{"id":7809,"date":"2016-12-09T08:44:41","date_gmt":"2016-12-09T11:44:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/?p=6459"},"modified":"2023-06-02T19:18:25","modified_gmt":"2023-06-02T19:18:25","slug":"hijo-de-ladron-hambre-de-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/manuelrojas.cl\/index.php\/2016\/12\/09\/hijo-de-ladron-hambre-de-vida\/","title":{"rendered":"Hijo de ladr\u00f3n \/ Hambre de vida"},"content":{"rendered":"\n[et_pb_section fb_built=&#8221;1&#8243; _builder_version=&#8221;4.16&#8243; global_colors_info=&#8221;{}&#8221; theme_builder_area=&#8221;post_content&#8221;][et_pb_row _builder_version=&#8221;4.16&#8243; background_size=&#8221;initial&#8221; background_position=&#8221;top_left&#8221; background_repeat=&#8221;repeat&#8221; global_colors_info=&#8221;{}&#8221; theme_builder_area=&#8221;post_content&#8221;][et_pb_column type=&#8221;4_4&#8243; _builder_version=&#8221;4.16&#8243; custom_padding=&#8221;|||&#8221; global_colors_info=&#8221;{}&#8221; custom_padding__hover=&#8221;|||&#8221; theme_builder_area=&#8221;post_content&#8221;][et_pb_text _builder_version=&#8221;4.16&#8243; background_size=&#8221;initial&#8221; background_position=&#8221;top_left&#8221; background_repeat=&#8221;repeat&#8221; global_colors_info=&#8221;{}&#8221; theme_builder_area=&#8221;post_content&#8221;]<div class=\"content clearfix\" style=\"text-align: left;\"><address style=\"text-align: justify;\">Fundaci\u00f3n Manuel Rojas. Mosc\u00fa &#8211; Rusia, 1 de diciembre de 2016<\/address><hr \/>\n<div class=\"content clearfix\"><address>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>En Mosc\u00fa, el d\u00eda de la inauguraci\u00f3n de la International Non Fiction Book Fair, se realiz\u00f3 la presentaci\u00f3n de la nueva edici\u00f3n rusa de <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em>. Junto al r\u00edo Volga\u00a0se record\u00f3 el original v\u00ednculo que une a Manuel Rojas con las utop\u00edas sociales y el esp\u00edritu humanista de los grandes y universales autores rusos: &#8220;Algunos de mis predilectos dioses dorm\u00edan su ultimo sue\u00f1o en Rusia&#8230; sin embargo, todos mis h\u00e9roes eran chilenos, pobres, rotosos, subdesarrollados, ladrones, borrachos o vagos, pero m\u00edos. Cada uno tiene sus h\u00e9roes y sus dioses y desgraciado de aqu\u00e9l que no tenga ni los unos ni los otros&#8230;&#8221;<\/strong><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<\/address>\n<h4>Manuel Rojas vuelve Mosc\u00fa<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">En una sala del segundo piso del gran edificio de la Casa de Los Artistas, el acto se llev\u00f3 a cabo con la presencia de Juan Eduardo Eguiguren, embajador de Chile en la Federaci\u00f3n de Rusia, el profesor Yuri Friedstein, Director del Departamento de Redacci\u00f3n y Edici\u00f3n de la Biblioteca de Literatura Extranjera Rudomino y la traductora a cargo de esta nueva publicaci\u00f3n. La <strong>Fundaci\u00f3n Manuel Rojas<\/strong> estuvo representada por su presidente Jorge Guerra. La embajada de Chile en Rusia promovi\u00f3 esta iniciativa la que cont\u00f3 con el apoyo de la Direcci\u00f3n de Asuntos Culturales del Ministerio de RREE de nuestro pa\u00eds, DIRAC. En a\u00f1os anteriores esta alianza con la Biblioteca Rudomino ha permitido la traducci\u00f3n de obras de Neruda y Parra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El embajador Eguiguren, para quien esta ocasi\u00f3n fue su \u00faltimo acto oficial ya que deja su cargo de embajador en Rusia, destac\u00f3 la importancia de Manuel Rojas como pionero en el modo de profundizar en la sicolog\u00eda de sus personajes provenientes del mundo marginal a partir de la vida de Aniceto Hevia, protagonista de su m\u00e1s importante obra. Tambi\u00e9n se refiri\u00f3 a la relevancia de esta iniciativa en el acercamiento y difusi\u00f3n de la narrativa chilena en un pa\u00eds de gran tradici\u00f3n literaria como Rusia. \u201cEstoy cierto \u2013se\u00f1al\u00f3\u2013 que con este trabajo estaremos acercando a\u00fan m\u00e1s la literatura chilena a la sociedad rusa e iremos avanzando en el estrechamiento de relaciones entre ambos pueblos\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por su parte Jorge Guerra, ley\u00f3 un breve texto titulado \u201cManuel Rojas: Dioses dormidos y h\u00e9roes despiertos\u201d donde record\u00f3 el viaje a la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica que hiciera Manuel Rojas en mayo de 1966, hace ya medio siglo. A partir de manuscritos in\u00e9ditos pertenecientes a la Fundaci\u00f3n, destac\u00f3 la deuda que reconoc\u00eda el escritor hacia los maestros rusos en el origen de su propia obra. Autores como Tolstoi, Gorki, Dostoyevski, entre otros, eran considerados por Rojas como sus \u201cpredilectos dioses&#8221;, quienes no solo le ense\u00f1aron la estatura est\u00e9tica de su oficio sino tambi\u00e9n los valores de humanidad que se desprenden de cada una de sus obras. Como contrapartida reconoc\u00eda que sus \u201ch\u00e9roes\u201d eran todos chilenos: \u201cpobres, rotosos, subdesarrollados, ladrones, borrachos o vagos, pero m\u00edos. Cada uno tiene sus h\u00e9roes y sus dioses y desgraciado de aqu\u00e9l que no tenga ni los unos ni los otros\u201d, se\u00f1alaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para referirse a <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em>, Guerra recogi\u00f3 el magn\u00edfico pr\u00f3logo de esta edici\u00f3n, titulado \u201cEl hambre de vida de Manuel Rojas\u201d, escrito por el estudioso de la literatura hispanoamericana Zacharij Plavskin quien destaca la superaci\u00f3n de la picaresca en la obra de Rojas, presentando en la novela a un protagonista \u2013Aniceto Hevia\u2013 que se opone a toda organizaci\u00f3n que atente y amenace la libertad natural de los seres humanos. En esta tarea se une solidariamente a otros individuos con los que comparte su condici\u00f3n marginal\u2026<\/p>\n<h4>JORGE GUERRA \/ Manuel Rojas: Dioses dormidos y h\u00e9roes despiertos<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muchas veces, cuando Manuel Rojas recordaba la impresi\u00f3n que le hab\u00eda dejado alg\u00fan lugar visitado, defin\u00eda ese recuerdo como la imagen \u201csensible\u201d y \u201cgeogr\u00e1fica\u201d de ese lugar. Imagen que pasaba a formar parte de su \u201csentido de la cualidad de la vida\u201d y que incrementaba su manera de acercarse a los seres y a las cosas. Un m\u00e9todo que dejaba de lado lo que otros hubiesen escrito o dicho de ese lugar. Desechaba todo al momento de tomar contacto con un paisaje y con quienes lo habitaban. Ese era el m\u00e9todo rojiano, fundado en la experiencia directa y, sobre todo, en la observaci\u00f3n, en la mirada aguda y silenciosa que se deten\u00eda en hombres y mujeres que pasaban ante \u00e9l. Una vez dijo: \u201cHay individuos que llegan a un pa\u00eds o a una ciudad y que piden, para enterarse de lo que all\u00ed ocurre, libros de historia, de antropolog\u00eda, estad\u00edstica, etnolog\u00eda, folklore, arqueolog\u00eda. Nada. A m\u00ed deme usted una silla o un banco y gente a quien mirar, o \u00e1rboles o p\u00e1jaros si no hay gente, y qu\u00e9dese con todo lo dem\u00e1s\u2026\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-Rusia-2.1.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-6465\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-Rusia-2.1.jpg\" alt=\"Manuel Rojas Rusia 2.1\" width=\"100%\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dicho esto no es f\u00e1cil entender, a primera vista, la cercan\u00eda que Rusia ten\u00eda para \u00e9l, aquella Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, cuando hace justo 50 a\u00f1os la visit\u00f3 por primera y \u00fanica vez junto con Julianne Clark, su compa\u00f1era de entonces. Este pa\u00eds inmenso le era familiar desde sus primeros a\u00f1os que transcurrieron en un ir y venir entre Argentina y Chile. Y era as\u00ed porque fue el pensamiento y la creaci\u00f3n surgidos aqu\u00ed, a miles de kil\u00f3metros de nuestro pa\u00eds, los que moldearon sus propias ideas y, lo que es m\u00e1s importante a\u00fan, nutrieron su propia creaci\u00f3n literaria. Desde muy temprano Rojas se maravill\u00f3 con la riqueza y s\u00f3lida est\u00e9tica de los textos de los grandes maestros rusos. Fueron pensadores rusos quienes le ayudaron a construir su postura pol\u00edtica y tomar el camino del anarquismo desde su juventud, senda que no abandon\u00f3 nunca, \u201cpor m\u00e1s que las circunstancias de la vida y de mi vida me hayan reducido al solitario trabajo de escritor\u201d \u2013como escribi\u00f3 hacia el final de su vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace solo unos d\u00edas, antes de viajar a Mosc\u00fa, tuve la suerte de conocer una serie de manuscritos de Manuel Rojas, apuntes sobre su viaje a estas tierras que escribi\u00f3 mientras recorr\u00eda y se maravillaba con Mosc\u00fa, Leningrado, Kiev, Yalta y otros lugares que visit\u00f3. Comparto con ustedes un fragmento de esos escritos in\u00e9ditos y desconocidos hasta ahora: \u201cEn una comida que, en la noche del 24 de mayo de 1966, M\u00e1ximo Pacheco, embajador de Chile en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, nos ofreci\u00f3 en Mosc\u00fa&#8230; cogido por la extrema emoci\u00f3n que se suscita en m\u00ed al improvisar un discurso al final de cualquier comida o almuerzo&#8230; dije, entre otras cosas, que algunos de mis predilectos dioses dorm\u00edan su ultimo sue\u00f1o en Rusia. Agregu\u00e9 que, sin embargo, todos mis h\u00e9roes eran