuel Rojas. Para que se produzca este efecto es necesario que el autor, sin negar que son novelas, las vincule directamente con su vida. Manuel Rojas lo hizo muy frecuentemente a lo largo de su existencia, en muchas entrevistas y testimonios\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ficci\u00f3n autobiogr\u00e1fica cumple varias funciones en estas novelas. Garantiza, en primer lugar, que todo lo que se nos cuenta viene avalado por la experiencia vivida. El mundo de los ladrones y los polic\u00edas, el mundo del anarquismo, la gente de teatro, en fin, todos los paisajes, pr\u00e1cticas y personas tienen un sello de autenticidad. Garantiza, por otro lado, la integridad art\u00edstica de la obra, porque nada de lo que se nos cuenta est\u00e1 aqu\u00ed por obligaci\u00f3n referencial o hist\u00f3rica. La novela sigue siendo un producto de la imaginaci\u00f3n que recuerda\u2026<\/p>\n<p><strong>Los protagonistas<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Dice un lector: Mi mam\u00e1, fuente de todas mis lecturas importantes: Punta de rieles, Hijo de ladr\u00f3n, Lanchas en la bah\u00eda. Le\u00eddos a los diez a\u00f1os, rele\u00eddos siempre. Ten\u00eda que atravesar Santiago todos los d\u00edas para ir al colegio en la \u00e9poca en que en el centro todav\u00eda vend\u00edan leche. En el Portal Fern\u00e1ndez Concha un vaso de leche me juntaba la literatura con la realidad. Mi madre lleg\u00f3 a tercera de preparatoria y despu\u00e9s se tuvo que ir a Santiago a trabajar de empleada, siendo ni\u00f1ita. Le\u00eda lo que pillaba por ah\u00ed.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/manuelrojassombrascontraelmuro58.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-5292 alignright\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/manuelrojassombrascontraelmuro58.jpg\" alt=\"Sombras Contra el Muro\" width=\"200\" height=\"299\" \/><\/a>Como sea que la historia se cuente, en <em>Tiempo irremediable<\/em> lo m\u00e1s importante siguen siendo las personas, y conviene reparar brevemente en el modo que utiliza Manuel Rojas para representarlas. Buen lector de la narrativa nacional \u2014en 1965 publica una Historia breve de la literatura chilena\u2014, sabe muy bien que la pintura de los chilenos tiene un alto inter\u00e9s pol\u00edtico, y por lo mismo propone un procedimiento art\u00edstico de gran precisi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A un mismo sujeto, un hombre joven y sin herencia, por ejemplo, alguien que debe trabajar con sus manos para comer, le caben varias etiquetas seg\u00fan qui\u00e9n lo describa, cada una con sus propias connotaciones: roto, hombrecito, proletario, compa\u00f1ero, trabajador. De una manera tan h\u00e1bil que uno solo se da cuenta m\u00e1s tarde, cuando ya las ley\u00f3, las novelas de Aniceto Hevia evitan todas estas categor\u00edas. \u00bfSon Aniceto y sus amigos unos rotos como lo es, por ejemplo, el Esmeraldo de la novela de Joaqu\u00edn Edwards Bello? De ninguna manera: son j\u00f3venes intelectuales, pobres de solemnidad, abstemios varios de ellos, orgullosamente letrados, pero no rotos. \u00bfSe parecen a los proletarios de Nicomedes Guzm\u00e1n, esos hombres y mujeres cuyas alegr\u00edas y miserias han sido labradas por el trabajo asalariado, por el sindicato y la lucha contra una empresa o contra el capital? Para nada: trabajan, s\u00ed, pero a su aire y por su cuenta, de un lado a otro del pa\u00eds, sin establecerse o detenerse nunca\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es una t\u00e9cnica sutil que tiene importantes consecuencias pol\u00edticas. La afirmaci\u00f3n de una identidad s\u00f3lida y cerrada, como lo hace la cultura proletaria, permite la identificaci\u00f3n, la reuni\u00f3n y la articulaci\u00f3n de muchos en torno a la lucha por los derechos y la justicia: es la apuesta de un Nicomedes Guzm\u00e1n, por ejemplo. La representaci\u00f3n de las identidades marginales en la forma de sujetos m\u00f3viles y \u00fanicos, sujetos que no se dejan definir f\u00e1cilmente \u2014es lo que propone esta tetralog\u00eda\u2014 gana en libertad y en humanidad lo que pierde en influencia pol\u00edtica directa\u2026<\/p>\n<p><strong>La formaci\u00f3n de Aniceto Hevia<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Dice un lector: En cuarto medio un compa\u00f1ero me regal\u00f3 Hijo de ladr\u00f3n jugando al amigo secreto. \u201cEsta hue\u00e1 te va a gustar a vos, comunacho\u201d. Ese verano lo le\u00ed y me vol\u00f3 la cabeza. Y fue puro azar que nos top\u00e1ramos: lo hab\u00edan echado de otro colegio por ser un desastre como estudiante.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pocos lectores han intentado pensar <em>Tiempo irremediable<\/em> como un conjunto. Se ha hecho dif\u00edcil hacerlo, en primer lugar, porque hasta hace muy poco no cont\u00e1bamos con una edici\u00f3n unitaria que dispusiera las cuatro novelas, como podemos leerlas ahora. Y mucho colabor\u00f3 a esta demora el largo silencio de la dictadura, a\u00f1os en que era dif\u00edcil publicar textos que dialogaban estrechamente con sus contextos pol\u00edticos, como Sombras contra el muro y La oscura vida radiante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/manuelrojaslaoscuravidaradiante35.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-5297 alignright\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/manuelrojaslaoscuravidaradiante35.jpg\" alt=\"La Oscura Vida Radiante\" width=\"200\" height=\"299\" \/><\/a>Gr\u00ednor Rojo es autor de una de esas pocas lecturas panor\u00e1micas, y tiene la ventaja adicional de ser muy reciente. Propone que leamos la tetralog\u00eda como una novela de formaci\u00f3n (la palabra alemana para este g\u00e9nero es &#8220;Bildungsroman&#8221;), es decir, fij\u00e1ndonos en el crecimiento de Aniceto desde su precoz adolescencia hasta su madurez. En las novelas de formaci\u00f3n cl\u00e1sicas la madurez se define por la integraci\u00f3n del joven o la muchacha a una sociedad que los acoge, y eso significa que el joven o la muchacha deben aceptar y hacer suyos los valores de esa sociedad. En el caso de <em>Tiempo irremediable<\/em>, en cambio, Aniceto no acepta ni valida los valores del Chile de las d\u00e9cadas del diez y del veinte, y m\u00e1s bien se rebela ante ellos. Es una &#8220;contra Bildungsroman&#8221;, un relato que aboga no por la sociedad tal como es sino por una comunidad libre que, en palabras de Rojo, &#8220;se moviliza por carriles cuya localizaci\u00f3n se encuentra en los extramuros del sistema, que es distinta y opuesta a cualquiera de las que este preconiza y ense\u00f1a&#8221;\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cada una de las novelas encarna de un modo distinto su rechazo al sistema y su propuesta ut\u00f3pica. Cada novela, podr\u00edamos decir tambi\u00e9n, hace sus propias preguntas y llega a sus propias respuestas\u2026<\/p>\n<p><strong>El tiempo irremediable<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Dice un lector: Ayer preguntabas por lo que record\u00e1bamos de la lectura de Hijo de ladr\u00f3n, de Manuel Rojas: los granos de az\u00facar brillando sobre el pan con mantequilla.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Llamar a la tetralog\u00eda de Aniceto Hevia <em>Tiempo irremediable<\/em> no es simplemente un homenaje al t\u00edtulo que debi\u00f3 tener la primera de sus novelas. Tiene que ver con el sentido m\u00e1s profundo de un proyecto literario rico y complejo, uno de los proyectos literarios fundamentales del siglo XX chileno. Quiz\u00e1 unas pocas sumas y restas permitan verlo con claridad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/manuelrojasmejorqueelvino42.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-5270 alignright\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/manuelrojasmejorqueelvino42.jpg\" alt=\"Mejor que el Vino\" width=\"200\" height=\"299\" \/><\/a>Manuel Rojas dedica m\u00e1s de veinte a\u00f1os de su vida a relatar la historia de Aniceto Hevia, desde 1951 a 1971, eso sin contar los doce que, seg\u00fan se\u00f1ala \u00e9l mismo, demor\u00f3 en escribir Hijo de ladr\u00f3n. Esos a\u00f1os dejan cuatro novelas que en una edici\u00f3n est\u00e1ndar suman m\u00e1s de dos mil p\u00e1ginas. Todo ese tiempo, todas esas palabras se utilizan para contar un per\u00edodo muy breve de la vida de Aniceto, o de Manuel. B\u00e1sicamente los ocho a\u00f1os que van desde su llegada a Santiago, en 1912, al inicio de Hijo de ladr\u00f3n, hasta el a\u00f1o 1920, cuando acaba La oscura vida radiante. Entre sus diecis\u00e9is y veinticuatro a\u00f1os. Mejor que el vino alarga este per\u00edodo hasta la d\u00e9cada de los cuarenta, y nos presenta ya a un Aniceto adulto y con hijos, incluso un Aniceto que ha enviudado\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es como si Rojas hubiera dedicado la primera parte de su vida a la experimentaci\u00f3n muda, a la experiencia sin literatura, y como si la segunda parte de su vida, la m\u00e1s larga y solitaria, estuviera destinada a la rememoraci\u00f3n o bien a la comprensi\u00f3n de la primera. Se abre una especie de tajo, una hendidura entre la breve vida del muchacho, dispuesta a los encuentros fortuitos y al azar, una vida en la que no cabe la escritura, y la vida larga, cerrada y muda del escritor. \u00bfC\u00f3mo entender esa separaci\u00f3n?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En una conferencia del a\u00f1o 2010 Jaime Concha dec\u00eda que la &#8220;llamarada anarquista&#8221;, los a\u00f1os que van entre 1912 y 1920, fueron para Rojas el momento de la esperanza y la expresi\u00f3n de la utop\u00eda. El Aniceto viejo y memorioso y el Manuel que escribe la tetralog\u00eda percibir\u00edan la entera historia de Chile entre los per\u00edodos de Alessandri y Allende como la mortificaci\u00f3n de la utop\u00eda, como la confirmaci\u00f3n de que su reinado no es posible en este mundo. Rojas habr\u00eda buscado recuperar un tiempo irremediablemente perdido, entonces, el tiempo de su esperanza\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es una lectura enorme y estremecedora. Mi propia esperanza, con todo, es que no sea enteramente correcta. En la obra de Manuel Rojas hay todav\u00eda mucho combustible de futuro, y esta reciente resurrecci\u00f3n solo puede corroborar que, junto al desenga\u00f1o y la incertidumbre, su vida y sus libros tienen fe en lo que los hombres y las mujeres pueden llegar a construir.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Ignacio \u00c1lvarez &#8211; Santiago de Chile, agosto de 2015.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>&gt; <a title=\"Manuel Rojas - Tiempo Irremediable\" href=\"http:\/\/www.zigzag.cl\/home\/index.php\/nacional\/item\/448-tiempo-irremediable\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Manuel Rojas: &#8220;Tiempo irremediable&#8221;. Editorial Zig-Zag, Santiago de Chile, 2015.