chilenos, pobres, rotosos, subdesarrollados, ladrones, borrachos o vagos, pero m\u00edos. Cada uno tiene sus h\u00e9roes y sus dioses y desgraciado de aqu\u00e9l que no tenga ni los unos ni los otros. Al hablar de dioses me refer\u00eda, por supuesto, a los hombres que, en una u otra forma, hab\u00edan influido en mi formaci\u00f3n moral y en mi formaci\u00f3n pol\u00edtica: entre estos \u00faltimos puedo nombrar, en primer lugar, a Kropotkin y Bakunin, en segundo lugar, a Lenin y Trotsky; de los otros, de aquellos que me ense\u00f1aron no s\u00f3lo el valor art\u00edstico de la literatura sino tambi\u00e9n su valor moral, o sea, el sentido de lo humanista en la literatura, debo decir que son muchos m\u00e1s, aunque los m\u00e1s valiosos sean Tolstoi, Gorki, Dostoyevski, Chejov, Andriev, Averchenko, Gogol, Kuprin y otros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo esto quiere decir que la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, la vieja Rusia, no era para m\u00ed un pa\u00eds indiferente, un pa\u00eds que no despertaba en m\u00ed ning\u00fan eco, en donde nunca hab\u00eda vivido nadie que me interesara o a quien yo amara o venerara, no, al contrario, muchos hombres sobresalientes, &#8216;hombres islas&#8217;, &#8216;hombres monta\u00f1as&#8217;, hab\u00edan nacido, vivido, sufrido y muerto all\u00ed y todos esos hombres eran para m\u00ed seres venerados, adorados algunos, verdaderos dioses de mi juventud y de mi vejez. La Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, adem\u00e1s, era el pa\u00eds en donde hab\u00eda ocurrido la primera revoluci\u00f3n social\u201d.<\/p>\n<h4>Viaje a los or\u00edgenes<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entonces, m\u00e1s que una primera experiencia sensible, aquel viaje fue un re encuentro. Un regreso a los or\u00edgenes de su vocaci\u00f3n de escritor y a una renovaci\u00f3n de sus ideales para alcanzar alg\u00fan d\u00eda lo que \u00e9l denomin\u00f3 una sociedad \u201cbasada en el amor y en el trabajo\u201d. Manuel Rojas ten\u00eda 21 a\u00f1os cuando Lenin encabeza la Revoluci\u00f3n de Octubre, que surge, para \u00e9l y para muchos, como el proyecto que har\u00eda posible que los trabajadores gobernaran su destino, alcanzaran la libertad y fundaran una sociedad m\u00e1s justa para unos y otros. A la par, desde su adolescencia, el ideal libertario del anarquismo ya hab\u00eda hecho lo suyo en el joven Manuel que comenzaba su incursi\u00f3n literaria con encendidos y apasionados escritos en peri\u00f3dicos anarquistas de Chile y Argentina. Esas fueron sus primeras armas de lucha. En los a\u00f1os sesenta adhiri\u00f3 con esperanzado entusiasmo a la revoluci\u00f3n de Cuba y apreciaba la palabra de Fidel Castro como el mensaje que deb\u00edan o\u00edr y hacer suyo todos los pueblos de Latinoam\u00e9rica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1951 Manuel Rojas irrumpe en la literatura de Chile y de otras latitudes, con una gran novela bajo el brazo: <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em>. Alejada de la Academia, desafiando influencias naturalistas imperantes, esta novela habla de seres y lugares hasta ese momento ausentes en la narrativa. En el contenido, pero principalmente en la forma, Rojas presenta una historia nueva que, en gran parte, es su propia historia. Es el destino de los marginados, pero no un or\u00e1culo fatal. Son seres que luchan por lo que aspiran. H\u00e9roes, o antih\u00e9roes, que son muchas veces derrotados, pero que no se rinden y buscan la mano solidaria del otro. Dice Rojas: \u201c&#8230;dame tiempo para mirar y qu\u00e9date contando tu mercader\u00eda; dame tiempo para sentir y contin\u00faa con tu discurso; dame tiempo para escuchar y sigue leyendo las noticias del diario; dame tiempo para gozar del cielo, del mar y del viento&#8230; Si adem\u00e1s de tiempo me das espacio, o por lo menos, no me lo quitas, tanto mejor: as\u00ed podr\u00e9 mirar m\u00e1s lejos, caminar m\u00e1s all\u00e1 de lo que pensaba&#8230;\u201d. Esa es la demanda de casi todos los personajes de Rojas que, insisto, no solo piden sino que tambi\u00e9n luchan por superar el estado de las cosas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Numerosos son los estudios que ha merecido <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em> y que coinciden en que su aparici\u00f3n, fue un remez\u00f3n similar a los sacudones tel\u00faricos que acostumbramos a sufrir en nuestro Chile. Para repasar algunas de esas virtudes me parece apropiado referirme aqu\u00ed al magn\u00edfico pr\u00f3logo de esta edici\u00f3n, escrito por el profesor Zacharij Plavskin, quien propone un l\u00facido ensayo sobre la novela. Plavskin ubica a <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em> en la tradici\u00f3n de la picaresca originada en el siglo XVI, sin embargo se apura en distinguir sus diferencias. Su protagonista, arrojado a la vida desde muy peque\u00f1o, no es un \u201clazarillo de Tormes\u201d que va aprendiendo c\u00f3mo sobrevivir en la maldad de su entorno, siendo igual de malo y rufi\u00e1n. No, Aniceto act\u00faa por oposici\u00f3n, aparentemente ingenua, entrando en conflicto con el Estado, con la sociedad de peque\u00f1os burgueses satisfechos y con el mercantilismo autocomplaciente. Y su actitud se fortalece porque Aniceto Hevia \u2013Manuel Rojas\u2013 cree en que el hombre con y junto al hombre son la \u00fanica posibilidad de humanizar y lograr una sociedad mejor: \u201clos funcionarios creen en los papeles, y las personas creen en las personas\u201d se\u00f1ala Plavskin. Y es as\u00ed como se aleja de la picaresca y tambi\u00e9n de la novela existencialista del siglo XX donde la soledad enajenada era la esencia y destino de la condici\u00f3n humana. Aniceto cree en la bondad, en la ayuda mutua, y la experimenta con el vagabundo de las tortugas, con Cristi\u00e1n y El Fil\u00f3sofo, todos seres que encuentra en su camino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-Rusia-4.1.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-6467\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-Rusia-4.1.jpg\" alt=\"Manuel Rojas Rusia 4.1\" width=\"45%\" \/><\/a>Pero la ruptura de la novela no solo fue por los temas que trataba y los personajes que tra\u00eda sino en c\u00f3mo los trataba y presentaba. Aqu\u00ed est\u00e1n el mon\u00f3logo interior, la exploraci\u00f3n sicol\u00f3gica de los personajes, el transcurso no lineal del tiempo, y que es la primera declaraci\u00f3n que hace el autor al inicio de la novela. Un modo de narrar que altera la secuencia cronol\u00f3gica de la historia, consecuente con la propia forma de recordar de Rojas y no una simple b\u00fasqueda estil\u00edstica para atrapar f\u00e1cilmente a los lectores. Este natural modo de contar del autor, no es solo una secuencia epis\u00f3dica articulada por la figura del protagonista sino una serie de planos temporales, de relaciones complejas que le permiten a Rojas profundizar en los personajes en una suerte de relato dentro de otro relato, al modo de cajas chinas, o m\u00e1s apropiado aqu\u00ed, al modo de coloridas matrioskas.<\/p>\n<h4>Canto del ruise\u00f1or<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente quiero volver a los apuntes de viaje que citara al comienzo. Paseando por los jardines de una residencia para escritores en Kiev, Manuel Rojas, amante y conocedor de las aves, se propuso escuchar el canto del ruise\u00f1or. Pidi\u00f3 silencio a sus acompa\u00f1antes y que permanecieran inm\u00f3viles, esperando ese ansiado momento. Atento y apoyado en una cerca junto a su mujer Julianne, quien le sostiene una de sus manos, en un acto de tierna complicidad y controlando juntos la contenida emoci\u00f3n, justo cuando parec\u00eda que el momento esperado no llegar\u00eda, el silencio se rompe con tres trinos, fuertes y profundos, de un ruise\u00f1or oculto entre los arbustos. El canto del p\u00e1jaro de los poetas y enamorados recompensaba el sigilo y la paciente espera. De esa sencilla experiencia Manuel Rojas se\u00f1ala: \u201cAquellos trinos permanecer\u00e1n para siempre en mis o\u00eddos y creo que estar\u00e1n all\u00ed hasta el final de mi vida y quiz\u00e1 m\u00e1s all\u00e1\u201d. Esa fue siempre su actitud, en la vida y en su oficio de escritor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El silencio y la paciencia en el trabajo para lograr un fruto maduro que se hace eterno y universal en el tiempo. Una mirada minuciosa y el constante perfeccionamiento de su oficio que nos dej\u00f3 el ejemplo de una vida de esfuerzo, trabajada en los vi\u00f1edos de Mendoza, en las altas cumbres de la cordillera, en un bote en la bah\u00eda nocturna de Valpara\u00edso, en los talleres de alguna imprenta clandestina o en un teatro pobre de la provincia. En todos esos lugares y oficios Manuel Rojas se fue construyendo, tejiendo su vida \u201cserenamente, sin soberbia ni orgullo\u201d, como dice el verso de uno de sus poemas. Y nos dej\u00f3 entonces una obra para todos, sencilla y profunda, donde mirar y mirarnos, donde poder encontrar respuestas a la intolerancia o a la discriminaci\u00f3n y, sobre todo, donde volver a creer en el solidario trabajo de los hombres honrados, en la esperanza de que, a pesar de todo, el hombre puede ser bueno, en fin, creer de nuevo en la \u00e9tica y humanidad de sus dioses dormidos en la sufrida y f\u00e9rtil tierra de Rusia.<\/p>\n<h4>ZACHARIJ PLAVSKIN \/ El hambre de vida de Manuel Rojas<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">Manuel Rojas (1896-1973), uno de los m\u00e1s notables escritores chilenos del siglo XX, public\u00f3 a lo largo de casi medio siglo cuentos, relatos, novelas, art\u00edculos, cr\u00edticas y rese\u00f1as literarias y ensayos, conquistando un s\u00f3lido reconocimiento no solo en Chile sino tambi\u00e9n mucho m\u00e1s all\u00e1 de sus fronteras. Un lugar especial en la literatura chilena contempor\u00e1nea \u2013y m\u00e1s ampliamente, en la latinoamericana\u2013 lo ocupa su novela <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em>, obra que retom\u00f3 de una singular manera las tradiciones de la novela espa\u00f1ola llamada picaresca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1554 apareci\u00f3 en Espa\u00f1a una breve novela titulada &#8220;El lazarillo de Tormes&#8221;, sus fortunas y adversidades. El autor de esta obra, que opt\u00f3 por quedar en el anonimato, puso en boca de su ingenuo h\u00e9roe el relato de c\u00f3mo, antes de haber cumplido los ocho a\u00f1os de edad, este fue arrojado al remolino de la vida y de c\u00f3mo \u2013chapoteando entre las turbulentas olas del mar de la existencia\u2013 poco a poco fue adquiriendo astucia e inventiva, aprendiendo todas las sutilezas de la piller\u00eda, logrando, por \u00faltimo, encontrar un refugio tranquilo. Aquel libro fue destinado a tener una larga y gloriosa vida. Y no solo por el hecho de haber sido editado en Espa\u00f1a, una y otra vez en los siguientes cuatro siglos y tanto, traducido innumerables veces a muchos idiomas del mundo y generado una serie de imitaciones y continuaciones. Sino principalmente porque El lazarillo\u2026 dio comienzo al g\u00e9nero de la novela picaresca, que jug\u00f3 un papel significativo en la historia del establecimiento de la novela europea, cuyo desarrollo en los siglos XVII y XVIII se puede decir que estuvo marcado por una influencia quiz\u00e1s dominante de la picaresca espa\u00f1ola. Pero ya en el siglo XVIII, y sobre todo en el XIX, comenzaron a aparecer en Europa variedades cada vez m\u00e1s nuevas de la novela, y la picaresca paulatinamente fue desplaz\u00e1ndose a un segundo plano. No es dif\u00edcil comprender las razones de esto: el inter\u00e9s de los artistas comenz\u00f3 a ser atra\u00eddo, con cada vez mayor frecuencia, hacia la familia como c\u00e9lula social b\u00e1sica, cuya investigaci\u00f3n anat\u00f3mica permiti\u00f3 descubrir las leyes m\u00e1s profundas que mueven los resortes y los conflictos tr\u00e1gicos que caracterizan a la sociedad. Para semejante indagaci\u00f3n de la realidad, la novela picaresca result\u00f3 ser un instrumento menos \u00fatil, con su h\u00e9roe arrancado de las tradiciones familiares y que vagaba por las ciudades y los pueblos de su pa\u00eds natal. As\u00ed, la vieja picaresca fue reemplazada casi por completo en el escenario literario por la novela socio-familiar y socio-psicol\u00f3gica de Balzac, Dickens, Zola, Tolstoi y Dostoievski, entre otros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, en tiempos m\u00e1s cercanos a los nuestros, escritores de muchos pa\u00edses han vuelto tan a menudo a las tradiciones de la picaresca que dif\u00edcilmente alguien se atreve a negar la vitalidad de dicho g\u00e9nero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su renacimiento tuvo bases sustanciales. En particular, una de las razones para que muchos prosistas contempor\u00e1neos recurrieran a las tradiciones de la picaresca, a su esquema habitual de composici\u00f3n, fue que esta vertiente posee una composici\u00f3n \u201cabierta\u201d y se construye como una serie de episodios unidos entre s\u00ed solo por la figura del protagonista-narrador. Eso permit\u00eda a los autores cl\u00e1sicos de la picaresca utilizar la narraci\u00f3n para recrear un amplio panorama social de la vida, introduciendo en la acci\u00f3n a personajes de los m\u00e1s diversos estratos sociales. Esto mismo permite hoy a los escritores que recurren a la estructura acostumbrada de la novela picaresca a abrir en profundidad y desde distintas perspectivas el conflicto del ser humano con la sociedad que se le opone y le es hostil. Obviamente, no es que los narradores del siglo XX hayan copiado los modelos cl\u00e1sicos. Un artista talentoso no reproduce la tradici\u00f3n, sino que la transforma y la enriquece. Y la obra <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em>, publicada en 1951, demuestra a la perfecci\u00f3n los resultados a los cuales puede llegar un escritor contempor\u00e1neo talentoso, que domine de manera creativa algunos m\u00e9todos y principios de la narraci\u00f3n picaresca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En efecto, esta novela de Manuel Rojas est\u00e1 construida seg\u00fan el esquema tradicional de la picaresca espa\u00f1ola. Si ordenamos los sucesos que se exponen en este libro en estricta secuencia cronol\u00f3gica, ante nuestros ojos aparecer\u00e1 el relato de la vida de un \u201cLazarillo\u201d contempor\u00e1neo \u2013Aniceto Hevia\u2013, con todas sus fortunas y adversidades. En efecto, Aniceto, tal como sus lejanos antepasados de la picaresca, se ve obligado, siendo pr\u00e1cticamente un ni\u00f1o, a abandonar el hogar paterno (tras la muerte de la madre y el arresto del padre) y en sus recorridos por Argentina y Chile se va encontrando con los personajes m\u00e1s diversos. Sin embargo, Manuel Rojas modifica sustancialmente el esquema tradicional de la narraci\u00f3n picaresca. Por eso, cuando habl\u00e1bamos de las similitudes entre la novela del autor chileno y la picaresca cl\u00e1sica pon\u00edamos un condicional: \u201cSi ordenamos los sucesos que se exponen en este libro en estricta secuencia cronol\u00f3gica\u2026\u201d Pero resulta que en la novela esa secuencia de acontecimientos se encuentra bruscamente alterada. El lector se topar\u00e1 a cada momento con movimientos y saltos en el tiempo: es como si el autor literalmente hubiera roto el hilo narrativo en muchos pedacitos, y luego los haya atado nuevamente, disponi\u00e9ndolos en un orden a primera vista totalmente arbitrario. El resultado de esto es que el relato de Aniceto se desarrolla simult\u00e1neamente en varios planos temporales, y en lugar de relaciones de causa-efecto entre los hechos, caracter\u00edsticas de una exposici\u00f3n cronol\u00f3gica lineal, surgen otras relaciones, m\u00e1s complejas y que esconden nuevas posibilidades creativas.<\/p>\n<h4>Los pelda\u00f1os del tiempo<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estudiosos que han escrito sobre <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em> han notado, con justa raz\u00f3n, que ese m\u00e9todo es caracter\u00edstico de muchos novelistas contempor\u00e1neos de Europa y Estados Unidos. Y de hecho en Rojas esta t\u00e9cnica evidencia antes que todo la contemporaneidad de su novela en lo formal. \u201cHay que dominar el tiempo \u2013afirma \u00e9l\u2013, o escribir\u00e1s como escrib\u00edan los novelistas de hace cien a\u00f1os\u201d. Pero \u00bfser\u00e1 esta la \u00fanica raz\u00f3n para que aparezcan en su novela esos bruscos desplazamientos temporales?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Hijo-de-Ladron-Ruso-2.1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-6463\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Hijo-de-Ladron-Ruso-2.1.jpg\" alt=\"Hijo de Ladron Ruso 2.1\" width=\"350\" height=\"558\" \/><\/a>Ya en las primeras l\u00edneas de la novela, Rojas advierte al lector de que ser\u00e1 in\u00fatil en este caso buscarle l\u00f3gica a la disposici\u00f3n de los diferentes tiempos. \u201cLa culpa es m\u00eda \u2013escribe el narrador en nombre de Aniceto Hevia\u2013: nunca he podido pensar como lo pudiera hacer un metro, l\u00ednea tras l\u00ednea, cent\u00edmetro tras cent\u00edmetro, hasta llegar a ciento o a mil; y mi memoria no es mucho mejor: salta de un hecho a otro y toma a veces los que aparecen primero, volviendo sobre sus pasos s\u00f3lo cuando los otros, m\u00e1s perezosos o m\u00e1s densos, empiezan a surgir a su vez desde el fondo de la vida pasada\u201d. Por tanto, de haber alguna l\u00f3gica en este relato, es puramente subjetiva y casi no admite decodificaci\u00f3n, parece querer decirnos el escritor. Pero, \u00bfy qu\u00e9 tal si no le creemos e intentamos de todos modos descubrir otra relaci\u00f3n, mucho m\u00e1s fundamental, entre las distintas partes en que se estructura el libro?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los saltos de un tiempo a otro est\u00e1n determinados en primer lugar por una relaci\u00f3n asociativa del pasado con el presente. Por ejemplo, en el tercer cap\u00edtulo de la primera parte Aniceto Hevia se dirige a un funcionario por un certificado que debe atestiguar que \u00e9l, Aniceto, realmente naci\u00f3 en Argentina. El funcionario le niega el documento y le propone que escriba a sus parientes para que le env\u00eden el certificado desde Argentina. El cap\u00edtulo siguiente, el cuarto, arranca con estas palabras del protagonista: \u201c\u00bfEscribir? \u00bfA qui\u00e9n?\u201d. Y esta pregunta perpleja motiva los recuerdos del joven h\u00e9roe de la novela; sobre un plano se sobrepone otro. Las asociaciones de este tipo a menudo motivan y explican los cambios temporales en la novela.