<\/a><\/strong><\/p>\n<div class=\"box-content\"><iframe loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/player.vimeo.com\/video\/146706602\" width=\"640\" height=\"360\" frameborder=\"0\" allowfullscreen=\"allowfullscreen\"><\/iframe><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<h3 style=\"text-align: center;\">Cuentos<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los cuentos de Manuel Rojas asistimos a la gesti\u00f3n de su proyecto literario y al primer despliegue de su madurez. De los 32 relatos que public\u00f3 durante su vida, en efecto, 28 aparecieron entre sus 26 y 35 a\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El libro que lleva simplemente por t\u00edtulo <a title=\"Manuel Rojas: Cuentos\" href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/?page_id=5055\/&amp;lang=es\">Cuentos<\/a> re\u00fane el conjunto de estos relatos, solo tres \u2014aparecidos en los a\u00f1os 20 en diferentes diarios del pa\u00eds\u2014 no fueron incluidos aqu\u00ed por el autor. <em>Cuentos<\/em> fue publicado por primera vez en Buenos Aires en 1970, por la editorial Sudamericana, tres a\u00f1os antes de la muerte del autor. En esa oportunidad Manuel Rojas revis\u00f3 los textos en profundidad, los corrigi\u00f3 extensamente y escribi\u00f3 el pr\u00f3logo que, en parte, se presenta a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<h4>Hablo de mis cuentos<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nac\u00ed en Buenos Aires, Argentina, en la calle Combate de los Pozos, hijo de Manuel Rojas C\u00f3rdoba, santiaguino, y de Dorotea Sep\u00falveda Gonz\u00e1lez, talquina. El 29 de abril de 1912, despu\u00e9s de atravesar a pie la cordillera de los Andes, llegu\u00e9 por segunda vez a Santiago. El primer viaje lo hice cuando ten\u00eda cuatro a\u00f1os; en el segundo ya ten\u00eda diecis\u00e9is. Durante el verano de ese a\u00f1o trabaj\u00e9 en Las Cuevas y al bajar a Mendoza dej\u00e9 all\u00ed algunas ropas; tuve que volver a buscarlas. La compa\u00f1\u00eda del Ferrocarril Transandino, para el cual iba a trabajar durante el invierno que se ven\u00eda, en la estaci\u00f3n Las Le\u00f1as, me neg\u00f3 el pasaje; no pude presentar nada que certificara mi identidad y mi nuevo contrato de trabajo; no estaba yo en condiciones de pagarme el viaje, pues hab\u00eda gastado el dinero en comprar ropas para invernar, y la alternativa fue volver a pie o perder un colch\u00f3n y dos frazadas, una fortuna para un obrero ferroviario, sobre todo en la cordillera. Decidido a caminar, pens\u00e9 que deb\u00eda aprovechar el esfuerzo y continuar hasta Chile. Si iba a caminar ciento setenta y cinco kil\u00f3metros, \u00bfpor qu\u00e9 no caminar setenta y cinco m\u00e1s y llegar hasta Los Andes? Necesitaba ganarme la vida y a un obrero le da lo mismo gan\u00e1rsela en Argentina o en Chile. Por lo dem\u00e1s, este pa\u00eds me atra\u00eda mucho. Mi madre me hab\u00eda contado muchas historias sobre su tierra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-Cuentos-Portada.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-6372\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-Cuentos-Portada.jpg\" alt=\"Manuel Rojas Cuentos Portada\" width=\"390\" height=\"553\" \/><\/a>Me un\u00ed a dos anarquistas chilenos que volv\u00edan a su patria y un poco a pie y otro poco escondidos en un tren de carga subimos hasta Las Cuevas. Recog\u00ed mis dos frazadas, dej\u00e9 el colch\u00f3n a un amigo chileno, recog\u00ed tambi\u00e9n al chileno Laguna, que manifest\u00f3 deseos de irse conmigo, y seguimos. (El amigo chileno lleg\u00f3 en su oportunidad a Santiago, con el colch\u00f3n prestado).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Mendoza hab\u00eda conocido a varios anarquistas chilenos que llegaron a la Argentina huyendo del proceso conocido como el Proceso de la Sociedad de Oficios Varios, una entidad obrera anarcosindicalista; entre ellos estaban Teodoro Brown y V\u00edctor Garrido, peluqueros, muertos ya los dos. Tambi\u00e9n han muerto los que se fueron conmigo y los otros que conoc\u00ed en Mendoza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al llegar a Chile sab\u00eda enmasillar y pintar y conoc\u00eda algo del oficio de electricista, pues, en 1910, hab\u00eda trabajado en Mendoza en la iluminaci\u00f3n que se hizo en la ciudad con motivo del Centenario de la Independencia. En Santiago viv\u00ed, durante un tiempo, en la peluquer\u00eda que Teodoro Brown y V\u00edctor Garrido, que en Mendoza disfrutaron de la hospitalidad que les ofreci\u00f3 mi madre, manten\u00edan en un barrio obrero de la ciudad\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante varios meses vagu\u00e9 de un conventillo a otro, leyendo, trabajando a veces y hablando sin cesar de anarquismo, de literatura, de ladrones, de mujeres, de arte. Algunos de los j\u00f3venes anarquistas de los que me hab\u00eda hecho compa\u00f1ero decidieron convertirse en pistoleros al estilo de Bonnot y de Garnier \u2014anarquistas franceses que por esa \u00e9poca se dedicaron a asaltar bancos para ayudar a la propaganda de sus ideas\u2014 y sin querer, peor a\u00fan, temi\u00e9ndolo, me vi metido en vastos proyectos de robos de autom\u00f3viles \u2014ninguno de ellos sab\u00eda manejar ni siquiera uno de los tranv\u00edas de aquel tiempo\u2014 y de atracos a cualquier parte en donde hubiese dinero en cantidades apreciables\u2026 La llegada de mi madre a Santiago (hab\u00eda quedado en Mendoza) enderez\u00f3 un poco mi existencia; por lo menos, tuve un domicilio estable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1913, a ra\u00edz de una reyerta en que quedaron tres hombres heridos, tuve que huir a Valpara\u00edso, en donde trabaj\u00e9 como guardi\u00e1n nocturno en la bah\u00eda y en seguida como lanchero. De vuelta a Santiago y tras una temporada de trabajo en un balneario de la costa de Santiago, me encontr\u00e9 con el hombre que me inst\u00f3 a que, sin p\u00e9rdida de tiempo, me dedicara a escribir\u2026 G\u00f3mez Rojas ten\u00eda la man\u00eda o la virtud de aconsejar a sus amigos que se dedicaran a trabajos de orden art\u00edstico, tuvieran o no tuvieran disposiciones para ello o deseos de hacerlo\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estimulado por \u00e9l empec\u00e9 a escribir poes\u00edas y produje las peores que se hayan escrito en el hemisferio sur. Estaba de moda el modernismo, con sus princesas, sus bohemios, sus cielos color violeta y sus tardes grises, y yo, que no ten\u00eda cultura literaria y que carec\u00eda de esp\u00edritu cr\u00edtico, segu\u00ed la moda y habl\u00e9 de las princesas con un desparpajo no igualado hasta este momento&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entretanto, hab\u00eda entrado en relaciones con gente de teatro y el teatro termin\u00f3 por arrastrarme: era un modo de ganarse la vida y de vagar. Me desempe\u00f1\u00e9 como apuntador y gracias a ello pude comer durante unos a\u00f1os y conocer todo el sur de Chile y casi todo el norte. Con una compa\u00f1\u00eda, finalmente, la de Arturo Mario &#8211; Mar\u00eda Pad\u00edn, sal\u00ed de Chile en direcci\u00f3n a la Argentina. Era en 1922. La compa\u00f1\u00eda termin\u00f3 su gira en 1923, en Buenos Aires. All\u00ed me qued\u00e9, en mi ciudad nativa, con una mujer nueva, la primera de ellas, y sin trabajo\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era yo linotipista, adem\u00e1s, y me puse a buscar trabajo. Mientras lo buscaba, el diario &#8220;La Monta\u00f1a&#8221; abri\u00f3 un concurso de cuentos con premios de trescientos, cien y cincuenta nacionales. En ese a\u00f1o el sueldo de un empleado modesto, de un profesor primario, por ejemplo, era de ciento veinte nacionales, y para m\u00ed, que no ten\u00eda ning\u00fan sueldo, aun el premio de cincuenta era atrayente. Decid\u00ed presentarme a ese concurso; pero \u00bfqu\u00e9 escribir? Record\u00e9 lo que hab\u00eda vivido: de alguna parte de esa experiencia deber\u00eda salir el cuento. Escrib\u00ed <em>Laguna<\/em>, un amigo lo copi\u00f3 a m\u00e1quina y env\u00ede el cuento al concurso. Poco tiempo despu\u00e9s, todav\u00eda cesante, vi en un puesto de diarios un ejemplar de &#8220;La Monta\u00f1a&#8221; en que se anunciaban los resultados del concurso. Necesitaba comprar ese diario, pero costaba diez centavos, y diez centavos era todo el capital de que dispon\u00eda. Si lo compraba, deber\u00eda irme a pie hasta el lugar en que viv\u00eda, distante como una legua; pero, para m\u00ed, que hab\u00eda andado, al atravesar la cordillera, cincuenta y dos kil\u00f3metros en un d\u00eda, una legua no significaba nada. Compr\u00e9 el diario y me enter\u00e9 de que hab\u00eda obtenido el segundo premio: cien nacionales. La legua me pareci\u00f3 una cuadra y media.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Meses despu\u00e9s, ya trabajando como linotipista en el diario &#8220;La Patria degli Italiani&#8221;, la revista &#8220;Caras y Caretas&#8221; abri\u00f3 otro concurso. Escrib\u00ed <em>El hombre de los ojos azules<\/em>, lo mand\u00e9 y me dieron tambi\u00e9n el segundo premio, quinientos pesos y una medalla de oro\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Escrib\u00ed en seguida <em>El cachorro<\/em> y <em>Un esp\u00edritu inquieto<\/em>\u2026 y, ya de regreso a Chile, <em>El bonete maulino<\/em>, cuento que junto con los ya citados form\u00f3 mi primer volumen.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Segu\u00ed escribiendo poes\u00edas y cuentos hasta bastantes a\u00f1os despu\u00e9s, hasta el momento en que la novela me atrajo de una vez y para siempre. Escrib\u00ed alrededor de treinta cuentos y los escrib\u00ed en el espacio de tiempo que media entre 1923 y 1934, once a\u00f1os. Mis tres libros de cuentos contienen veintitr\u00e9s en total\u2026 Dos o tres se perdieron, de seguro por irremediables.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-El-Hombre-de-los-Ojos-Azules-640x1024.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-5401 alignright\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-El-Hombre-de-los-Ojos-Azules-640x1024.jpg\" alt=\"Manuel-Rojas-El-Hombre-de-los-Ojos-Azules-640x1024\" width=\"200\" height=\"320\" \/><\/a>Algunos de los cuentos merecen un comentario biogr\u00e1fico. Empezar\u00e9 por los del primer libro (<a title=\"Cuentos - Hombres del Sur\" href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/?page_id=5018\/http:\/\/&amp;lang=es\">Hombres del sur<\/a>). <em>Laguna<\/em>, el personaje de este relato era exactamente como est\u00e1 descrito en \u00e9l y los hechos en que intervino fueron tal cual. Laguna \u2014tal era su apellido\u2014, sin embargo, no muri\u00f3\u2026 Llegamos juntos a Santiago, desembarcamos del tren en la estaci\u00f3n y nos encaminamos hacia el centro de la ciudad. Laguna no tra\u00eda equipaje alguno y yo tra\u00eda la maleta de que hablo en Hijo de Ladr\u00f3n. Al despedirnos me pidi\u00f3, por favor, que le prestara una de las dos frazadas que tra\u00eda: yo iba hacia una determinada casa y apenas si necesitar\u00eda alguna; \u00e9l iba hacia Las Puertas de Las Condes, punto situado ya casi al empezar la precordillera, e ignoraba si encontrar\u00eda alojamiento en alguna parte. Me la devolver\u00eda apenas pudiera. Encantado de hacerle un favor, ya le hab\u00eda hecho tantos que lo ten\u00eda casi por h\u00e1bito, le prest\u00e9 la frazada y no vi nunca m\u00e1s a Laguna ni a la frazada. No fue ese, por supuesto, el motivo de que decidiera, en el cuento, hacerlo desaparecer; lo hice desaparecer por exigencia de la composici\u00f3n literaria, m\u00e1s sagrada, para un escritor, que toda una f\u00e1brica de frazadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Un esp\u00edritu inquieto<\/em> corresponde, o responde, a algunas reflexiones sugeridas por la lectura de los &#8220;Di\u00e1logos&#8221; de Plat\u00f3n, sobre todo por el que trata de la inmortalidad del alma. Hay en dicho cuento, sin embargo, una an\u00e9cdota vivida: la que se relaciona con la sesi\u00f3n de espiritismo. Viv\u00eda en Buenos Aires, all\u00e1 por el 24, Alejandro Flores, actor chileno, gal\u00e1n joven hasta su muerte, y viv\u00eda en compa\u00f1\u00eda de Carmen Moreno, mujer bonita y sin grandes pretensiones intelectuales; y esta mujer, instigada por el actor, que hab\u00eda perdido poco tiempo atr\u00e1s a una hermana suya a quien llamaban Fetiche, dedicaba algunos momentos al espiritismo\u2026 Una tarde, Alejandro y su mujer nos invitaron a tomar t\u00e9. Fuimos, y a continuaci\u00f3n del t\u00e9 nos ofrecieron el espect\u00e1culo descrito en el cuento\u2026 Poco tiempo despu\u00e9s se me ocurri\u00f3 escribir un cuento que contuviese todas o casi todas las reflexiones de car\u00e1cter metaf\u00edsico que me suscit\u00f3 la lectura del Di\u00e1logo aludido, y como al escribir algo acuden a la mente, por simpat\u00eda, todos los elementos que directa o indirectamente tienen afinidad con lo que se escribe, ideas, hechos, sensaciones, reflejos, conscientes o subconscientes, result\u00f3 que la sesi\u00f3n de espiritismo y sus personajes principales, estos un poco caricaturizados, se metieron all\u00ed\u2026 un d\u00eda que Carmen Moreno viajaba de Mendoza a Buenos Aires por ferrocarril, le ofrecieron, para entretenerse, una revista, &#8220;Caras y Caretas&#8221;. Empez\u00f3 a hojearla y encontr\u00f3 un cuento: <em>Un esp\u00edritu inquieto<\/em>. Al terminar de leer la escena de la sesi\u00f3n espiritista, dej\u00f3 de leer y pens\u00f3 un poco: ella hab\u00eda visto algo parecido o tomado parte en algo semejante. Volvi\u00f3 hacia atr\u00e1s y busc\u00f3 el nombre del autor: Manuel Rojas. S\u00ed, aquella mujer era ella. Me ray\u00f3 de la lista de sus amistades y afectos. No nos vimos nunca m\u00e1s, ni por casualidad, a pesar de que vivimos a\u00f1os de a\u00f1os en la misma ciudad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>El cachorro<\/em> est\u00e1 basado en una historia que se me cont\u00f3 mientras trabajaba en el campamento ferroviario que se describe en <em>Laguna<\/em>. Un d\u00eda vi pasar, en direcci\u00f3n a Las Cuevas, a un hombre joven que llevaba un cayado y que caminaba al lado de las v\u00edas del Transandino. Iba adecuadamente vestido, lo que no suced\u00eda con nosotros, cuya vestimenta era de una inadecuaci\u00f3n extrema, y marchaba con el aire de la persona que camina para cumplir una funci\u00f3n. \u00bfQui\u00e9n es?, pregunt\u00e9. Es un recorredor de la l\u00ednea, me dijeron, explic\u00e1ndome en seguida qu\u00e9 significaba eso. Agregaron tambi\u00e9n la historia de su padre. Era todo. Cuando escrib\u00ed el cuento, agregu\u00e9 por mi parte al sargento y su muerte a manos de Vicente Mart\u00ednez. (\u201c\u00a1Qu\u00e9 sanguinario eres, pap\u00e1!