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero tambi\u00e9n existen relaciones internas mucho m\u00e1s complejas entre los diversos planos del tiempo. Es como si Aniceto fuera bajando sin prisa por la escalera de los recuerdos, por los pelda\u00f1os de la memoria. El comienzo de la novela es el tiempo en que Aniceto inicia su relato, el tiempo lo m\u00e1s presente posible, tiempo del ahora mismo: Aniceto empieza la charla con cada lector en el preciso instante en que el lector abre el libro y sus ojos recorren las primeras l\u00edneas. El siguiente pelda\u00f1o es tiempo presente solo con respecto a lo que ocurre dentro de la novela: Aniceto sale de la c\u00e1rcel, enfermo y exhausto, parte hacia la costa, donde conoce al Fil\u00f3sofo y a Cristi\u00e1n, recolecta con ellos metal en la playa y con ellos tambi\u00e9n termina abandonando la no del todo acogedora ciudad de Valpara\u00edso. Luego viene otro pelda\u00f1o: Aniceto deambulando poco antes de su arresto por retenes policiales y consulados en busca del certificado. Finalmente, viene el \u00faltimo pelda\u00f1o de este episodio, dedicado al tiempo en que el protagonista sale de Argentina y llega a Chile.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luego viene el paso a un pelda\u00f1o m\u00e1s arriba (tercer cap\u00edtulo) y despu\u00e9s de nuevo hacia abajo, ahora varios pelda\u00f1os de una vez hacia su infancia. Este movimiento por la escalera de los recuerdos tiene su ritmo que se puede medir en forma estricta, como si fuera el ritmo de un movimiento pendular que se va extinguiendo. A medida que se desarrolla la narraci\u00f3n, la amplitud de los saltos de un tiempo a otro va disminuyendo hasta que los movimientos se detienen del todo, y el lector junto con el h\u00e9roe se re\u00fanen nuevamente en el tiempo presente. La multiplicidad de planos temporales en esta narraci\u00f3n resulta ser en Rojas, tal como en muchos novelistas del siglo XX, no solo una especie de moda que entr\u00f3 firme en la prosa de nuestra centuria, sino tambi\u00e9n un m\u00e9todo para profundizar la caracterizaci\u00f3n del personaje y de la realidad que lo rodea, y para ilustrarlo con m\u00e1s volumen y desde m\u00e1s perspectivas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A ese mismo fin responde la t\u00e9cnica del relato dentro de otro relato: en la narraci\u00f3n se incrustan los relatos de aquellos con quienes Aniceto se va topando en sus andanzas. As\u00ed ocurre con el relato del ladr\u00f3n viejo sobre el inspector policial Victoriano, una suerte de cuento corto sobre c\u00f3mo el inspector, tras descubrir inesperadamente para s\u00ed mismo que \u201clos ladrones tambi\u00e9n eran hombres\u201d, hizo con ellos un trato mutuamente conveniente; as\u00ed pasa con los relatos del amigo de Aniceto; as\u00ed sucede con el relato al final del libro de Alfonso Echeverr\u00eda, apodado El Fil\u00f3sofo. Y si seguimos comparando la novela con una escalera de recuerdos, esas inserciones narrativas debi\u00e9semos equipararlas con los descansos de las escaleras, donde uno puede detenerse para recuperar el aliento y mirar a los lados. De este modo esos relatos llegan a ser unidades r\u00edtmicas fundamentales de la novela. A todo esto, tales inserciones no son extra\u00f1as en las obras tard\u00edas de la picaresca espa\u00f1ola.<\/p>\n<h4>De la naturaleza social al aprendizaje espiritual<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">El esquema narrativo tradicional de la picaresca, aunque se exhibe aqu\u00ed de una manera bastante distinta, de todas maneras est\u00e1 presente y le permite al autor crear un amplio panorama de la vida social de Chile.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Manuel Rojas comenz\u00f3 a trabajar en la novela <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em> en 1936, la termin\u00f3 ya en 1950 y la public\u00f3 en 1951. Para Chile eran a\u00f1os dif\u00edciles, marcados por bruscos giros en los destinos del pa\u00eds. El principal conflicto que determina todo el desarrollo de la acci\u00f3n en la novela es el irreconciliable conflicto entre el ser humano y la sociedad o, lo que desde el punto de vista de Rojas es casi lo mismo, el conflicto entre el ser humano y la ley. En la picaresca espa\u00f1ola tard\u00eda ese conflicto \u201cser humano &#8211; ley\u201d se interpretaba como la lucha del p\u00edcaro contra el mundo en general, como una manifestaci\u00f3n de la \u201cguerra de todos contra todos\u201d. Pero Rojas no admite dicha explicaci\u00f3n. Para \u00e9l, el sentido de ese conflicto consiste antes que todo en el choque del individuo con el Estado de mercachifles, con la sociedad de peque\u00f1oburgueses satisfechos y propietarios complacientes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El conflicto se traslada a cada rato desde el plano social al filos\u00f3fico: el conflicto \u201cser humano &#8211; ley\u201d es desplazado y acentuado por el conflicto \u201cser humano &#8211; universo\u201d, o bien, \u201cser humano &#8211; naturaleza\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No son frecuentes en las p\u00e1ginas de esta obra las descripciones de la naturaleza: alguien enfermo, hambriento y humillado no est\u00e1 para admirar la belleza de los paisajes. La naturaleza, para alguien desdichado, resulta ser no solo un tanto indiferente sino que por momentos una fuerza activamente hostil, que agudiza el sentimiento de soledad y lo hace desesperado e infinito. Alguna vez Aniceto trabaj\u00f3 en la cordillera, en la construcci\u00f3n del ferrocarril trasandino. Y aunque la nieve no es un milagro tan grande en Argentina, donde pasaron la infancia y adolescencia del protagonista, fue solo aqu\u00ed, en la monta\u00f1a, donde se encontr\u00f3 por primera vez con esta: \u201c\u2026en verdad, no era la nieve lo que me impresionaba, sino la sensaci\u00f3n de soledad que me produjo, no soledad de la nieve, de las rocas, del r\u00edo o de las monta\u00f1as, sino soledad de m\u00ed mismo entre la nieve, las rocas, el r\u00edo y las monta\u00f1as; aislamiento, reducci\u00f3n de mi personalidad hasta un m\u00ednimo impresionante; me parec\u00eda que los lazos que hasta ese momento me un\u00edan al paisaje o al lugar en que me encontraba y me hab\u00eda encontrado antes, en todas partes, lazos de color, de movimiento, de fricci\u00f3n, de espacio, de tiempo, desaparec\u00edan dej\u00e1ndome abandonado en medio de una blancura sin l\u00edmites y sin referencias, en la que todo se alejaba o se aislaba a su vez\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y solo algunas veces la naturaleza se convierte en s\u00edmbolo (\u00bfo en el fantasma?) de la libertad. Esto ocurre cuando Aniceto ya est\u00e1 alimentado \u2013aunque sea malamente\u2013, tiene d\u00f3nde pasar las noches \u2013aunque sea un refugio m\u00edsero y sucio\u2013, hay amigos fieles junto a \u00e9l \u2013aunque la palabra \u201camistad\u201d jam\u00e1s salga de sus bocas ni se aparezca entre sus pensamientos\u2013; es decir, cuando Aniceto, por fin, no tiene para qu\u00e9 apurarse tanto y puede mirar \u2013simplemente mirar\u2013 el mar: \u201cEl mar estaba ahora muy azul, brillantemente azul y muy solitario; ni botes, ni barcos; solo p\u00e1jaros\u2026\u201d Es el mar que adem\u00e1s lo alimenta a \u00e9l y a sus compa\u00f1eros arrojando trocitos de metal que ellos recogen y venden; los alimenta igual que a los p\u00e1jaros, a los pescadores y marineros. Y entonces por un instante le llega la sensaci\u00f3n de felicidad y libertad, \u00a1pues existe la libertad y existe la felicidad! Y en esos minutos Aniceto, un joven enfermo y descre\u00eddo de todo y de todos, es capaz de lanzarles mentalmente palabras de desprecio a los mercachifles para los que es inalcanzable esta hermosa aunque pasajera sensaci\u00f3n de felicidad: \u201cTal vez sea dif\u00edcil explicarlo y quiz\u00e1 si m\u00e1s dif\u00edcil comprenderlo, pero as\u00ed era y as\u00ed es: dame tiempo para mirar y qu\u00e9date contando tu mercader\u00eda; dame tiempo para sentir y contin\u00faa con tu discurso; dame tiempo para escuchar y sigue leyendo las noticias del diario; dame tiempo para gozar del cielo, del mar y del viento y prosigue vendiendo tus quesos o tus preservativos; dame tiempo para vivir y mu\u00e9rete contando tu mercader\u00eda (\u2026) Si adem\u00e1s de tiempo me das espacio, o, por lo menos, no me lo quitas, tanto mejor: as\u00ed podr\u00e9 mirar m\u00e1s lejos, caminar m\u00e1s all\u00e1 de lo que pensaba\u2026\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed ya es del todo evidente que el plano filos\u00f3fico no solo ensombrece la problem\u00e1tica social de la novela, sino que al mismo tiempo se llena tambi\u00e9n de un profundo sentido social. Solo para el comerciante es completamente inaccesible la comprensi\u00f3n de la belleza en general, y la de la naturaleza en particular. El conflicto no es realmente entre el ser humano y el universo, sino entre el mundo de las relaciones basadas en la propiedad \u2013encarnado por el comerciante\u2013 y la naturaleza. Y aunque a un desdichado la naturaleza le resulte hostil, en algunos escasos instantes esta se le presenta en todo su esplendor primigenio, y ello le trae un sentimiento de felicidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero para que despertase ese sentimiento de dicha al sentirse fusionado con la naturaleza, fue necesario que aqu\u00ed, en la orilla del oc\u00e9ano, un ser humano ofreciera su mano a otro que estaba en desgracia. Es en las relaciones entre las personas donde Manuel Rojas ve una fuente de luz y esperanza que ilumine el camino de la humanidad: los funcionarios creen en los papeles, y las personas, en las personas. A la lucha de partidos pol\u00edticos, que a Rojas se le figuraba como una mera lucha de ambiciones, o lucha por el poder, el escritor chileno contrapone la idea de la solidaridad, de la necesidad de educar en el ser humano la tendencia hacia el bien.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Precisamente esto es lo que m\u00e1s distingue la novela de Rojas de la picaresca cl\u00e1sica. Desde los tiempos de Lazarillo la novela picaresca era ideada habitualmente como una suerte de \u201cnovela de educaci\u00f3n\u201d del protagonista, cuya \u201cescuela\u201d era la vida misma. Pero en realidad, la picaresca se presentaba m\u00e1s bien como \u201ceducativa\u201d al rev\u00e9s: el \u00fanico resultado con el que el p\u00edcaro sal\u00eda de la escuela de la vida era su conversi\u00f3n en un tramposo hecho y derecho, que terminaba por ende aceptando la abominable realidad. En cambio, la novela de Rojas es educativa en el sentido pleno, elevado del t\u00e9rmino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal como los h\u00e9roes de la picaresca, Aniceto Hevia es lanzado siendo casi un ni\u00f1o al abismo de la vida. Pero quiz\u00e1s esta es la \u00fanica semejanza del protagonista de esta novela con el p\u00edcaro. Aniceto es un personaje con una estructura ps\u00edquica distinta de la de sus antepasados literarios. Y lo principal que destaca en \u00e9l su autor es su capacidad de estar abierto a todo lo luminoso, puro, aut\u00e9nticamente humano. Es ingenuo e inocente, pero su ingenuidad proviene de un rechazo org\u00e1nico hacia todas las relaciones falsas, mentirosas, contrarias al sentido com\u00fan que imperan a su alrededor. Su alma est\u00e1 abierta a la poes\u00eda, una poes\u00eda modesta que se oculta en los hechos, a primera vista, m\u00e1s cotidianos: la sonrisa de una mujer, el vuelo de una gaviota, incluso la pintura blanca de un marco de ventana. Esta disposici\u00f3n del alma de este h\u00e9roe determina la presencia de un lirismo que traspasa toda la obra. Un lirismo contenido, severo, a menudo apenas perceptible entre las descripciones implacablemente veraces o ir\u00f3nicamente p\u00edcaras de todo lo que vieron los penetrantes, bien abiertos ojos de Aniceto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El lirismo, lo po\u00e9tico, encuentran su encarnaci\u00f3n en el singular ritmo de la prosa de <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em>, extraordinariamente cercano al ritmo musical. Se trata de una de las caracter\u00edsticas m\u00e1s destacadas en el estilo de esta novela, que la hace resaltar no solo entre las otras obras de este autor, sino en la literatura latinoamericana en general.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ritmo musical se siente con la mayor nitidez en las numerosas digresiones l\u00edrico-filos\u00f3ficas del narrador. En ellas no es dif\u00edcil descubrir un paralelo estructural con los juicios moralizantes del h\u00e9roe p\u00edcaro de la picaresca. Rojas, tal como los autores de las novelas de p\u00edcaro, mediante esas reflexiones filos\u00f3fico-morales no solo efect\u00faa un juicio a la sociedad, sino adem\u00e1s puede hacer una generalizaci\u00f3n filos\u00f3fica para sus observaciones particulares. En este sentido son especialmente significativas las reflexiones acerca del tiempo y del dolor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los p\u00edcaros, protagonistas de las novelas picarescas, se mantienen como pueden en la superficie del mar de lo cotidiano y arriban a buen puerto solo despu\u00e9s de haberse embarrado de pies a cabeza en la mugre humana, y habiendo dejado incluso de notar esa mugre en ellos mismos y en los dem\u00e1s. Aniceto, en cambio, cada vez que sus fuerzas parecen acabarse y su fin parece inevitable, recibe de alguien una mano de ayuda, y ello reafirma su fe en el ser humano. Esto es lo que aleja a <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em> no solo de la vieja picaresca sino tambi\u00e9n de las novelas existencialistas del siglo XX.<\/p>\n<h4>M\u00e1s ac\u00e1 del existencialismo<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin duda, con esta obra Manuel Rojas entra en una pol\u00e9mica abierta con la concepci\u00f3n existencialista del mundo. Al hacerlo no solo rechaza la idea de la enajenaci\u00f3n y la soledad como los fundamentos eternos e invencibles de la sociedad humana. Tambi\u00e9n adquieren para \u00e9l otro radical significado conceptos tales como el amor, la compasi\u00f3n y otros tantos que para los existencialistas solo eran una forma ilusoria de superar la soledad a la que el ser humano estar\u00eda fatalmente condenado. A trav\u00e9s de la bondad, la compasi\u00f3n, la ayuda mutua, la solidaridad, Aniceto encuentra la llegada hacia otras personas. El solitario \u201cyo\u201d se convierte en el indisoluble \u201cnosotros\u201d. Ese es el resultado hacia el cual camin\u00f3 Aniceto durante toda su vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su padre era ladr\u00f3n, pero al mismo tiempo era un excelente hombre de familia, un bondadoso y protector esposo y padre; Aniceto creci\u00f3 en una familia \u201cnormal y bastante decente\u201d. Durante mucho tiempo \u00e9l y sus hermanos ni siquiera sospechaban cu\u00e1l era la \u201cprofesi\u00f3n\u201d de su padre, pero cuando la supieron siguieron queri\u00e9ndolo como antes y quiz\u00e1s lo quisieron aun m\u00e1s: \u201cNo estaba orgulloso de ello, pero tampoco me sent\u00eda apesadumbrado: era mi padre y lo adoraba y quiz\u00e1 si, inconscientemente, lo adoraba m\u00e1s porque era ladr\u00f3n, no porque su oficio me entusiasmara \u2013al rev\u00e9s, porque a veces me dol\u00eda\u2013, no que lo fuese, sino las consecuencias que el hecho sol\u00eda producir\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En consecuencia, Aniceto conoci\u00f3 la soledad y la carencia solo cuando muri\u00f3 su madre, el \u00e1ngel guardi\u00e1n de ese hogar; el padre fue encarcelado y los hermanos se repartieron cada cual adonde pudo. \u201cNo era nada para nadie, nadie me esperaba o me conoc\u00eda en alguna parte y deb\u00eda aceptar o rechazar lo que me cayera en suerte\u2026\u201d, reflexiona amargamente el joven protagonista. Pero al partir \u201ca correr el mundo\u201d el muchacho no solo conoci\u00f3 el abandono y la falta de refugio, no solo la humillaci\u00f3n y el dolor; al mismo tiempo se convenci\u00f3 por experiencia propia de que la vida tambi\u00e9n regala luz, el sol, la esperanza. Pr\u00e1cticamente en cada vuelta de su duro camino Aniceto encontr\u00f3 el apoyo de un amigo que aparec\u00eda qui\u00e9n sabe de d\u00f3nde. El pe\u00f3n Vicente cuando lo invit\u00f3 a la cosecha del ma\u00edz; el maestro que le ense\u00f1a su oficio en Mendoza; luego el vagabundo con anteojos; por \u00faltimo, El Fil\u00f3sofo y Cristi\u00e1n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La historia de Aniceto, El Fil\u00f3sofo y Cristi\u00e1n se desarrolla en la novela en un primer plano, lo que quiz\u00e1s se debe a que precisamente esta historia es la que encierra las ideas que m\u00e1s importan al autor. Su protagonista es Alfonso Echeverr\u00eda, El Fil\u00f3sofo, que en un rapto de confianza le dice a Aniceto: \u201cSiempre he procurado dar, en cierto sentido, en el sentido de las relaciones mentales humanas, m\u00e1s de lo que posiblemente puedo recibir; me gusta sacar algo de los dem\u00e1s, aunque muchas veces ese algo no valga la pena de tener ojos ni o\u00eddos. No lo hago por presunci\u00f3n o por curiosidad; es por naturaleza: me gusta escarbar en el hombre\u201d. As\u00ed es este hombre trabajador, que mira al mundo y a las personas con amabilidad. Aniceto lo sinti\u00f3 de inmediato, apenas se dieron una mirada, y solo con darle una mirada El Fil\u00f3sofo tambi\u00e9n lo vio y reconoci\u00f3 como a un ser humano. Con esa mirada empieza todo: poco rato despu\u00e9s de conocerse Aniceto recorr\u00eda con ellos la playa buscando en la arena trocitos de metal arrojados por el mar, para venderlos por unas pocas monedas; luego se ir\u00eda con sus nuevos conocidos al restor\u00e1n El Porvenir, hasta establecerse en la pieza donde ellos dorm\u00edan. Y desde el primer momento tambi\u00e9n, como dice El Fil\u00f3sofo ir\u00f3nicamente, \u201csin querer y en contra de su voluntad\u201d, Aniceto queda \u201cincorporado a la raz\u00f3n social Fil\u00f3sofo-Cristi\u00e1n\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un esfuerzo mucho mayor debi\u00f3 hacer Aniceto para penetrar en el alma de Cristi\u00e1n, un hombre de vida quebrada y alma mutilada, endurecido y descre\u00eddo de las personas. Un hombre que en su infancia no tuvo familia; no conoci\u00f3 el cari\u00f1o y ni siquiera tuvo de alguien una mirada de compasi\u00f3n. Hambre, robos, golpes, c\u00e1rcel. Luego la liberaci\u00f3n, de nuevo el hambre, intentos de robar algo, de nuevo la comisar\u00eda, otra vez la c\u00e1rcel. Un c\u00edrculo vicioso del que tal vez jam\u00e1s habr\u00eda salido \u2013porque no se lo permit\u00eda ese sentimiento monstruosamente tergiversado, aunque no del todo extinguido, de dignidad y de protesta humana\u2013 de no ser por Alfonso, quien not\u00f3 a ese ser desvalido y lo incorpor\u00f3 tambi\u00e9n a su \u201craz\u00f3n social\u201d. La lucha por el alma de Cristi\u00e1n contin\u00faa cuando se les une Aniceto, y con El Fil\u00f3sofo deciden partir en busca de un trabajo mejor. Y despu\u00e9s de enormes y tormentosas vacilaciones, Cristi\u00e1n decide sumarse a sus dos compa\u00f1eros: \u201cCuando se nos junt\u00f3, reanudamos la marcha\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con esas palabras Rojas termina su novela. Los retratos de Cristi\u00e1n, El Fil\u00f3sofo, Pedro el Mulato y muchos otros, y por supuesto el del propio Aniceto, testifican una aguda maestr\u00eda psicol\u00f3gica del escritor. Como acertadamente se\u00f1alaba otro escritor chileno, Fernando Alegr\u00eda, en su libro Las fronteras del realismo, Manuel Rojas indaga tan a fondo y con tanto rigor hasta las menores sutilezas y matices de los sentimientos, que eso hace recordar el trabajo de los buscadores de oro. Alegr\u00eda afirmaba tambi\u00e9n con justa raz\u00f3n que <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em> es una obra culmine, que sintetiza todo lo logrado por Rojas a lo largo de su trayectoria literaria anterior a este libro.