\u201d, me dijo una vez una hija m\u00eda a quien explicaba las exigencias de la composici\u00f3n).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>El bonete maulino<\/em> no es m\u00e1s que lo que se cuenta all\u00ed y es una historia contada por mi madre, como tambi\u00e9n se dice all\u00ed. Agregu\u00e9 el breve pr\u00f3logo y el relato sali\u00f3 de una vez, como si lo contara ella. Seg\u00fan dec\u00eda ella, todo es cierto, excepto detalles que agregu\u00e9. Bret Harte y otros criollistas son los responsables de <em>El hombre de los ojos azules<\/em>, una pura invenci\u00f3n\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/manuelrojaseldelincuente941.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-5585 alignright\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/manuelrojaseldelincuente941.jpg\" alt=\"manuelrojaseldelincuente94\" width=\"200\" height=\"299\" \/><\/a><a title=\"Cuentos - El Delincuente\" href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/?page_id=5025\/&amp;lang=es\">El delincuente<\/a>, de igual t\u00edtulo que el libro y el primero que aparece en \u00e9l, es una historia contada por el anarquista peluquero, V\u00edctor Garrido, de quien ya he hablado. El asunto est\u00e1 tal cual fue recibido, excepto, claro est\u00e1, lo que yo hube de poner. Del cuento que sigue hay varias cosas que decir. Hace algunos a\u00f1os, en un curso de Literatura Chilena del Instituto Pedag\u00f3gico de la Universidad de Chile, el profesor y los estudiantes dedicaron unas sesiones al estudio de <em>El vaso de leche<\/em>\u2026 Quisieron fijar el lugar de la acci\u00f3n y desecharon en seguida cualquier parte de Chile: por el a\u00f1o en que se escribi\u00f3 el cuento, 1927, no hab\u00eda en Chile ning\u00fan negocio semejante al que se describe ah\u00ed; creyeron que pod\u00eda ser Buenos Aires y se equivocaron y creyeron que el personaje era el mismo autor y se equivocaron tambi\u00e9n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La verdad es otra: siendo muy joven conoc\u00ed en Chile a un hombre, tambi\u00e9n joven, aunque no tanto como yo, a quien sus compa\u00f1eros llamaban El Negro Nieves\u2026 El Negro Nieves conoci\u00f3, entre los anarquistas de Santiago, a algunos j\u00f3venes que se dec\u00edan partidarios de la acci\u00f3n directa, locuci\u00f3n que significa varias y peligrosas cosas, la menos inocente de las cuales es la que se refiere, en el campo anarquista, al hecho de conseguir dinero por cualquier modo, especialmente por medio de asaltos a bancos y otras instituciones que lo tienen o lo manejan. Se supone que ese dinero, aquel dinero, ir\u00eda a dar a los fondos de los sindicatos anarcosindicalistas. Algunos anarquistas han hecho eso y por eso son recordados con gratitud por sus compa\u00f1eros, pero otros no lo hicieron, aunque quer\u00edan hacerlo, y entre ellos est\u00e1n los compa\u00f1eros de Nieves y Nieves mismo, quien, seguro ya de su destino, abandon\u00f3 su profesi\u00f3n y se uni\u00f3 a ellos. Pas\u00f3 m\u00e1s hambre que un perro guacho, y al fin, casi ex\u00e1nime, renunci\u00f3 a los millones que habr\u00edan podido pasar por sus manos\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de esos a\u00f1os, un d\u00eda que viajaba y le\u00eda un diario o un libro en un tren que hab\u00eda partido desde Constituci\u00f3n hacia el sur \u2014yo tambi\u00e9n viv\u00eda entonces en la Argentina\u2014, not\u00e9, de un modo casi subconsciente, que alguien me estaba observando. Iba sentado de espaldas a la direcci\u00f3n de la marcha del tren y el observador estaba frente a m\u00ed, aunque algunos bancos m\u00e1s atr\u00e1s. Levant\u00e9 la cabeza y mir\u00e9: era El Negro Nieves. No hice ninguna manifestaci\u00f3n y continu\u00e9 leyendo mi diario o mi libro, aunque de modo que pod\u00eda observar sus movimientos. Sigui\u00f3 mir\u00e1ndome y se levant\u00f3 de su asiento, camin\u00f3 unos pasos y vino a sentarse frente a m\u00ed. No le hice caso, pero unos segundos despu\u00e9s me habl\u00f3:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Perdone, se\u00f1or \u2014me dijo\u2014, \u00bfusted ha vivido en Chile alguna vez?<br \/>\n\u2014\u00bfEn Chile? \u2014pregunt\u00e9 a mi vez. Lo siento, no, no he vivido en ese pa\u00eds.<br \/>\nLo sent\u00ed desconcertado y le habl\u00e9.<br \/>\n\u2014\u00bfPor qu\u00e9 me lo pregunta? \u2014inquir\u00ed.<br \/>\n\u2014Porque&#8230; usted me recuerda a una persona que conoc\u00ed en Chile hace a\u00f1os.<br \/>\n\u2014\u00bfC\u00f3mo se llamaba esa persona? \u2014volv\u00ed a preguntar, provoc\u00e1ndolo.<br \/>\nDijo mi nombre y ya no pude disimular m\u00e1s: me levant\u00e9 y le di un gran abrazo, dici\u00e9ndole: S\u00ed, Negro, soy yo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Result\u00f3 que viv\u00edamos en el mismo pueblo, Lan\u00fas, aunque yo viv\u00eda m\u00e1s hacia el oeste, casi frente a la estaci\u00f3n y pueblo que por ese tiempo se llamaban Talleres\u2026 Nos visitamos y nos contamos aventuras que hab\u00edamos vivido. Entre las suyas estaba la que sirvi\u00f3 para <em>El vaso de leche<\/em>: le hab\u00eda ocurrido en Montevideo\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ese relato ha contribuido, m\u00e1s que ning\u00fan otro de los m\u00edos, a la difusi\u00f3n de mi nombre. Ha sido le\u00eddo por millares de estudiantes chilenos y norteamericanos, en mis libros y en las antolog\u00edas que los profesores de espa\u00f1ol que trabajan en USA confeccionan para ganar m\u00e9ritos; lo han estudiado otros tantos millares de estudiantes\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1957 visit\u00e9 Tulane University, en Nueva Orle\u00e1ns. El jefe del Departamento de Espa\u00f1ol, cuyo nombre no recuerdo, me recibi\u00f3. Pregunt\u00f3:<br \/>\n\u2014\u00bfC\u00f3mo se llama usted?<br \/>\n\u2014Manuel Rojas.<br \/>\n\u2014\u00bfUsted es el escritor Manuel Rojas?<br \/>\n\u2014S\u00ed\u00a0 \u2014repuse.<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 tiene que ver con Manuel Rojas Sep\u00falveda, cuya visita ha anunciado el Departamento de Estado?<br \/>\n\u2014Resulta que soy el mismo.<br \/>\n\u2014Lo anunciaron con los dos apellidos y no sab\u00eda qui\u00e9n era. \u00a1Pero, hombre, yo aprend\u00ed espa\u00f1ol leyendo sus cuentos, en especial <em>El vaso de leche<\/em>\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Un mendigo<\/em> se debe a algo contado por un anarquista argentino que lleg\u00f3 a Chile, se enferm\u00f3, tuvo que permanecer mucho tiempo en el hospital y al salir y buscar a un compa\u00f1ero fue confundido con un mendigo, tan acabado estaba el hombre. <em>El trampol\u00edn<\/em> es un asunto que sucedi\u00f3 y me fue contado por un m\u00e9dico, uno de los dos que figuran ah\u00ed. <em>El coloc\u00f3lo<\/em> sali\u00f3 de una superstici\u00f3n que existe en Chile. (&#8220;El coloc\u00f3lo es un ratoncillo muy bravo, anida cerca de las habitaciones, y la persona a quien le bebe la saliva comienza desde ese momento a enflaquecer y a desfigurarse, y concluye por morir si no se logra matar a tiempo al animalejo&#8221;\u2026). Le agregu\u00e9 algunos detalles tomados de conversaciones con mi madre sobre esa superstici\u00f3n. <em>La aventura de Mr. Jaiva<\/em> es una historia real y me fue contada por el mismo protagonista, un c\u00f3mico chileno. <em>Pedro, el Pequenero<\/em> (el pequen es una empanadita chilena, con mucha cebolla y jugo, pasi\u00f3n de algunos chilenos; si est\u00e1n borrachos, deliran por ella) es nada m\u00e1s que una pura invenci\u00f3n m\u00eda, aunque tal vez tenga alguna influencia que no podr\u00eda precisar. <em>Un ladr\u00f3n y su mujer<\/em> es un relato basado en datos proporcionados por alg\u00fan amigo. <em>La compa\u00f1era de viaje<\/em>, \u00faltimo cuento de este volumen, est\u00e1 basado en una experiencia personal de mi amigo Adolfo Crenovich, ya desaparecido. Cuando sus hijos leyeron el cuento dijeron que su padre mostraba ah\u00ed facetas desconocidas por ellos, pero que no pod\u00edan ser sino de \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/manuelrojastravesia1973161.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-5591 alignright\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/manuelrojastravesia1973161.jpg\" alt=\"manuelrojastravesia197316\" width=\"200\" height=\"300\" \/><\/a>Los cuentos de\u2026 <a title=\"Cuentos - Traves\u00eda\" href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/?page_id=5107\/&amp;lang=es\">Traves\u00eda<\/a>, son nueve. El primero de ellos, <em>Bandidos en los caminos<\/em>, es una historia contada por mi madre. Le agregu\u00e9 lo indispensable. <em>El hombre de la rosa<\/em> es un asunto tomado del folklore chileno. Buscando temas, hall\u00e9 en un libro del folklorista don Ram\u00f3n A. Laval, &#8220;Cuentos populares chilenos&#8221;, la ra\u00edz de ese cuento. Eran unas pocas l\u00edneas y las transform\u00e9 en ciento y en mil, procurando respetar y aun aumentar el tono m\u00e1gico que pose\u00edan\u2026 <em>La suerte de Cucho Vial<\/em> est\u00e1 basado en una partida de p\u00f3ker jugada en la ciudad de Osorno por algunos desalmados, que apostaron como prenda a una mujer. Ten\u00eda tono de realidad, el hombre que me lo cont\u00f3 parec\u00eda serio y lo tom\u00e9. <em>Canto y baile<\/em> es, absolutamente, una creaci\u00f3n literaria, aunque dos de sus personajes, El Maldito Atilio y El Chico Tob\u00edas, maleante el primero, punga el segundo, eran personas de mi conocimiento. <em>El le\u00f3n y el hombre<\/em> est\u00e1 tambi\u00e9n tomado del folklore chileno y en el mismo libro de Laval\u2026 <em>El fantasma del patio<\/em> es la versi\u00f3n estricta de una an\u00e9cdota contada por miembros de la familia de la que fue madre de mis hijos, Mar\u00eda Baeza. Algunos de esos personajes viven a\u00fan; los dem\u00e1s, la mayor\u00eda, han muerto, incluida la Mar\u00eda Luisa del cuento, que a\u00f1os despu\u00e9s se cas\u00f3 conmigo. El asunto ocurri\u00f3 en la ciudad de Los Andes. Lo mismo o casi lo mismo sucede con <em>Historia de hospital<\/em>, contada por mi entra\u00f1able y recordado amigo el m\u00e9dico Juan Gandulfo, muerto hace tiempo en un choque de autom\u00f3viles. El organizador de la broma fue otro m\u00e9dico, el doctor Hugo Vicu\u00f1a, famoso por las que emprend\u00eda: en cierta ocasi\u00f3n arm\u00f3 una despedida de soltero a un colega que contra\u00eda el dulce v\u00ednculo, lo emborrach\u00f3 y cuando lo tuvo borracho, con ayuda de otros perdularios, le enyes\u00f3 las dos piernas, como si hubiera tenido un accidente. \u00a1Es de imaginar la cara que tendr\u00eda el novio al despertar!