<\/p>\n<h4>Hacia lo universal<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">La idea de Alegr\u00eda es posible de ampliar o precisar: la novela de Rojas no solo es culminaci\u00f3n, tambi\u00e9n es presagio. No solo es el resultado final de las b\u00fasquedas creativas de Rojas como escritor, tambi\u00e9n lo fue para algo esencial en su vida, al convertirse en un hito fundamental no solo en su trayectoria sino tambi\u00e9n en la historia de la literatura chilena. En 1969, al responder preguntas de un grupo de lectores, Rojas comentaba que sus personajes son \u201cbastante reales\u201d. Esto no significa, por supuesto, que \u00e9l se haya encontrado literalmente con Aniceto, Cristi\u00e1n y dem\u00e1s personajes. Significa que de esa manera el escritor buscaba subrayar que tanto las im\u00e1genes como los principales conflictos de su obra eran resultado de sus observaciones directas, as\u00ed como, a veces, de una racionalizaci\u00f3n de lo vivido personalmente. En particular, la figura de Aniceto contiene mucho de autobiogr\u00e1fico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal como su personaje, Manuel Rojas naci\u00f3 en Buenos Aires, Argentina, donde en aquella \u00e9poca viv\u00edan sus padres, de nacionalidad chilena. Tal como Aniceto, el escritor fue obligado a dejar la escuela sin terminarla y parti\u00f3 \u201cal mundo\u201d, desempe\u00f1ando m\u00faltiples oficios: pintor, carpintero, obrero; cruz\u00f3 la cordillera a pie, donde casi muere bajo la nieve; fue guardia nocturno en el puerto de Valpara\u00edso, tip\u00f3grafo, utilero de teatro. Las dificultades cotidianas, la vida n\u00f3made, la b\u00fasqueda de sustento para vivir continuaron para Rojas bastante tiempo despu\u00e9s de que se acercara a la actividad literaria, en los a\u00f1os veinte. El escritor le hered\u00f3 a su personaje algunas de las profesiones que le toc\u00f3 aprender, y junto con ello traslad\u00f3 a la novela algunos episodios de su vida, descritos tambi\u00e9n en su libro de memorias Im\u00e1genes de infancia (por ejemplo, el relato sobre c\u00f3mo Aniceto se hizo aficionado a la lectura, descrito en el primer cap\u00edtulo de la \u00faltima parte de <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em>). Las observaciones de la vida propia se juntan con la observaci\u00f3n de los destinos de decenas y hasta cientos de otros adolescentes desdichados iguales a Aniceto. Tambi\u00e9n es testimonio de esto toda la obra anterior de Rojas, donde se aprecia el surgimiento de los principales temas, im\u00e1genes y motivos de <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rojas no hab\u00eda cumplido a\u00fan los diecisiete a\u00f1os cuando se convirti\u00f3 en colaborador permanente del diario La Batalla, editado por anarquistas chilenos, y al mismo tiempo en corresponsal de su an\u00e1logo argentino La Protesta. En esa misma \u00e9poca conoci\u00f3 al joven poeta Jos\u00e9 Domingo G\u00f3mez Rojas, que algunos a\u00f1os despu\u00e9s fue encarcelado por su actividad revolucionaria, cruelmente torturado y muri\u00f3 en el hospital de la c\u00e1rcel. Fue \u00e9l quien not\u00f3 en Manuel Rojas un talento literario inusual y le aconsej\u00f3 tomar en serio el trabajo de escritura. Gracias a su apoyo, un soneto de Rojas fue publicado en 1918 en una antolog\u00eda po\u00e9tica del entonces influyente Grupo de los Diez. Posteriormente Rojas continu\u00f3 con la creaci\u00f3n po\u00e9tica, publicando el volumen de poemas <em>Tonada del transe\u00fante<\/em>. Sin embargo, Manuel Rojas empez\u00f3 a tener un verdadero reconocimiento a partir de 1922, cuando sus cuentos comenzaron a aparecer en diversas publicaciones peri\u00f3dicas y luego como libros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la \u00e9poca en que Rojas hac\u00eda ingreso a la literatura, la corriente literaria que dominaba la escena chilena era el realismo criollo. Sus representantes \u2013Mariano Latorre, Rafael Maluenda, Federico Gana y otros\u2013 hicieron en su momento importantes contribuciones para que los literatos chilenos abordaran los temas nacionales, se abocaran a retratar la naturaleza chilena, las costumbres y la vida de los estratos m\u00e1s bajos de la sociedad, en especial del campesinado. No obstante, ya en los a\u00f1os veinte, cuando Rojas empezaba a publicar sus cuentos, quedaron en evidencia las limitaciones del criollismo: la predilecci\u00f3n de sus adherentes por las descripciones naturalistas de la vida y la naturaleza ven\u00eda acompa\u00f1ada por una incapacidad \u2013o quiz\u00e1s una falta de deseos\u2013 de describir con alg\u00fan grado de profundidad el mundo interior de los personajes, de alcanzar una comprensi\u00f3n universalmente humana del significado de cuestiones y problemas nacionales espec\u00edficos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando los cuentos de Manuel Rojas comenzaron a aparecer en medios de prensa y luego en libros como <em>Hombres del sur<\/em> (1926), <em>El delincuente<\/em> (1929), <em>Traves\u00eda<\/em> (1934), o al salir su novela <em>Lanchas en la bah\u00eda<\/em> (1932), el joven autor fue igualmente adscrito \u2013no sin dudas y vacilaciones\u2013 a la corriente del criollismo. Pero entre tanto en su obra ya aparec\u00edan varios rasgos que no cuadraban para nada con el realismo criollo, lo que de hecho explica su posterior ruptura con esa vertiente literaria. Y no se trata solo de la tem\u00e1tica de sus cuentos, dedicados mayoritariamente a las vidas y peripecias de quienes habitaban en los bajos fondos urbanos. Hab\u00eda tambi\u00e9n algo en la manera misma de narrar que inquietaba y confund\u00eda a los \u201cfieles\u201d criollistas: el profundo lirismo de la prosa de Rojas \u2013que tanto contrastaba con la premeditaba \u201cobjetividad\u201d imperante entonces\u2013, la atenci\u00f3n privilegiada que le daba al mundo interior de los personajes, entre otras caracter\u00edsticas. Pero por aquel entonces Rojas a\u00fan manten\u00eda los v\u00ednculos con las tradiciones literarias del momento. \u201cEntonces se pod\u00eda pensar \u2013se\u00f1ala Fernando Alegr\u00eda\u2013 que Rojas escribir\u00eda toda su vida cuentos, hermosos cuentos durante toda su larga vida\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero a mediados de los a\u00f1os treinta, de pronto, Manuel Rojas enmudeci\u00f3. Solo por sus ensayos y trabajos de cr\u00edtica literaria pod\u00eda adivinarse que el escritor pasaba por un momento de angustiosa b\u00fasqueda creativa, que hab\u00eda llegado a una encrucijada. En su libro <em>De la poes\u00eda a la revoluci\u00f3n<\/em> (1938), Rojas atosiga al lector con preguntas para las que probablemente ni \u00e9l mismo tiene respuesta clara: \u201c\u2026 \u00bfno resultan demasiados rotos y demasiados campesinos para un p\u00fablico tan escaso como el que poseemos los escritores chilenos? \u00bfNo es cierto que se echa de menos algo que salga del campo, de las monta\u00f1as y de la vida exterior de los hombres que viven en ese campo y en esas monta\u00f1as, algo que no sea s\u00f3lo un recuerdo de lo que se ha visto o vivido o imaginado alrededor de esos temas?\u201d, etc., etc. Muchos coet\u00e1neos de Manuel Rojas no comprendieron en ese tiempo su inquietud y sus b\u00fasquedas. Pero la voz del artista preocupado por los destinos de la literatura nacional, y que exig\u00eda a sus hermanos de pluma nuevos caminos para la creaci\u00f3n, fue escuchada y respaldada por los literatos m\u00e1s j\u00f3venes, que estaban ingresando en la literatura y fueron agrupados posteriormente como la Generaci\u00f3n del 38. Por eso la aparici\u00f3n de <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em> fue considerada como la realizaci\u00f3n de los principios creativos de esa generaci\u00f3n y como un quiebre con el realismo criollo. Volverse hacia la tradici\u00f3n de la novela picaresca fue para Rojas un medio por el cual logr\u00f3 superar las limitaciones del criollismo, creando una novela con significado \u201cuniversal\u201d.