&#8230; <em>Poco sueldo<\/em> es un asunto que ocurri\u00f3, palabras m\u00e1s o palabras menos, en un gran diario de la capital de Chile. Por fin, <em>El rancho en la monta\u00f1a<\/em> es una creaci\u00f3n basada en el conocimiento de una pareja que vivi\u00f3 hace a\u00f1os en el caj\u00f3n del r\u00edo Maipo, cerca de Santiago.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los dem\u00e1s cuentos, cuatro en total, fueron escritos bastantes a\u00f1os despu\u00e9s que los que acabo de examinar. Ley\u00e9ndolos, se advierte el cambio ocurrido en mi prosa, un cambio que yo llamar\u00eda natural, no buscado, no impuesto. Quiz\u00e1 me hab\u00eda desarrollado otro poco, lo que era natural y, naturalmente, escrib\u00eda de otro modo. <em>Una carabina y una cotorra<\/em>, que empieza reci\u00e9n a llamar la atenci\u00f3n, es una historia casi toda vivida por m\u00ed: Pedro Lira era chileno, amigo de mi madre, y la mujer que figura ah\u00ed como mi madre no es otra que ella misma. Es un cuento autobiogr\u00e1fico, en cierto modo\u2026 <em>Pancho Rojas<\/em> es tambi\u00e9n una historia vivida, ahora en mi casa; todav\u00eda me duele. <em>Mares libres<\/em> no es m\u00e1s que un ap\u00f3logo de la libertad y de la propiedad com\u00fan: todo para todos, nada es de nadie. Cuando lo ley\u00f3 el escritor chileno Mariano Latorre, aficionado a los cuentos sobre p\u00e1jaros, me dijo: &#8220;Est\u00e1 bien. Se conoce que usted conoce los p\u00e1jaros chilenos, pero no los conoce de propia observaci\u00f3n. Adem\u00e1s, no debi\u00f3 haber puesto todos los p\u00e1jaros de una sola vez. Hay que ponerlos de a uno, para que el material dure m\u00e1s. Con su cuento, poni\u00e9ndolos todos, usted ha jodido el asunto por una punta de a\u00f1os&#8221;. <em>Zapatos subdesarrollados<\/em> es un asunto que me cont\u00f3 una amiga m\u00eda, recuerdos de sus tiempos de visitadora social. <em>Oro en el sur<\/em>, el \u00faltimo de estos cuentos, est\u00e1 basado en un relato que me hiciera Julio Ortiz de Z\u00e1rate, pintor y escultor chileno. Era un episodio de su juventud. Su padre, en efecto, era compositor de valses y otras piezas populares. Su hermano Manuel, pintor, vivi\u00f3 en Francia despu\u00e9s y all\u00ed muri\u00f3. Julio muri\u00f3 en Chile.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mis primeros libros de cuentos encontraron una buena acogida \u2014nunca podr\u00e9 agradecer bastante esa acogida\u2014 y tuve una sola objeci\u00f3n, la que sigue: este escritor es literariamente vigoroso, construye bien sus cuentos y sus temas son interesantes; su prosa, sin embargo, carece de estilo. Esta objeci\u00f3n me mortific\u00f3 durante mucho tiempo, pens\u00e9 mucho en ella y a veces consult\u00e9 a los amigos: \u00bftengo yo estilo? Me aseguraron que lo ten\u00eda hasta prestar, pero pregunt\u00e9 qu\u00e9 era, espec\u00edficamente, el estilo, y no hall\u00e9 una explicaci\u00f3n clara.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al escribir mis cuentos, y mis primeras novelas, y a\u00fan ahora, nunca pretend\u00ed dar a mi prosa algo que pudiera llamarse estilo, en primer lugar porque no sab\u00eda qu\u00e9 era estilo y en segundo porque tal cosa no me preocupaba. Procur\u00e9 usar un lenguaje de acuerdo con la condici\u00f3n del personaje, con el tema y el ambiente, no solo desde el punto de vista narrativo o reflexivo, sino tambi\u00e9n desde un punto de vista emocional, un lenguaje que lograra transmitir lo que me dominaba al escribir. Evit\u00e9 siempre el uso de palabras grandilocuentes o altisonantes, arcaicas o retorcidas, exquisitas o ex\u00f3ticas, falsamente filos\u00f3ficas o pretendidamente originales\u2026 \u00bfConstitu\u00eda el no uso de esas palabras mi falta de estilo o mi falta de estilo resid\u00eda en que no usaba en forma regular ciertos giros o formas especiales? \u00bfEra necesario, para tener estilo, usar met\u00e1foras? No lo supe y no me preocupaba saberlo. Yo quer\u00eda contar algo y el deseo de contarlo era superior a una preocupaci\u00f3n de lograr un lenguaje de esta \u00edndole o de esta otra. Lo \u00fanico que deseaba era contarlo de manera viva, con un lenguaje directo, f\u00e1cilmente comprensible. Nunca me propuse deslumbrar a nadie: lo que quer\u00eda, quiz\u00e1 inconscientemente, porque tampoco me lo propon\u00eda, era emocionar\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto no significa que tenga la pretensi\u00f3n de haber escrito esos cuentos con el lenguaje que sus temas requer\u00edan; de ning\u00fan modo; tampoco quiero afirmar que tuviese estilo. Mi lenguaje tiene, en muchos de ellos, sobrada deficiencia; muchas frases est\u00e1n como en el aire y no hay un buen equilibrio en la estructura de muchos p\u00e1rrafos. Al leerlos ahora, sobre todo mis primeros cuentos, tengo la sensaci\u00f3n que debe sentir el hombre que, en plena marcha, se le desatan los cordones de los zapatos, y no puedo decir de ellos lo que Flaubert dec\u00eda de Madame Bovary: &#8220;No s\u00e9 lo que ser\u00e1 de esta novela; pero tengo la seguridad de que no tendr\u00e1 una sola frase floja&#8221;\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un \u00faltimo agregado: cuando tuve listo mi primer libro, aunque debiera decir mis dos primeros libros, pens\u00e9, antes que nada, en publicarlos en Buenos Aires. Era en 1926 y en ese a\u00f1o la \u00fanica editorial visible, por lo menos para m\u00ed, era la Editorial Babel, dirigida por Samuel Glusberg, hoy y ayer Enrique Espinoza. No lo conoc\u00eda sino de nombre y le escrib\u00ed, ofreci\u00e9ndole las obras. Me contest\u00f3 diciendo que con mucho gusto publicar\u00eda esos libros. Una segunda carta m\u00eda preguntaba por las condiciones. La segunda de \u00e9l aseguraba que la editorial no pod\u00eda dar anticipos ni hacer liquidaciones: trabajaban a p\u00e9rdida y solo pod\u00edan ofrecerme doscientos ejemplares. Yo ver\u00eda qu\u00e9 hacer con ellos. \u00bfQu\u00e9 hacer con tanto libro?, me pregunt\u00e9. Era linotipista de un diario de Santiago y no podr\u00eda salir a vender libros, m\u00e1s aun: no ten\u00eda d\u00f3nde guardarlos. Recurr\u00ed a Eduardo Barrios, el desaparecido autor de &#8220;El hermano asno&#8221;, y me llev\u00f3 a conversar con Carlos George Nascimento, editor que me contrat\u00f3 los dos libros, d\u00e1ndome por ellos mil pesos: <a title=\"Cuentos - Hombres del Sur\" href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/?page_id=5018\/http:\/\/&amp;lang=es\">Hombres del sur<\/a>, cuentos, y <a title=\"Poes\u00eda - Tonada del Transe\u00fante\" href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/?page_id=4871\/&amp;lang=es\">Tonada del transe\u00fante<\/a>, versos. Aparecieron los dos en las postrimer\u00edas de aquel a\u00f1o, hace hoy cuarenta y tres de ellos. Y ah\u00ed vamos.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Manuel Rojas &#8211; Santiago de Chile, 21 de marzo de 1969.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>&gt;<a title=\"Manuel Rojas: Cuentos\" href=\"http:\/\/ediciones.uahurtado.cl\/ediciones\/manuel-rojas-cuentos\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Manuel Rojas: &#8220;Cuentos&#8221;. Ediciones Universidad Alberto Hurtado, Santiago de Chile, 2016.<\/a><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>&gt;<a title=\"Manuel Rojas: Hablo de mis cuentos\" href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-Hablo-de-mis-cuentos.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Pr\u00f3logo de Manuel Rojas: &#8220;Hablo de mis cuentos&#8221;. Ediciones Universidad Alberto Hurtado, Santiago de Chile, 2016.<\/a><\/strong><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"content clearfix\">\n<address style=\"text-align: justify;\">Fundaci\u00f3n Manuel Rojas. Santiago de Chile, 21 de mayo de 2016<\/address>\n<hr \/>\n<div class=\"content clearfix\">\n<address>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>The greatest works of Manuel Rojas were finally published in Chile. <em>&#8220;Tiempo Irremediable&#8221;<\/em> (Zig-Zag, 2015) brings together the four key novels and <em>&#8220;Cuentos&#8221;<\/em> (Ediciones Universidad Alberto Hurtado, 2016) assemble most of his stories. Here we present to the reader an excerpt from the prologues of both books. The first is of Ignacio Alvarez and entitled &#8220;Un pu\u00f1ado de pistas para entrar en Tiempo Irremediable&#8221;, and the second &#8211; &#8220;Hablo de mis cuentos&#8221; &#8211; is of Manuel Rojas himself; in it the author describes the origin of his stories and how they allowed him to develop as a writer.<\/strong><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<\/address>\n<h3 style=\"text-align: center;\">Tiempo Irremediable<\/h3>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>\u201cNo podemos cambiar nada de aquel tiempo ni de aquella vida;<br \/>\nser\u00e1n, para siempre, un tiempo y una vida irremediables<br \/>\ny lo son y lo ser\u00e1n para todos\u2026<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 se puede hacer contra un tiempo sin remedio?<br \/>\nLlegar\u00e1 un d\u00eda, sin embargo, en que este momento,<br \/>\neste momento en que navegamos por el r\u00edo del tiempo,<br \/>\nnos parecer\u00e1 uno de los mejores de nuestra vida\u2026\u201d<\/em><br \/>\n<strong>Manuel Rojas<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Tiempo Irremediable<\/strong> re\u00fane por primera vez las cuatro novelas fundamentales de Manuel Rojas protagonizadas por su alter ego literario \u201cAniceto Hevia\u201d. Esta tetralog\u00eda, cuya escritura ocup\u00f3 casi por completo la madurez de Manuel Rojas, es uno de los logros mayores de la literatura chilena y sin duda el de m\u00e1s profundo alcance. El relato sigue la formaci\u00f3n de Aniceto y narra su vida, desde la ni\u00f1ez de hijo de ladr\u00f3n hasta su madurez cuajada por la presencia de las mujeres que am\u00f3 y que le amaron. Lo acompa\u00f1an en este caminar \u2013desde Buenos Aires, Rosario, Mendoza y hasta Chile\u2013 un sinn\u00famero inclasificable de personajes: indigentes como El Fil\u00f3sofo Echeverr\u00eda y Cristi\u00e1n Ardiles que viven de recoger gramos de metal en la playa; semi-indigentes como El Chambeco que mendiga institucionalmente para la &#8220;Olla del Pobre&#8221;; vagabundos como el hombre de las tortugas; miembros del hampa como Alberto; obreros manuales como Francisco Cabrera; un loco, un ladr\u00f3n ideol\u00f3gico y anarquistas como Miguel Briones. Sujetos que viven fuera de cualquier institucionalidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En <strong>Tiempo Irremediable<\/strong>\u00a0Manuel Rojas traduce la vanguardia literaria a formas comprensibles para el ciudadano de a pie. Al mismo tiempo interviene en debates centrales del siglo XX, debates marcados por la esperanza y el desgarro que a\u00fan son contempor\u00e1neos.<\/p>\n<h4>Un pu\u00f1ado de pistas para entrar a Tiempo Irremediable<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Dice una lectora: Estudi\u00e9 en un liceo municipal y de provincia. Durante toda mi ense\u00f1anza media tuve que leer dos libros y dos cuentos. Cuando estaba en cuarto, influenciada por mi hermana que comenzaba a estudiar Licenciatura en lengua y literatura, le ped\u00ed a mi profesor de lenguaje que nos diera a leer algo. Me dijo que iba a ver, que tal vez leer\u00edamos Hijo de Ladr\u00f3n. Nunca lo concret\u00f3. Por eso Hijo de Ladr\u00f3n me marc\u00f3, porque lo le\u00ed sola y mi vida cambi\u00f3.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-Tiempo-Irremediable-Caja.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-6374\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-Tiempo-Irremediable-Caja.jpg\" alt=\"Manuel Rojas Tiempo Irremediable Caja\" width=\"540\" height=\"287\" \/><\/a>Este volumen nos ofrece, por fin reunidas, las cuatro novelas que protagoniza Aniceto Hevia, creaci\u00f3n y tambi\u00e9n retrato de Manuel Rojas. La tetralog\u00eda, como hemos llamado por a\u00f1os al conjunto, est\u00e1 formada por Hijo de Ladr\u00f3n (1951), Mejor que el Vino (1958), Sombras Contra el Muro (1964) y La Oscura Vida Radiante (1971). Las nombro siguiendo el orden en que fueron escritas y publicadas, aunque el ordenamiento que sigue cronol\u00f3gicamente la vida de Aniceto debe poner Mejor que el Vino al final, como se hace en esta edici\u00f3n, porque es la que llega hasta m\u00e1s tarde en su biograf\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando envi\u00f3 el primero de estos textos al concurso que la Sociedad de Escritores de Chile hab\u00eda abierto en 1950, el t\u00edtulo que Rojas hab\u00eda escogido era <em>Tiempo Irremediable<\/em>. La novela no gan\u00f3 el premio, pero de todos modos la editorial Nascimento la public\u00f3 al a\u00f1o siguiente. Enrique Espinoza, que en realidad se llamaba Samuel Glusberg y cuya vida merece un estudio aparte, sugiri\u00f3 el t\u00edtulo que lleva hoy, Hijo de Ladr\u00f3n. Los sentidos que guardaba el nombre original han quedado sumergidos hasta ahora. De hecho, muchos lectores que conocen bien la obra de Manuel Rojas desde hace a\u00f1os murmuran que, si pudiera editarse la tetralog\u00eda en una sola colecci\u00f3n, esa colecci\u00f3n deber\u00eda llamarse <em>Tiempo Irremediable<\/em>\u2026<\/p>\n<p><strong>El montaje<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Dice un lector: Historias complejas. Estratos. Varios niveles que, novedoso para entonces, se manten\u00edan flotando y se conectaban.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Born-Guilty-1955.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"  wp-image-6029 alignright\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Born-Guilty-1955.jpg\" alt=\"Born-Guilty-1955\" width=\"200\" height=\"311\" \/><\/a>El primer hallazgo que hace el lector de <em>Tiempo irremediable<\/em> es que los hechos se le presentan en un orden distinto al cronol\u00f3gico. No es solo que lo descubra cuando se adentra en las novelas, es que el primer p\u00e1rrafo de Hijo de Ladr\u00f3n se lo advierte expl\u00edcitamente: &#8220;Es una historia larga y, lo que es peor, confusa. La culpa es m\u00eda: nunca he podido pensar como pudiera hacerlo un metro, l\u00ednea tras l\u00ednea, cent\u00edmetro tras cent\u00edmetro, hasta llegar a ciento o a mil; y mi memoria no es mucho mejor: salta de un hecho a otro y toma a veces los que aparecen primero, volviendo sobre sus pasos solo cuando los otros, m\u00e1s perezosos o m\u00e1s densos, empiezan a surgir a su vez desde el fondo de la vida pasada&#8221;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se ha escrito bastante sobre este gesto audaz de Manuel Rojas, que suele llamarse montaje y que lo conecta con las tendencias contempor\u00e1neas de la novela europea y estadounidense. Suele decirse, por ejemplo, que su uso en Hijo de Ladr\u00f3n inaugura el relato de inspiraci\u00f3n vanguardista en Chile, pero es una apreciaci\u00f3n inexacta&#8230; Tambi\u00e9n se suele decir que justo aqu\u00ed, en este desorden, se esconde gran parte de la belleza de sus novelas\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que es claro, sin embargo, es que el montaje transmite algunas ideas relevantes. Dice que la mala memoria de Aniceto Hevia est\u00e1 m\u00e1s cerca de su centro vital, que ese aparente caos le es m\u00e1s propio que cualquier forma razonada de recuerdo. Las cuatro novelas de la tetralog\u00eda, adem\u00e1s, utilizan el procedimiento con un patr\u00f3n parecido: furiosamente movedizas en un inicio, poco a poco van alcanzando una peripecia m\u00e1s o menos reconocible, de modo que al llegar al final el relato es perfectamente coherente\u2026 Es como si el montaje, denso y dif\u00edcil de seguir al comienzo, fuera cediendo a medida que se avanza, o como si diera cuenta de un problema, de un enigma que la novela debe resolver y cuyo desanudamiento o respuesta se encontrara hacia el final\u2026<\/p>\n<p><strong>La ficci\u00f3n autobiogr\u00e1fica<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Dice un lector: Le\u00ed Hijo de Ladr\u00f3n en el Liceo, luego me encontr\u00e9 el libro en la calle con veinte p\u00e1ginas menos. Las copi\u00e9 a m\u00e1quina y lo complet\u00e9.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otra estrategia que define la tetralog\u00eda es que se trata de ficciones autobiogr\u00e1ficas, es decir, son relatos que los lectores debemos entender al mismo tiempo como si solo ocurrieran en el papel y como recuentos ver\u00eddicos de la vida de Manuel Rojas. Para que se produzca este efecto es necesario que el autor, sin negar que son novelas, las vincule directamente con su vida. Manuel Rojas lo hizo muy frecuentemente a lo largo de su existencia, en muchas entrevistas y testimonios\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ficci\u00f3n autobiogr\u00e1fica cumple varias funciones en estas novelas. Garantiza, en primer lugar, que todo lo que se nos cuenta viene avalado por la experiencia vivida. El mundo de los ladrones y los polic\u00edas, el mundo del anarquismo, la gente de teatro, en fin, todos los paisajes, pr\u00e1cticas y personas tienen un sello de autenticidad. Garantiza, por otro lado, la integridad art\u00edstica de la obra, porque nada de lo que se nos cuenta est\u00e1 aqu\u00ed por obligaci\u00f3n referencial o hist\u00f3rica. La novela sigue siendo un producto de la imaginaci\u00f3n que recuerda\u2026<\/p>\n<p><strong>Los protagonistas<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Dice un lector: Mi mam\u00e1, fuente de todas mis lecturas importantes: Punta de Rieles, Hijo de Ladr\u00f3n, Lanchas en la Bah\u00eda. Le\u00eddos a los diez a\u00f1os, rele\u00eddos siempre. Ten\u00eda que atravesar Santiago todos los d\u00edas para ir al colegio en la \u00e9poca en que en el centro todav\u00eda vend\u00edan leche. En el Portal Fern\u00e1ndez Concha un vaso de leche me juntaba la literatura con la realidad. Mi madre lleg\u00f3 a tercera de preparatoria y despu\u00e9s se tuvo que ir a Santiago a trabajar de empleada, siendo ni\u00f1ita. Le\u00eda lo que pillaba por ah\u00ed.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/manuelrojassombrascontraelmuro58.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"  wp-image-5292 alignright\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/manuelrojassombrascontraelmuro58.jpg\" alt=\"Sombras Contra el Muro\" width=\"200\" height=\"299\" \/><\/a>Como sea que la historia se cuente, en <em>Tiempo Irremediable<\/em> lo m\u00e1s importante siguen siendo las personas, y conviene reparar brevemente en el modo que utiliza Manuel Rojas para representarlas. Buen lector de la narrativa nacional \u2014en 1965 publica una Historia Breve de la Literatura Chilena\u2014, sabe muy bien que la pintura de los chilenos tiene un alto inter\u00e9s pol\u00edtico, y por lo mismo propone un procedimiento art\u00edstico de gran precisi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A un mismo sujeto, un hombre joven y sin herencia, por ejemplo, alguien que debe trabajar con sus manos para comer, le caben varias etiquetas seg\u00fan qui\u00e9n lo describa, cada una con sus propias connotaciones: roto, hombrecito, proletario, compa\u00f1ero, trabajador. De una manera tan h\u00e1bil que uno solo se da cuenta m\u00e1s tarde, cuando ya las ley\u00f3, las novelas de Aniceto Hevia evitan todas estas categor\u00edas. \u00bfSon Aniceto y sus amigos unos rotos como lo es, por ejemplo, el Esmeraldo de la novela de Joaqu\u00edn Edwards Bello? De ninguna manera: son j\u00f3venes intelectuales, pobres de solemnidad, abstemios varios de ellos, orgullosamente letrados, pero no rotos. \u00bfSe parecen a los proletarios de Nicomedes Guzm\u00e1n, esos hombres y mujeres cuyas alegr\u00edas y miserias han sido labradas por el trabajo asalariado, por el sindicato y la lucha contra una empresa o contra el capital? Para nada: trabajan, s\u00ed, pero a su aire y por su cuenta, de un lado a otro del pa\u00eds, sin establecerse o detenerse nunca\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es una t\u00e9cnica sutil que tiene importantes consecuencias pol\u00edticas. La afirmaci\u00f3n de una identidad s\u00f3lida y cerrada, como lo hace la cultura proletaria, permite la identificaci\u00f3n, la reuni\u00f3n y la articulaci\u00f3n de muchos en torno a la lucha por los derechos y la justicia: es la apuesta de un Nicomedes Guzm\u00e1n, por ejemplo. La representaci\u00f3n de las identidades marginales en la forma de sujetos m\u00f3viles y \u00fanicos, sujetos que no se dejan definir f\u00e1cilmente \u2014es lo que propone esta tetralog\u00eda\u2014 gana en libertad y en humanidad lo que pierde en influencia pol\u00edtica directa\u2026<\/p>\n<p><strong>La formaci\u00f3n de Aniceto Hevia<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Dice un lector: En cuarto medio un compa\u00f1ero me regal\u00f3 Hijo de Ladr\u00f3n jugando al amigo secreto. \u201cEsta hue\u00e1 te va a gustar a vos, comunacho\u201d. Ese verano lo le\u00ed y me vol\u00f3 la cabeza. Y fue puro azar que nos top\u00e1ramos: lo hab\u00edan echado de otro colegio por ser un desastre como estudiante.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pocos lectores han intentado pensar <em>Tiempo Irremediable<\/em> como un conjunto. Se ha hecho dif\u00edcil hacerlo, en primer lugar, porque hasta hace muy poco no cont\u00e1bamos con una edici\u00f3n unitaria que dispusiera las cuatro novelas, como podemos leerlas ahora. Y mucho colabor\u00f3 a esta demora el largo silencio de la dictadura, a\u00f1os en que era dif\u00edcil publicar textos que dialogaban estrechamente con sus contextos pol\u00edticos, como Sombras Contra el Muro y La Oscura Vida Radiante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/manuelrojaslaoscuravidaradiante35.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"  wp-image-5297 alignright\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/manuelrojaslaoscuravidaradiante35.jpg\" alt=\"La Oscura Vida Radiante\" width=\"200\" height=\"299\" \/><\/a>Gr\u00ednor Rojo es autor de una de esas pocas lecturas panor\u00e1micas, y tiene la ventaja adicional de ser muy reciente. Propone que leamos la tetralog\u00eda como una novela de formaci\u00f3n (la palabra alemana para este g\u00e9nero es &#8220;Bildungsroman&#8221;), es decir, fij\u00e1ndonos en el crecimiento de Aniceto desde su precoz adolescencia hasta su madurez. En las novelas de formaci\u00f3n cl\u00e1sicas la madurez se define por la integraci\u00f3n del joven o la muchacha a una sociedad que los acoge, y eso significa que el joven o la muchacha deben aceptar y hacer suyos los valores de esa sociedad. En el caso de <em>Tiempo Irremediable<\/em>, en cambio, Aniceto no acepta ni valida los valores del Chile de las d\u00e9cadas del diez y del veinte, y m\u00e1s bien se rebela ante ellos. Es una &#8220;contra Bildungsroman&#8221;, un relato que aboga no por la sociedad tal como es sino por una comunidad libre que, en palabras de Rojo, &#8220;se moviliza por carriles cuya localizaci\u00f3n se encuentra en los extramuros del sistema, que es distinta y opuesta a cualquiera de las que este preconiza y ense\u00f1a&#8221;\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cada una de las novelas encarna de un modo distinto su rechazo al sistema y su propuesta ut\u00f3pica. Cada novela, podr\u00edamos decir tambi\u00e9n, hace sus propias preguntas y llega a sus propias respuestas\u2026<\/p>\n<p><strong>El tiempo irremediable<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Dice un lector: Ayer preguntabas por lo que record\u00e1bamos de la lectura de Hijo de Ladr\u00f3n, de Manuel Rojas: los granos de az\u00facar brillando sobre el pan con mantequilla.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Llamar a la tetralog\u00eda de Aniceto Hevia <em>Tiempo Irremediable<\/em> no es simplemente un homenaje al t\u00edtulo que debi\u00f3 tener la primera de sus novelas. Tiene que ver con el sentido m\u00e1s profundo de un proyecto literario rico y complejo, uno de los proyectos literarios fundamentales del siglo XX chileno. Quiz\u00e1 unas pocas sumas y restas permitan verlo con claridad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/manuelrojasmejorqueelvino42.