<\/p>\n<h4>Hambre de vida<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero ahora, cuando hace tiempo que se calmaron los \u00e1nimos y amain\u00f3 la tormenta de pol\u00e9micas en torno a <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em>, se puede destacar algo m\u00e1s todav\u00eda: lo que determin\u00f3 lo innovador de la novela y abri\u00f3 el camino a nuevas y m\u00e1s profundas formas de mostrar la realidad nacional, ya exist\u00eda en estado embrionario en las primeras obras de Rojas. As\u00ed lo consideraba Fernando Alegr\u00eda, para quien toda la obra de Manuel Rojas est\u00e1 atravesada por una misma imagen, que aparece y reaparece como en un sue\u00f1o provocando casi siempre las mismas emociones. Se trata de la imagen de un adolescente, y junto a \u00e9l la c\u00e1rcel, algunas calles de Buenos Aires, la bah\u00eda y el puerto, algunos pescadores, muchos vagabundos y el hambre. Alegr\u00eda se refiere aqu\u00ed a un \u201chambre total\u201d, que abarca el deseo de partir, el anhelo de comunicaci\u00f3n, de cari\u00f1o, las ansias de crecer\u2026 en suma, un \u201chambre de vida\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este tema del hambre de vida, fusionado desde entonces con la imagen de Aniceto, atraviesa tambi\u00e9n las obras posteriores de Manuel Rojas. En 1958 es publicada su novela <em>Mejor que el vino<\/em>. Nuevamente es un relato sobre Aniceto pero con una distancia de algunas d\u00e9cadas, el relato de c\u00f3mo este h\u00e9roe adquiere un verdadero sentimiento de amor a la mujer. Luego, en 1964 sali\u00f3 <em>Sombras contra el muro<\/em>, libro que cuenta las andanzas del personaje despu\u00e9s de abandonar Valpara\u00edso en compa\u00f1\u00eda de El Fil\u00f3sofo y Cristi\u00e1n \u2013hechos que anteceden, naturalmente, los narrados en <em>Mejor que el vino<\/em>\u2013 que, en t\u00e9rminos de unidad narrativa, corresponde al cierre de la trilog\u00eda. En una conversaci\u00f3n con el conocido cr\u00edtico literario, profesor y escritor chileno Arturo Torres Rioseco, Manuel Rojas resumi\u00f3 que <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em> es la infancia y juventud de Aniceto Hevia; <em>Mejor que el vino<\/em>, la experiencia amorosa, y <em>Sombras contra el muro<\/em>, la formaci\u00f3n espiritual, social y pol\u00edtica de su personalidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hacia 1970 Rojas habr\u00eda dado por terminado el borrador de su \u00faltimo libro sobre Aniceto, <em>La oscura vida radiante<\/em>. El escritor habr\u00eda estado pensando en entregar su manuscrito a una editorial, pero no alcanz\u00f3 a hacerlo. El texto se qued\u00f3 sobre su escritorio, cuando el 11 de marzo de 1973 Manuel Rojas muri\u00f3.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"content clearfix\" style=\"text-align: left;\"><address style=\"text-align: justify;\">Fundaci\u00f3n Manuel Rojas. Mosc\u00fa &#8211; Rusia, 1 de diciembre de 2016<\/address>\n<div class=\"content clearfix\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><\/p>\n<\/div>\n<\/div>[\/et_pb_text][\/et_pb_column][\/et_pb_row][\/et_pb_section]\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Mosc\u00fa, el d\u00eda de la inauguraci\u00f3n de la International Non Fiction Book Fair, se realiz\u00f3 la presentaci\u00f3n de la nueva edici\u00f3n rusa de &#8220;Hijo de ladr\u00f3n&#8221;. Junto al r\u00edo Volga se record\u00f3 el original v\u00ednculo que une a Manuel Rojas&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":8721,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"on","_et_pb_old_content":"<div class=\"content clearfix\"><address style=\"text-align: justify;\">Fundaci\u00f3n Manuel Rojas. Mosc\u00fa - Rusia, 1 de diciembre de 2016<\/address>\n\n<hr \/>\n\n<div class=\"content clearfix\"><address>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>En Mosc\u00fa, el d\u00eda de la inauguraci\u00f3n de la International Non Fiction Book Fair, se realiz\u00f3 la presentaci\u00f3n de la nueva edici\u00f3n rusa de <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em>. Junto al r\u00edo Volga\u00a0se record\u00f3 el original v\u00ednculo que une a Manuel Rojas con las utop\u00edas sociales y el esp\u00edritu humanista de los grandes y universales autores rusos: \"Algunos de mis predilectos dioses dorm\u00edan su ultimo sue\u00f1o en Rusia... sin embargo, todos mis h\u00e9roes eran chilenos, pobres, rotosos, subdesarrollados, ladrones, borrachos o vagos, pero m\u00edos. Cada uno tiene sus h\u00e9roes y sus dioses y desgraciado de aqu\u00e9l que no tenga ni los unos ni los otros...\"<\/strong><\/p>\n<!--more-->\n\n<\/address>\n<h4>Manuel Rojas vuelve Mosc\u00fa<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">En una sala del segundo piso del gran edificio de la Casa de Los Artistas, el acto se llev\u00f3 a cabo con la presencia de Juan Eduardo Eguiguren, embajador de Chile en la Federaci\u00f3n de Rusia, el profesor Yuri Friedstein, Director del Departamento de Redacci\u00f3n y Edici\u00f3n de la Biblioteca de Literatura Extranjera Rudomino y la traductora a cargo de esta nueva publicaci\u00f3n. La <strong>Fundaci\u00f3n Manuel Rojas<\/strong> estuvo representada por su presidente Jorge Guerra. La embajada de Chile en Rusia promovi\u00f3 esta iniciativa la que cont\u00f3 con el apoyo de la Direcci\u00f3n de Asuntos Culturales del Ministerio de RREE de nuestro pa\u00eds, DIRAC. En a\u00f1os anteriores esta alianza con la Biblioteca Rudomino ha permitido la traducci\u00f3n de obras de Neruda y Parra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El embajador Eguiguren, para quien esta ocasi\u00f3n fue su \u00faltimo acto oficial ya que deja su cargo de embajador en Rusia, destac\u00f3 la importancia de Manuel Rojas como pionero en el modo de profundizar en la sicolog\u00eda de sus personajes provenientes del mundo marginal a partir de la vida de Aniceto Hevia, protagonista de su m\u00e1s importante obra. Tambi\u00e9n se refiri\u00f3 a la relevancia de esta iniciativa en el acercamiento y difusi\u00f3n de la narrativa chilena en un pa\u00eds de gran tradici\u00f3n literaria como Rusia. \u201cEstoy cierto \u2013se\u00f1al\u00f3\u2013 que con este trabajo estaremos acercando a\u00fan m\u00e1s la literatura chilena a la sociedad rusa e iremos avanzando en el estrechamiento de relaciones entre ambos pueblos\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por su parte Jorge Guerra, ley\u00f3 un breve texto titulado \u201cManuel Rojas: Dioses dormidos y h\u00e9roes despiertos\u201d donde record\u00f3 el viaje a la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica que hiciera Manuel Rojas en mayo de 1966, hace ya medio siglo. A partir de manuscritos in\u00e9ditos pertenecientes a la Fundaci\u00f3n, destac\u00f3 la deuda que reconoc\u00eda el escritor hacia los maestros rusos en el origen de su propia obra. Autores como Tolstoi, Gorki, Dostoyevski, entre otros, eran considerados por Rojas como sus \u201cpredilectos dioses\", quienes no solo le ense\u00f1aron la estatura est\u00e9tica de su oficio sino tambi\u00e9n los valores de humanidad que se desprenden de cada una de sus obras. Como contrapartida reconoc\u00eda que sus \u201ch\u00e9roes\u201d eran todos chilenos: \u201cpobres, rotosos, subdesarrollados, ladrones, borrachos o vagos, pero m\u00edos. Cada uno tiene sus h\u00e9roes y sus dioses y desgraciado de aqu\u00e9l que no tenga ni los unos ni los otros\u201d, se\u00f1alaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para referirse a <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em>, Guerra recogi\u00f3 el magn\u00edfico pr\u00f3logo de esta edici\u00f3n, titulado \u201cEl hambre de vida de Manuel Rojas\u201d, escrito por el estudioso de la literatura hispanoamericana Zacharij Plavskin quien destaca la superaci\u00f3n de la picaresca en la obra de Rojas, presentando en la novela a un protagonista \u2013Aniceto Hevia\u2013 que se opone a toda organizaci\u00f3n que atente y amenace la libertad natural de los seres humanos. En esta tarea se une solidariamente a otros individuos con los que comparte su condici\u00f3n marginal\u2026<\/p>\n\n<h4>JORGE GUERRA \/ Manuel Rojas: Dioses dormidos y h\u00e9roes despiertos<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muchas veces, cuando Manuel Rojas recordaba la impresi\u00f3n que le hab\u00eda dejado alg\u00fan lugar visitado, defin\u00eda ese recuerdo como la imagen \u201csensible\u201d y \u201cgeogr\u00e1fica\u201d de ese lugar. Imagen que pasaba a formar parte de su \u201csentido de la cualidad de la vida\u201d y que incrementaba su manera de acercarse a los seres y a las cosas. Un m\u00e9todo que dejaba de lado lo que otros hubiesen escrito o dicho de ese lugar. Desechaba todo al momento de tomar contacto con un paisaje y con quienes lo habitaban. Ese era el m\u00e9todo rojiano, fundado en la experiencia directa y, sobre todo, en la observaci\u00f3n, en la mirada aguda y silenciosa que se deten\u00eda en hombres y mujeres que pasaban ante \u00e9l. Una vez dijo: \u201cHay individuos que llegan a un pa\u00eds o a una ciudad y que piden, para enterarse de lo que all\u00ed ocurre, libros de historia, de antropolog\u00eda, estad\u00edstica, etnolog\u00eda, folklore, arqueolog\u00eda. Nada. A m\u00ed deme usted una silla o un banco y gente a quien mirar, o \u00e1rboles o p\u00e1jaros si no hay gente, y qu\u00e9dese con todo lo dem\u00e1s\u2026\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-Rusia-2.1.jpg\"><img class=\"alignleft size-full wp-image-6465\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-Rusia-2.1.jpg\" alt=\"Manuel Rojas Rusia 2.1\" width=\"100%\" \/><\/a>Dicho esto no es f\u00e1cil entender, a primera vista, la cercan\u00eda que Rusia ten\u00eda para \u00e9l, aquella Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, cuando hace justo 50 a\u00f1os la visit\u00f3 por primera y \u00fanica vez junto con Julianne Clark, su compa\u00f1era de entonces. Este pa\u00eds inmenso le era familiar desde sus primeros a\u00f1os que transcurrieron en un ir y venir entre Argentina y Chile. Y era as\u00ed porque fue el pensamiento y la creaci\u00f3n surgidos aqu\u00ed, a miles de kil\u00f3metros de nuestro pa\u00eds, los que moldearon sus propias ideas y, lo que es m\u00e1s importante a\u00fan, nutrieron su propia creaci\u00f3n literaria. Desde muy temprano Rojas se maravill\u00f3 con la riqueza y s\u00f3lida est\u00e9tica de los textos de los grandes maestros rusos. Fueron pensadores rusos quienes le ayudaron a construir su postura pol\u00edtica y tomar el camino del anarquismo desde su juventud, senda que no abandon\u00f3 nunca, \u201cpor m\u00e1s que las circunstancias de la vida y de mi vida me hayan reducido al