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"  wp-image-5270 alignright\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/manuelrojasmejorqueelvino42.jpg\" alt=\"Mejor que el Vino\" width=\"200\" height=\"299\" \/><\/a>Manuel Rojas dedica m\u00e1s de veinte a\u00f1os de su vida a relatar la historia de Aniceto Hevia, desde 1951 a 1971, eso sin contar los doce que, seg\u00fan se\u00f1ala \u00e9l mismo, demor\u00f3 en escribir Hijo de Ladr\u00f3n. Esos a\u00f1os dejan cuatro novelas que en una edici\u00f3n est\u00e1ndar suman m\u00e1s de dos mil p\u00e1ginas. Todo ese tiempo, todas esas palabras se utilizan para contar un per\u00edodo muy breve de la vida de Aniceto, o de Manuel. B\u00e1sicamente los ocho a\u00f1os que van desde su llegada a Santiago, en 1912, al inicio de Hijo de Ladr\u00f3n, hasta el a\u00f1o 1920, cuando acaba La Oscura Vida Radiante. Entre sus diecis\u00e9is y veinticuatro a\u00f1os. Mejor que el Vino alarga este per\u00edodo hasta la d\u00e9cada de los cuarenta, y nos presenta ya a un Aniceto adulto y con hijos, incluso un Aniceto que ha enviudado\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es como si Rojas hubiera dedicado la primera parte de su vida a la experimentaci\u00f3n muda, a la experiencia sin literatura, y como si la segunda parte de su vida, la m\u00e1s larga y solitaria, estuviera destinada a la rememoraci\u00f3n o bien a la comprensi\u00f3n de la primera. Se abre una especie de tajo, una hendidura entre la breve vida del muchacho, dispuesta a los encuentros fortuitos y al azar, una vida en la que no cabe la escritura, y la vida larga, cerrada y muda del escritor. \u00bfC\u00f3mo entender esa separaci\u00f3n?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En una conferencia del a\u00f1o 2010 Jaime Concha dec\u00eda que la &#8220;llamarada anarquista&#8221;, los a\u00f1os que van entre 1912 y 1920, fueron para Rojas el momento de la esperanza y la expresi\u00f3n de la utop\u00eda. El Aniceto viejo y memorioso y el Manuel que escribe la tetralog\u00eda percibir\u00edan la entera historia de Chile entre los per\u00edodos de Alessandri y Allende como la mortificaci\u00f3n de la utop\u00eda, como la confirmaci\u00f3n de que su reinado no es posible en este mundo. Rojas habr\u00eda buscado recuperar un tiempo irremediablemente perdido, entonces, el tiempo de su esperanza\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es una lectura enorme y estremecedora. Mi propia esperanza, con todo, es que no sea enteramente correcta. En la obra de Manuel Rojas hay todav\u00eda mucho combustible de futuro, y esta reciente resurrecci\u00f3n solo puede corroborar que, junto al desenga\u00f1o y la incertidumbre, su vida y sus libros tienen fe en lo que los hombres y las mujeres pueden llegar a construir.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Ignacio \u00c1lvarez &#8211; Santiago de Chile, agosto de 2015.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>&gt; <a title=\"Manuel Rojas - Tiempo Irremediable\" href=\"http:\/\/www.zigzag.cl\/home\/index.php\/nacional\/item\/448-tiempo-irremediable\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Manuel Rojas: &#8220;Tiempo Irremediable&#8221;. Editorial Zig-Zag, Santiago de Chile, 2015.<\/a><\/strong><\/p>\n<div class=\"box-content\"><iframe loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/player.vimeo.com\/video\/146706602\" width=\"640\" height=\"360\" frameborder=\"0\" allowfullscreen=\"allowfullscreen\"><\/iframe><\/div>\n<p>[shareaholic app=&#8221;share_buttons&#8221; id=&#8221;5732944&#8243;]<\/p>\n<hr \/>\n<h3 style=\"text-align: center;\">Cuentos<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los cuentos de Manuel Rojas asistimos a la gesti\u00f3n de su proyecto literario y al primer despliegue de su madurez. De los 32 relatos que public\u00f3 durante su vida, en efecto, 28 aparecieron entre sus 26 y 35 a\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El libro que lleva simplemente por t\u00edtulo <a title=\"Manuel Rojas: Cuentos\" href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/?page_id=5055\/&amp;lang=es\">Cuentos<\/a> re\u00fane el conjunto de estos relatos, solo tres \u2014aparecidos en los a\u00f1os 20 en diferentes diarios del pa\u00eds\u2014 no fueron incluidos aqu\u00ed por el autor. <em>Cuentos<\/em> fue publicado por primera vez en Buenos Aires en 1970, por la editorial Sudamericana, tres a\u00f1os antes de la muerte del autor. En esa oportunidad Manuel Rojas revis\u00f3 los textos en profundidad, los corrigi\u00f3 extensamente y escribi\u00f3 el pr\u00f3logo que, en parte, se presenta a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<h4>Hablo de mis cuentos<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nac\u00ed en Buenos Aires, Argentina, en la calle Combate de los Pozos, hijo de Manuel Rojas C\u00f3rdoba, santiaguino, y de Dorotea Sep\u00falveda Gonz\u00e1lez, talquina. El 29 de abril de 1912, despu\u00e9s de atravesar a pie la cordillera de los Andes, llegu\u00e9 por segunda vez a Santiago. El primer viaje lo hice cuando ten\u00eda cuatro a\u00f1os; en el segundo ya ten\u00eda diecis\u00e9is. Durante el verano de ese a\u00f1o trabaj\u00e9 en Las Cuevas y al bajar a Mendoza dej\u00e9 all\u00ed algunas ropas; tuve que volver a buscarlas. La compa\u00f1\u00eda del Ferrocarril Transandino, para el cual iba a trabajar durante el invierno que se ven\u00eda, en la estaci\u00f3n Las Le\u00f1as, me neg\u00f3 el pasaje; no pude presentar nada que certificara mi identidad y mi nuevo contrato de trabajo; no estaba yo en condiciones de pagarme el viaje, pues hab\u00eda gastado el dinero en comprar ropas para invernar, y la alternativa fue volver a pie o perder un colch\u00f3n y dos frazadas, una fortuna para un obrero ferroviario, sobre todo en la cordillera. Decidido a caminar, pens\u00e9 que deb\u00eda aprovechar el esfuerzo y continuar hasta Chile. Si iba a caminar ciento setenta y cinco kil\u00f3metros, \u00bfpor qu\u00e9 no caminar setenta y cinco m\u00e1s y llegar hasta Los Andes? Necesitaba ganarme la vida y a un obrero le da lo mismo gan\u00e1rsela en Argentina o en Chile. Por lo dem\u00e1s, este pa\u00eds me atra\u00eda mucho. Mi madre me hab\u00eda contado muchas historias sobre su tierra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-Cuentos-Portada.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-6372\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-Cuentos-Portada.jpg\" alt=\"Manuel Rojas Cuentos Portada\" width=\"390\" height=\"553\" \/><\/a>Me un\u00ed a dos anarquistas chilenos que volv\u00edan a su patria y un poco a pie y otro poco escondidos en un tren de carga subimos hasta Las Cuevas. Recog\u00ed mis dos frazadas, dej\u00e9 el colch\u00f3n a un amigo chileno, recog\u00ed tambi\u00e9n al chileno Laguna, que manifest\u00f3 deseos de irse conmigo, y seguimos. (El amigo chileno lleg\u00f3 en su oportunidad a Santiago, con el colch\u00f3n prestado).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Mendoza hab\u00eda conocido a varios anarquistas chilenos que llegaron a la Argentina huyendo del proceso conocido como el Proceso de la Sociedad de Oficios Varios, una entidad obrera anarcosindicalista; entre ellos estaban Teodoro Brown y V\u00edctor Garrido, peluqueros, muertos ya los dos. Tambi\u00e9n han muerto los que se fueron conmigo y los otros que conoc\u00ed en Mendoza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al llegar a Chile sab\u00eda enmasillar y pintar y conoc\u00eda algo del oficio de electricista, pues, en 1910, hab\u00eda trabajado en Mendoza en la iluminaci\u00f3n que se hizo en la ciudad con motivo del Centenario de la Independencia. En Santiago viv\u00ed, durante un tiempo, en la peluquer\u00eda que Teodoro Brown y V\u00edctor Garrido, que en Mendoza disfrutaron de la hospitalidad que les ofreci\u00f3 mi madre, manten\u00edan en un barrio obrero de la ciudad\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante varios meses vagu\u00e9 de un conventillo a otro, leyendo, trabajando a veces y hablando sin cesar de anarquismo, de literatura, de ladrones, de mujeres, de arte. Algunos de los j\u00f3venes anarquistas de los que me hab\u00eda hecho compa\u00f1ero decidieron convertirse en pistoleros al estilo de Bonnot y de Garnier \u2014anarquistas franceses que por esa \u00e9poca se dedicaron a asaltar bancos para ayudar a la propaganda de sus ideas\u2014 y sin querer, peor a\u00fan, temi\u00e9ndolo, me vi metido en vastos proyectos de robos de autom\u00f3viles \u2014ninguno de ellos sab\u00eda manejar ni siquiera uno de los tranv\u00edas de aquel tiempo\u2014 y de atracos a cualquier parte en donde hubiese dinero en cantidades apreciables\u2026 La llegada de mi madre a Santiago (hab\u00eda quedado en Mendoza) enderez\u00f3 un poco mi existencia; por lo menos, tuve un domicilio estable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1913, a ra\u00edz de una reyerta en que quedaron tres hombres heridos, tuve que huir a Valpara\u00edso, en donde trabaj\u00e9 como guardi\u00e1n nocturno en la bah\u00eda y en seguida como lanchero. De vuelta a Santiago y tras una temporada de trabajo en un balneario de la costa de Santiago, me encontr\u00e9 con el hombre que me inst\u00f3 a que, sin p\u00e9rdida de tiempo, me dedicara a escribir\u2026 G\u00f3mez Rojas ten\u00eda la man\u00eda o la virtud de aconsejar a sus amigos que se dedicaran a trabajos de orden art\u00edstico, tuvieran o no tuvieran disposiciones para ello o deseos de hacerlo\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estimulado por \u00e9l empec\u00e9 a escribir poes\u00edas y produje las peores que se hayan escrito en el hemisferio sur. Estaba de moda el modernismo, con sus princesas, sus bohemios, sus cielos color violeta y sus tardes grises, y yo, que no ten\u00eda cultura literaria y que carec\u00eda de esp\u00edritu cr\u00edtico, segu\u00ed la moda y habl\u00e9 de las princesas con un desparpajo no igualado hasta este momento&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entretanto, hab\u00eda entrado en relaciones con gente de teatro y el teatro termin\u00f3 por arrastrarme: era un modo de ganarse la vida y de vagar. Me desempe\u00f1\u00e9 como apuntador y gracias a ello pude comer durante unos a\u00f1os y conocer todo el sur de Chile y casi todo el norte. Con una compa\u00f1\u00eda, finalmente, la de Arturo Mario &#8211; Mar\u00eda Pad\u00edn, sal\u00ed de Chile en direcci\u00f3n a la Argentina. Era en 1922. La compa\u00f1\u00eda termin\u00f3 su gira en 1923, en Buenos Aires. All\u00ed me qued\u00e9, en mi ciudad nativa, con una mujer nueva, la primera de ellas, y sin trabajo\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era yo linotipista, adem\u00e1s, y me puse a buscar trabajo. Mientras lo buscaba, el diario &#8220;La Monta\u00f1a&#8221; abri\u00f3 un concurso de cuentos con premios de trescientos, cien y cincuenta nacionales. En ese a\u00f1o el sueldo de un empleado modesto, de un profesor primario, por ejemplo, era de ciento veinte nacionales, y para m\u00ed, que no ten\u00eda ning\u00fan sueldo, aun el premio de cincuenta era atrayente. Decid\u00ed presentarme a ese concurso; pero \u00bfqu\u00e9 escribir? Record\u00e9 lo que hab\u00eda vivido: de alguna parte de esa experiencia deber\u00eda salir el cuento. Escrib\u00ed <em>Laguna<\/em>, un amigo lo copi\u00f3 a m\u00e1quina y env\u00ede el cuento al concurso. Poco tiempo despu\u00e9s, todav\u00eda cesante, vi en un puesto de diarios un ejemplar de &#8220;La Monta\u00f1a&#8221; en que se anunciaban los resultados del concurso. Necesitaba comprar ese diario, pero costaba diez centavos, y diez centavos era todo el capital de que dispon\u00eda. Si lo compraba, deber\u00eda irme a pie hasta el lugar en que viv\u00eda, distante como una legua; pero, para m\u00ed, que hab\u00eda andado, al atravesar la cordillera, cincuenta y dos kil\u00f3metros en un d\u00eda, una legua no significaba nada. Compr\u00e9 el diario y me enter\u00e9 de que hab\u00eda obtenido el segundo premio: cien nacionales. La legua me pareci\u00f3 una cuadra y media.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Meses despu\u00e9s, ya trabajando como linotipista en el diario &#8220;La Patria degli Italiani&#8221;, la revista &#8220;Caras y Caretas&#8221; abri\u00f3 otro concurso. Escrib\u00ed <em>El hombre de los ojos azules<\/em>, lo mand\u00e9 y me dieron tambi\u00e9n el segundo premio, quinientos pesos y una medalla de oro\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Escrib\u00ed en seguida <em>El cachorro<\/em> y <em>Un esp\u00edritu inquieto<\/em>\u2026 y, ya de regreso a Chile, <em>El bonete maulino<\/em>, cuento que junto con los ya citados form\u00f3 mi primer volumen.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Segu\u00ed escribiendo poes\u00edas y cuentos hasta bastantes a\u00f1os despu\u00e9s, hasta el momento en que la novela me atrajo de una vez y para siempre. Escrib\u00ed alrededor de treinta cuentos y los escrib\u00ed en el espacio de tiempo que media entre 1923 y 1934, once a\u00f1os. Mis tres libros de cuentos contienen veintitr\u00e9s en total\u2026 Dos o tres se perdieron, de seguro por irremediables.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-El-Hombre-de-los-Ojos-Azules-640x1024.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"  wp-image-5401 alignright\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-El-Hombre-de-los-Ojos-Azules-640x1024.jpg\" alt=\"Manuel-Rojas-El-Hombre-de-los-Ojos-Azules-640x1024\" width=\"200\" height=\"320\" \/><\/a>Algunos de los cuentos merecen un comentario biogr\u00e1fico. Empezar\u00e9 por los del primer libro (<a title=\"Cuentos - Hombres del Sur\" href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/?page_id=5018\/http:\/\/&amp;lang=es\">Hombres del Sur<\/a>). <em>Laguna<\/em>, el personaje de este relato era exactamente como est\u00e1 descrito en \u00e9l y los hechos en que intervino fueron tal cual. Laguna \u2014tal era su apellido\u2014, sin embargo, no muri\u00f3\u2026 Llegamos juntos a Santiago, desembarcamos del tren en la estaci\u00f3n y nos encaminamos hacia el centro de la ciudad. Laguna no tra\u00eda equipaje alguno y yo tra\u00eda la maleta de que hablo en Hijo de Ladr\u00f3n. Al despedirnos me pidi\u00f3, por favor, que le prestara una de las dos frazadas que tra\u00eda: yo iba hacia una determinada casa y apenas si necesitar\u00eda alguna; \u00e9l iba hacia Las Puertas de Las Condes, punto situado ya casi al empezar la precordillera, e ignoraba si encontrar\u00eda alojamiento en alguna parte. Me la devolver\u00eda apenas pudiera. Encantado de hacerle un favor, ya le hab\u00eda hecho tantos que lo ten\u00eda casi por h\u00e1bito, le prest\u00e9 la frazada y no vi nunca m\u00e1s a Laguna ni a la frazada. No fue ese, por supuesto, el motivo de que decidiera, en el cuento, hacerlo desaparecer; lo hice desaparecer por exigencia de la composici\u00f3n literaria, m\u00e1s sagrada, para un escritor, que toda una f\u00e1brica de frazadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Un esp\u00edritu inquieto<\/em> corresponde, o responde, a algunas reflexiones sugeridas por la lectura de los &#8220;Di\u00e1logos&#8221; de Plat\u00f3n, sobre todo por el que trata de la inmortalidad del alma. Hay en dicho cuento, sin embargo, una an\u00e9cdota vivida: la que se relaciona con la sesi\u00f3n de espiritismo. Viv\u00eda en Buenos Aires, all\u00e1 por el 24, Alejandro Flores, actor chileno, gal\u00e1n joven hasta su muerte, y viv\u00eda en compa\u00f1\u00eda de Carmen Moreno, mujer bonita y sin grandes pretensiones intelectuales; y esta mujer, instigada por el actor, que hab\u00eda perdido poco tiempo atr\u00e1s a una hermana suya a quien llamaban Fetiche, dedicaba algunos momentos al espiritismo\u2026 Una tarde, Alejandro y su mujer nos invitaron a tomar t\u00e9. Fuimos, y a continuaci\u00f3n del t\u00e9 nos ofrecieron el espect\u00e1culo descrito en el cuento\u2026 Poco tiempo despu\u00e9s se me ocurri\u00f3 escribir un cuento que contuviese todas o casi todas las reflexiones de car\u00e1cter metaf\u00edsico que me suscit\u00f3 la lectura del Di\u00e1logo aludido, y como al escribir algo acuden a la mente, por simpat\u00eda, todos los elementos que directa o indirectamente tienen afinidad con lo que se escribe, ideas, hechos, sensaciones, reflejos, conscientes o subconscientes, result\u00f3 que la sesi\u00f3n de espiritismo y sus personajes principales, estos un poco caricaturizados, se metieron all\u00ed\u2026 un d\u00eda que Carmen Moreno viajaba de Mendoza a Buenos Aires por ferrocarril, le ofrecieron, para entretenerse, una revista, &#8220;Caras y Caretas&#8221;. Empez\u00f3 a hojearla y encontr\u00f3 un cuento: <em>Un esp\u00edritu inquieto<\/em>. Al terminar de leer la escena de la sesi\u00f3n espiritista, dej\u00f3 de leer y pens\u00f3 un poco: ella hab\u00eda visto algo parecido o tomado parte en algo semejante. Volvi\u00f3 hacia atr\u00e1s y busc\u00f3 el nombre del autor: Manuel Rojas. S\u00ed, aquella mujer era ella. Me ray\u00f3 de la lista de sus amistades y afectos. No nos vimos nunca m\u00e1s, ni por casualidad, a pesar de que vivimos a\u00f1os de a\u00f1os en la misma ciudad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>El cachorro<\/em> est\u00e1 basado en una historia que se me cont\u00f3 mientras trabajaba en el campamento ferroviario que se describe en <em>Laguna<\/em>. Un d\u00eda vi pasar, en direcci\u00f3n a Las Cuevas, a un hombre joven que llevaba un cayado y que caminaba al lado de las v\u00edas del Transandino. Iba adecuadamente vestido, lo que no suced\u00eda con nosotros, cuya vestimenta era de una inadecuaci\u00f3n extrema, y marchaba con el aire de la persona que camina para cumplir una funci\u00f3n. \u00bfQui\u00e9n es?, pregunt\u00e9. Es un recorredor de la l\u00ednea, me dijeron, explic\u00e1ndome en seguida qu\u00e9 significaba eso. Agregaron tambi\u00e9n la historia de su padre. Era todo. Cuando escrib\u00ed el cuento, agregu\u00e9 por mi parte al sargento y su muerte a manos de Vicente Mart\u00ednez. (\u201c\u00a1Qu\u00e9 sanguinario eres, pap\u00e1!\u201d, me dijo una vez una hija m\u00eda a quien explicaba las exigencias de la composici\u00f3n).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>El bonete maulino<\/em> no es m\u00e1s que lo que se cuenta all\u00ed y es una historia contada por mi madre, como tambi\u00e9n se dice all\u00ed. Agregu\u00e9 el breve pr\u00f3logo y el relato sali\u00f3 de una vez, como si lo contara ella. Seg\u00fan dec\u00eda ella, todo es cierto, excepto detalles que agregu\u00e9. Bret Harte y otros criollistas son los responsables de <em>El hombre de los ojos azules<\/em>, una pura invenci\u00f3n\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/manuelrojaseldelincuente941.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"  wp-image-5585 alignright\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/manuelrojaseldelincuente941.jpg\" alt=\"manuelrojaseldelincuente94\" width=\"200\" height=\"299\" \/><\/a><a title=\"Cuentos - El Delincuente\" href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/?page_id=5025\/&amp;lang=es\">El delincuente<\/a>, de igual t\u00edtulo que el libro y el primero que aparece en \u00e9l, es una historia contada por el anarquista peluquero, V\u00edctor Garrido, de quien ya he hablado. El asunto est\u00e1 tal cual fue recibido, excepto, claro est\u00e1, lo que yo hube de poner. Del cuento que sigue hay varias cosas que decir. Hace algunos a\u00f1os, en un curso de Literatura Chilena del Instituto Pedag\u00f3gico de la Universidad de Chile, el profesor y los estudiantes dedicaron unas sesiones al estudio de <em>El vaso de leche<\/em>\u2026 Quisieron fijar el lugar de la acci\u00f3n y desecharon en seguida cualquier parte de Chile: por el a\u00f1o en que se escribi\u00f3 el cuento, 1927, no hab\u00eda en Chile ning\u00fan negocio semejante al que se describe ah\u00ed; creyeron que pod\u00eda ser Buenos Aires y se equivocaron y creyeron que el personaje era el mismo autor y se equivocaron tambi\u00e9n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La verdad es otra: siendo muy joven conoc\u00ed en Chile a un hombre, tambi\u00e9n joven, aunque no tanto como yo, a quien sus compa\u00f1eros llamaban El Negro Nieves\u2026 El Negro Nieves conoci\u00f3, entre los anarquistas de Santiago, a algunos j\u00f3venes que se dec\u00edan partidarios de la acci\u00f3n directa, locuci\u00f3n que significa varias y peligrosas cosas, la menos inocente de las cuales es la que se refiere, en el campo anarquista, al hecho de conseguir dinero por cualquier modo, especialmente por medio de asaltos a bancos y otras instituciones que lo tienen o lo manejan. Se supone que ese dinero, aquel dinero, ir\u00eda a dar a los fondos de los sindicatos anarcosindicalistas. Algunos anarquistas han hecho eso y por eso son recordados con gratitud por sus compa\u00f1eros, pero otros no lo hicieron, aunque quer\u00edan hacerlo, y entre ellos est\u00e1n los compa\u00f1eros de Nieves y Nieves mismo, quien, seguro ya de su destino, abandon\u00f3 su profesi\u00f3n y se uni\u00f3 a ellos. Pas\u00f3 m\u00e1s hambre que un perro guacho, y al fin, casi ex\u00e1nime, renunci\u00f3 a los millones que habr\u00edan podido pasar por sus manos\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de esos a\u00f1os, un d\u00eda que viajaba y le\u00eda un diario o un libro en un tren que hab\u00eda partido desde Constituci\u00f3n hacia el sur \u2014yo tambi\u00e9n viv\u00eda entonces en la Argentina\u2014, not\u00e9, de un modo casi subconsciente, que alguien me estaba observando. Iba sentado de espaldas a la direcci\u00f3n de la marcha del tren y el observador estaba frente a m\u00ed, aunque algunos bancos m\u00e1s atr\u00e1s. Levant\u00e9 la cabeza y mir\u00e9: era El Negro Nieves. No hice ninguna manifestaci\u00f3n y continu\u00e9 leyendo mi diario o mi libro, aunque de modo que pod\u00eda observar sus movimientos. Sigui\u00f3 mir\u00e1ndome y se levant\u00f3 de su asiento, camin\u00f3 unos pasos y vino a sentarse frente a m\u00ed. No le hice caso, pero unos segundos despu\u00e9s me habl\u00f3:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014Perdone, se\u00f1or \u2014me dijo\u2014, \u00bfusted ha vivido en Chile alguna vez?<br \/>\n\u2014\u00bfEn Chile? \u2014pregunt\u00e9 a mi vez. Lo siento, no, no he vivido en ese pa\u00eds.<br \/>\nLo sent\u00ed desconcertado y le habl\u00e9.<br \/>\n\u2014\u00bfPor qu\u00e9 me lo pregunta? \u2014inquir\u00ed.<br \/>\n\u2014Porque&#8230; usted me recuerda a una persona que conoc\u00ed en Chile hace a\u00f1os.<br \/>\n\u2014\u00bfC\u00f3mo se llamaba esa persona? \u2014volv\u00ed a preguntar, provoc\u00e1ndolo.<br \/>\nDijo mi nombre y ya no pude disimular m\u00e1s: me levant\u00e9 y le di un gran abrazo, dici\u00e9ndole: S\u00ed, Negro, soy yo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Result\u00f3 que viv\u00edamos en el mismo pueblo, Lan\u00fas, aunque yo viv\u00eda m\u00e1s hacia el oeste, casi frente a la estaci\u00f3n y pueblo que por ese tiempo se llamaban Talleres\u2026 Nos visitamos y nos contamos aventuras que hab\u00edamos vivido. Entre las suyas estaba la que sirvi\u00f3 para <em>El vaso de leche<\/em>: le hab\u00eda ocurrido en Montevideo\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ese relato ha contribuido, m\u00e1s que ning\u00fan otro de los m\u00edos, a la difusi\u00f3n de mi nombre. Ha sido le\u00eddo por millares de estudiantes chilenos y norteamericanos, en mis libros y en las antolog\u00edas que los profesores de espa\u00f1ol que trabajan en USA confeccionan para ganar m\u00e9ritos; lo han estudiado otros tantos millares de estudiantes\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1957 visit\u00e9 Tulane University, en Nueva Orle\u00e1ns. El jefe del Departamento de Espa\u00f1ol, cuyo nombre no recuerdo, me recibi\u00f3. Pregunt\u00f3:<br \/>\n\u2014\u00bfC\u00f3mo se llama usted?<br \/>\n\u2014Manuel Rojas.<br \/>\n\u2014\u00bfUsted es el escritor Manuel Rojas?<br \/>\n\u2014S\u00ed\u00a0 \u2014repuse.<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 tiene que ver con Manuel Rojas Sep\u00falveda, cuya visita ha anunciado el Departamento de Estado?<br \/>\n\u2014Resulta que soy el mismo.<br \/>\n\u2014Lo anunciaron con los dos apellidos y no sab\u00eda qui\u00e9n era. \u00a1Pero, hombre, yo aprend\u00ed espa\u00f1ol leyendo sus cuentos, en especial <em>El vaso de leche<\/em>\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Un mendigo<\/em> se debe a algo contado por un anarquista argentino que lleg\u00f3 a Chile, se enferm\u00f3, tuvo que permanecer mucho tiempo en el hospital y al salir y buscar a un compa\u00f1ero fue confundido con un mendigo, tan acabado estaba el hombre. <em>El trampol\u00edn<\/em> es un asunto que sucedi\u00f3 y me fue contado por un m\u00e9dico, uno de los dos que figuran ah\u00ed. <em>El coloc\u00f3lo<\/em> sali\u00f3 de una superstici\u00f3n que existe en Chile. (&#8220;El coloc\u00f3lo es un ratoncillo muy bravo, anida cerca de las habitaciones, y la persona a quien le bebe la saliva comienza desde ese momento a enflaquecer y a desfigurarse, y concluye por morir si no se logra matar a tiempo al animalejo&#8221;\u2026). Le agregu\u00e9 algunos detalles tomados de conversaciones con mi madre sobre esa superstici\u00f3n. <em>La aventura de Mr. Jaiva<\/em> es una historia real y me fue contada por el mismo protagonista, un c\u00f3mico chileno. <em>Pedro, el pequenero<\/em> (el pequen es una empanadita chilena, con mucha cebolla y jugo, pasi\u00f3n de algunos chilenos; si est\u00e1n borrachos, deliran por ella) es nada m\u00e1s que una pura invenci\u00f3n m\u00eda, aunque tal vez tenga alguna influencia que no podr\u00eda precisar. <em>Un ladr\u00f3n y su mujer<\/em> es un relato basado en datos proporcionados por alg\u00fan amigo. <em>La compa\u00f1era de viaje<\/em>, \u00faltimo cuento de este volumen, est\u00e1 basado en una experiencia personal de mi amigo Adolfo Crenovich, ya desaparecido. Cuando sus hijos leyeron el cuento dijeron que su padre mostraba ah\u00ed facetas desconocidas por ellos, pero que no pod\u00edan ser sino de \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/manuelrojastravesia1973161.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"  wp-image-5591 alignright\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/manuelrojastravesia1973161.jpg\" alt=\"manuelrojastravesia197316\" width=\"200\" height=\"300\" \/><\/a>Los cuentos de\u2026 <a title=\"Cuentos - Traves\u00eda\" href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/?page_id=5107\/&amp;lang=es\">Traves\u00eda<\/a>, son nueve. El primero de ellos, <em>Bandidos en los caminos<\/em>, es una historia contada por mi madre. Le agregu\u00e9 lo indispensable. <em>El hombre de la rosa<\/em> es un asunto tomado del folklore chileno. Buscando temas, hall\u00e9 en un libro del folklorista don Ram\u00f3n A. Laval, &#8220;Cuentos populares chilenos&#8221;, la ra\u00edz de ese cuento. Eran unas pocas l\u00edneas y las transform\u00e9 en ciento y en mil, procurando respetar y aun aumentar el tono m\u00e1gico que pose\u00edan\u2026 <em>La suerte de Cucho Vial<\/em> est\u00e1 basado en una partida de p\u00f3ker jugada en la ciudad de Osorno por algunos desalmados, que apostaron como prenda a una mujer. Ten\u00eda tono de realidad, el hombre que me lo cont\u00f3 parec\u00eda serio y lo tom\u00e9. <em>Canto y baile<\/em> es, absolutamente, una creaci\u00f3n literaria, aunque dos de sus personajes, El Maldito Atilio y El Chico Tob\u00edas, maleante el primero, punga el segundo, eran personas de mi conocimiento. <em>El Le\u00f3n y el Hombre<\/em> est\u00e1 tambi\u00e9n tomado del folklore chileno y en el mismo libro de Laval\u2026 <em>El fantasma del patio<\/em> es la versi\u00f3n estricta de una an\u00e9cdota contada por miembros de la familia de la que fue madre de mis hijos, Mar\u00eda Baeza. Algunos de esos personajes viven a\u00fan; los dem\u00e1s, la mayor\u00eda, han muerto, incluida la Mar\u00eda Luisa del cuento, que a\u00f1os despu\u00e9s se cas\u00f3 conmigo. El asunto ocurri\u00f3 en la ciudad de Los Andes. Lo mismo o casi lo mismo sucede con <em>Historia de hospital<\/em>, contada por mi entra\u00f1able y recordado amigo el m\u00e9dico Juan Gandulfo, muerto hace tiempo en un choque de autom\u00f3viles. El organizador de la broma fue otro m\u00e9dico, el doctor Hugo Vicu\u00f1a, famoso por las que emprend\u00eda: en cierta ocasi\u00f3n arm\u00f3 una despedida de soltero a un colega que contra\u00eda el dulce v\u00ednculo, lo emborrach\u00f3 y cuando lo tuvo borracho, con ayuda de otros perdularios, le enyes\u00f3 las dos piernas, como si hubiera tenido un accidente. \u00a1Es de imaginar la cara que tendr\u00eda el novio al despertar!&#8230; <em>Poco sueldo<\/em> es un asunto que ocurri\u00f3, palabras m\u00e1s o palabras menos, en un gran diario de la capital de Chile. Por fin, <em>El rancho en la monta\u00f1a<\/em> es una creaci\u00f3n basada en el conocimiento de una pareja que vivi\u00f3 hace a\u00f1os en el caj\u00f3n del r\u00edo Maipo, cerca de Santiago.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los dem\u00e1s cuentos, cuatro en total, fueron escritos bastantes a\u00f1os despu\u00e9s que los que acabo de examinar. Ley\u00e9ndolos, se advierte el cambio ocurrido en mi prosa, un cambio que yo llamar\u00eda natural, no buscado, no impuesto. Quiz\u00e1 me hab\u00eda desarrollado otro poco, lo que era natural y, naturalmente, escrib\u00eda de otro modo. <em>Una carabina y una cotorra<\/em>, que empieza reci\u00e9n a llamar la atenci\u00f3n, es una historia casi toda vivida por m\u00ed: Pedro Lira era chileno, amigo de mi madre, y la mujer que figura ah\u00ed como mi madre no es otra que ella misma. Es un cuento autobiogr\u00e1fico, en cierto modo\u2026 <em>Pancho Rojas<\/em> es tambi\u00e9n una historia vivida, ahora en mi casa; todav\u00eda me duele. <em>Mares libres<\/em> no es m\u00e1s que un ap\u00f3logo de la libertad y de la propiedad com\u00fan: todo para todos, nada es de nadie. Cuando lo ley\u00f3 el escritor chileno Mariano Latorre, aficionado a los cuentos sobre p\u00e1jaros, me dijo: &#8220;Est\u00e1 bien. Se conoce que usted conoce los p\u00e1jaros chilenos, pero no los conoce de propia observaci\u00f3n. Adem\u00e1s, no debi\u00f3 haber puesto todos los p\u00e1jaros de una sola vez. Hay que ponerlos de a uno, para que el material dure m\u00e1s. Con su cuento, poni\u00e9ndolos todos, usted ha jodido el asunto por una punta de a\u00f1os&#8221;. <em>Zapatos subdesarrollados<\/em> es un asunto que me cont\u00f3 una amiga m\u00eda, recuerdos de sus tiempos de visitadora social. <em>Oro en el Sur<\/em>, el \u00faltimo de estos cuentos, est\u00e1 basado en un relato que me hiciera Julio Ortiz de Z\u00e1rate, pintor y escultor chileno. Era un episodio de su juventud. Su padre, en efecto, era compositor de valses y otras piezas populares. Su hermano Manuel, pintor, vivi\u00f3 en Francia despu\u00e9s y all\u00ed muri\u00f3. Julio muri\u00f3 en Chile.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mis primeros libros de cuentos encontraron una buena acogida \u2014nunca podr\u00e9 agradecer bastante esa acogida\u2014 y tuve una sola objeci\u00f3n, la que sigue: este escritor es literariamente vigoroso, construye bien sus cuentos y sus temas son interesantes; su prosa, sin embargo, carece de estilo. Esta objeci\u00f3n me mortific\u00f3 durante mucho tiempo, pens\u00e9 mucho en ella y a veces consult\u00e9 a los amigos: \u00bftengo yo estilo? Me aseguraron que lo ten\u00eda hasta prestar, pero pregunt\u00e9 qu\u00e9 era, espec\u00edficamente, el estilo, y no hall\u00e9 una explicaci\u00f3n clara.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al escribir mis cuentos, y mis primeras novelas, y a\u00fan ahora, nunca pretend\u00ed dar a mi prosa algo que pudiera llamarse estilo, en primer lugar porque no sab\u00eda qu\u00e9 era estilo y en segundo porque tal cosa no me preocupaba. Procur\u00e9 usar un lenguaje de acuerdo con la condici\u00f3n del personaje, con el tema y el ambiente, no solo desde el punto de vista narrativo o reflexivo, sino tambi\u00e9n desde un punto de vista emocional, un lenguaje que lograra transmitir lo que me dominaba al escribir. Evit\u00e9 siempre el uso de palabras grandilocuentes o altisonantes, arcaicas o retorcidas, exquisitas o ex\u00f3ticas, falsamente filos\u00f3ficas o pretendidamente originales\u2026 \u00bfConstitu\u00eda el no uso de esas palabras mi falta de estilo o mi falta de estilo resid\u00eda en que no usaba en forma regular ciertos giros o formas especiales? \u00bfEra necesario, para tener estilo, usar met\u00e1foras? No lo supe y no me preocupaba saberlo. Yo quer\u00eda contar algo y el deseo de contarlo era superior a una preocupaci\u00f3n de lograr un lenguaje de esta \u00edndole o de esta otra. Lo \u00fanico que deseaba era contarlo de manera viva, con un lenguaje directo, f\u00e1cilmente comprensible. Nunca me propuse deslumbrar a nadie: lo que quer\u00eda, quiz\u00e1 inconscientemente, porque tampoco me lo propon\u00eda, era emocionar\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto no significa que tenga la pretensi\u00f3n de haber escrito esos cuentos con el lenguaje que sus temas requer\u00edan; de ning\u00fan modo; tampoco quiero afirmar que tuviese estilo. Mi lenguaje tiene, en muchos de ellos, sobrada deficiencia; muchas frases est\u00e1n como en el aire y no hay un buen equilibrio en la estructura de muchos p\u00e1rrafos. Al leerlos ahora, sobre todo mis primeros cuentos, tengo la sensaci\u00f3n que debe sentir el hombre que, en plena marcha, se le desatan los cordones de los zapatos, y no puedo decir de ellos lo que Flaubert dec\u00eda de Madame Bovary: &#8220;No s\u00e9 lo que ser\u00e1 de esta novela; pero tengo la seguridad de que no tendr\u00e1 una sola frase floja&#8221;\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un \u00faltimo agregado: cuando tuve listo mi primer libro, aunque debiera decir mis dos primeros libros, pens\u00e9, antes que nada, en publicarlos en Buenos Aires. Era en 1926 y en ese a\u00f1o la \u00fanica editorial visible, por lo menos para m\u00ed, era la Editorial Babel, dirigida por Samuel Glusberg, hoy y ayer Enrique Espinoza. No lo conoc\u00eda sino de nombre y le escrib\u00ed, ofreci\u00e9ndole las obras. Me contest\u00f3 diciendo que con mucho gusto publicar\u00eda esos libros. Una segunda carta m\u00eda preguntaba por las condiciones. La segunda de \u00e9l aseguraba que la editorial no pod\u00eda dar anticipos ni hacer liquidaciones: trabajaban a p\u00e9rdida y solo pod\u00edan ofrecerme doscientos ejemplares. Yo ver\u00eda qu\u00e9 hacer con ellos. \u00bfQu\u00e9 hacer con tanto libro?, me pregunt\u00e9. Era linotipista de un diario de Santiago y no podr\u00eda salir a vender libros, m\u00e1s aun: no ten\u00eda d\u00f3nde guardarlos. Recurr\u00ed a Eduardo Barrios, el desaparecido autor de &#8220;El hermano asno&#8221;, y me llev\u00f3 a conversar con Carlos George Nascimento, editor que me contrat\u00f3 los dos libros, d\u00e1ndome por ellos mil pesos: <a title=\"Cuentos - Hombres del Sur\" href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/?page_id=5018\/http:\/\/&amp;lang=es\">Hombres del Sur<\/a>, cuentos, y <a title=\"Poes\u00eda - Tonada del Transe\u00fante\" href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/?page_id=4871\/&amp;lang=es\">Tonada del Transe\u00fante<\/a>, versos. Aparecieron los dos en las postrimer\u00edas de aquel a\u00f1o, hace hoy cuarenta y tres de ellos. Y ah\u00ed vamos.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Manuel Rojas &#8211; Santiago de Chile, 21 de marzo de 1969.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>&gt;<a title=\"Manuel Rojas: Cuentos\" href=\"http:\/\/ediciones.uahurtado.cl\/ediciones\/manuel-rojas-cuentos\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Manuel Rojas: &#8220;Cuentos&#8221;. Ediciones Universidad Alberto Hurtado, Santiago de Chile, 2016.<\/a><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>&gt;<a title=\"Manuel Rojas: Hablo de mis cuentos\" href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-Hablo-de-mis-cuentos.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Pr\u00f3logo de Manuel Rojas: &#8220;Hablo de mis cuentos&#8221;. Ediciones Universidad Alberto Hurtado, Santiago de Chile, 2016.<\/a><\/strong><\/p>\n<p>[shareaholic app=&#8221;share_buttons&#8221; id=&#8221;5732944&#8243;]<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las obras mayores de Manuel Rojas se han finalmente editado en Chile. &#8220;Tiempo irremediable&#8221; (Zig-Zag) re\u00fane sus cuatro novelas fundamentales y &#8220;Cuentos&#8221; (U. 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