solitario trabajo de escritor\u201d \u2013como escribi\u00f3 hacia el final de su vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace solo unos d\u00edas, antes de viajar a Mosc\u00fa, tuve la suerte de conocer una serie de manuscritos de Manuel Rojas, apuntes sobre su viaje a estas tierras que escribi\u00f3 mientras recorr\u00eda y se maravillaba con Mosc\u00fa, Leningrado, Kiev, Yalta y otros lugares que visit\u00f3. Comparto con ustedes un fragmento de esos escritos in\u00e9ditos y desconocidos hasta ahora: \u201cEn una comida que, en la noche del 24 de mayo de 1966, M\u00e1ximo Pacheco, embajador de Chile en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, nos ofreci\u00f3 en Mosc\u00fa... cogido por la extrema emoci\u00f3n que se suscita en m\u00ed al improvisar un discurso al final de cualquier comida o almuerzo... dije, entre otras cosas, que algunos de mis predilectos dioses dorm\u00edan su ultimo sue\u00f1o en Rusia. Agregu\u00e9 que, sin embargo, todos mis h\u00e9roes eran chilenos, pobres, rotosos, subdesarrollados, ladrones, borrachos o vagos, pero m\u00edos. Cada uno tiene sus h\u00e9roes y sus dioses y desgraciado de aqu\u00e9l que no tenga ni los unos ni los otros. Al hablar de dioses me refer\u00eda, por supuesto, a los hombres que, en una u otra forma, hab\u00edan influido en mi formaci\u00f3n moral y en mi formaci\u00f3n pol\u00edtica: entre estos \u00faltimos puedo nombrar, en primer lugar, a Kropotkin y Bakunin, en segundo lugar, a Lenin y Trotsky; de los otros, de aquellos que me ense\u00f1aron no s\u00f3lo el valor art\u00edstico de la literatura sino tambi\u00e9n su valor moral, o sea, el sentido de lo humanista en la literatura, debo decir que son muchos m\u00e1s, aunque los m\u00e1s valiosos sean Tolstoi, Gorki, Dostoyevski, Chejov, Andriev, Averchenko, Gogol, Kuprin y otros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo esto quiere decir que la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, la vieja Rusia, no era para m\u00ed un pa\u00eds indiferente, un pa\u00eds que no despertaba en m\u00ed ning\u00fan eco, en donde nunca hab\u00eda vivido nadie que me interesara o a quien yo amara o venerara, no, al contrario, muchos hombres sobresalientes, 'hombres islas', 'hombres monta\u00f1as', hab\u00edan nacido, vivido, sufrido y muerto all\u00ed y todos esos hombres eran para m\u00ed seres venerados, adorados algunos, verdaderos dioses de mi juventud y de mi vejez. La Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, adem\u00e1s, era el pa\u00eds en donde hab\u00eda ocurrido la primera revoluci\u00f3n social\u201d.<\/p>\n\n<h4>Viaje a los or\u00edgenes<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entonces, m\u00e1s que una primera experiencia sensible, aquel viaje fue un re encuentro. Un regreso a los or\u00edgenes de su vocaci\u00f3n de escritor y a una renovaci\u00f3n de sus ideales para alcanzar alg\u00fan d\u00eda lo que \u00e9l denomin\u00f3 una sociedad \u201cbasada en el amor y en el trabajo\u201d. Manuel Rojas ten\u00eda 21 a\u00f1os cuando Lenin encabeza la Revoluci\u00f3n de Octubre, que surge, para \u00e9l y para muchos, como el proyecto que har\u00eda posible que los trabajadores gobernaran su destino, alcanzaran la libertad y fundaran una sociedad m\u00e1s justa para unos y otros. A la par, desde su adolescencia, el ideal libertario del anarquismo ya hab\u00eda hecho lo suyo en el joven Manuel que comenzaba su incursi\u00f3n literaria con encendidos y apasionados escritos en peri\u00f3dicos anarquistas de Chile y Argentina. Esas fueron sus primeras armas de lucha. En los a\u00f1os sesenta adhiri\u00f3 con esperanzado entusiasmo a la revoluci\u00f3n de Cuba y apreciaba la palabra de Fidel Castro como el mensaje que deb\u00edan o\u00edr y hacer suyo todos los pueblos de Latinoam\u00e9rica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1951 Manuel Rojas irrumpe en la literatura de Chile y de otras latitudes, con una gran novela bajo el brazo: <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em>. Alejada de la Academia, desafiando influencias naturalistas imperantes, esta novela habla de seres y lugares hasta ese momento ausentes en la narrativa. En el contenido, pero principalmente en la forma, Rojas presenta una historia nueva que, en gran parte, es su propia historia. Es el destino de los marginados, pero no un or\u00e1culo fatal. Son seres que luchan por lo que aspiran. H\u00e9roes, o antih\u00e9roes, que son muchas veces derrotados, pero que no se rinden y buscan la mano solidaria del otro. Dice Rojas: \u201c...dame tiempo para mirar y qu\u00e9date contando tu mercader\u00eda; dame tiempo para sentir y contin\u00faa con tu discurso; dame tiempo para escuchar y sigue leyendo las noticias del diario; dame tiempo para gozar del cielo, del mar y del viento... Si adem\u00e1s de tiempo me das espacio, o por lo menos, no me lo quitas, tanto mejor: as\u00ed podr\u00e9 mirar m\u00e1s lejos, caminar m\u00e1s all\u00e1 de lo que pensaba...\u201d. Esa es la demanda de casi todos los personajes de Rojas que, insisto, no solo piden sino que tambi\u00e9n luchan por superar el estado de las cosas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Numerosos son los estudios que ha merecido <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em> y que coinciden en que su aparici\u00f3n, fue un remez\u00f3n similar a los sacudones tel\u00faricos que acostumbramos a sufrir en nuestro Chile. Para repasar algunas de esas virtudes me parece apropiado referirme aqu\u00ed al magn\u00edfico pr\u00f3logo de esta edici\u00f3n, escrito por el profesor Zacharij Plavskin, quien propone un l\u00facido ensayo sobre la novela. Plavskin ubica a <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em> en la tradici\u00f3n de la picaresca originada en el siglo XVI, sin embargo se apura en distinguir sus diferencias. Su protagonista, arrojado a la vida desde muy peque\u00f1o, no es un \u201clazarillo de Tormes\u201d que va aprendiendo c\u00f3mo sobrevivir en la maldad de su entorno, siendo igual de malo y rufi\u00e1n. No, Aniceto act\u00faa por oposici\u00f3n, aparentemente ingenua, entrando en conflicto con el Estado, con la sociedad de peque\u00f1os burgueses satisfechos y con el mercantilismo autocomplaciente. Y su actitud se fortalece porque Aniceto Hevia \u2013Manuel Rojas\u2013 cree en que el hombre con y junto al hombre son la \u00fanica posibilidad de humanizar y lograr una sociedad mejor: \u201clos funcionarios creen en los papeles, y las personas creen en las personas\u201d se\u00f1ala Plavskin. Y es as\u00ed como se aleja de la picaresca y tambi\u00e9n de la novela existencialista del siglo XX donde la soledad enajenada era la esencia y destino de la condici\u00f3n humana. Aniceto cree en la bondad, en la ayuda mutua, y la experimenta con el vagabundo de las tortugas, con Cristi\u00e1n y El Fil\u00f3sofo, todos seres que encuentra en su camino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-Rusia-4.1.jpg\"><img class=\"alignleft  wp-image-6467\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-Rusia-4.1.jpg\" alt=\"Manuel Rojas Rusia 4.1\" width=\"45%\" \/><\/a>Pero la ruptura de la novela no solo fue por los temas que trataba y los personajes que tra\u00eda sino en c\u00f3mo los trataba y presentaba. Aqu\u00ed est\u00e1n el mon\u00f3logo interior, la exploraci\u00f3n sicol\u00f3gica de los personajes, el transcurso no lineal del tiempo, y que es la primera declaraci\u00f3n que hace el autor al inicio de la novela. Un modo de narrar que altera la secuencia cronol\u00f3gica de la historia, consecuente con la propia forma de recordar de Rojas y no una simple b\u00fasqueda estil\u00edstica para atrapar f\u00e1cilmente a los lectores. Este natural modo de contar del autor, no es solo una secuencia epis\u00f3dica articulada por la figura del protagonista sino una serie de planos temporales, de relaciones complejas que le permiten a Rojas profundizar en los personajes en una suerte de relato dentro de otro relato, al modo de cajas chinas, o m\u00e1s apropiado aqu\u00ed, al modo de coloridas matrioskas.<\/p>\n\n<h4>Canto del ruise\u00f1or<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente quiero volver a los apuntes de viaje que citara al comienzo. Paseando por los jardines de una residencia para escritores en Kiev, Manuel Rojas, amante y conocedor de las aves, se propuso escuchar el canto del ruise\u00f1or. Pidi\u00f3 silencio a sus acompa\u00f1antes y que permanecieran inm\u00f3viles, esperando ese ansiado momento. Atento y apoyado en una cerca junto a su mujer Julianne, quien le sostiene una de sus manos, en un acto de tierna complicidad y controlando juntos la contenida emoci\u00f3n, justo cuando parec\u00eda que el momento esperado no llegar\u00eda, el silencio se rompe con tres trinos, fuertes y profundos, de un ruise\u00f1or oculto entre los arbustos. El canto del p\u00e1jaro de los poetas y enamorados recompensaba el sigilo y la paciente espera. De esa sencilla experiencia Manuel Rojas se\u00f1ala: \u201cAquellos trinos permanecer\u00e1n para siempre en mis o\u00eddos y creo que estar\u00e1n all\u00ed hasta el final de mi vida y quiz\u00e1 m\u00e1s all\u00e1\u201d. Esa fue siempre su actitud, en la vida y en su oficio de escritor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El silencio y la paciencia en el trabajo para lograr un fruto maduro que se hace eterno y universal en el tiempo. Una mirada minuciosa y el constante perfeccionamiento de su oficio que nos dej\u00f3 el ejemplo de una vida de esfuerzo, trabajada en los vi\u00f1edos de Mendoza, en las altas cumbres de la cordillera, en un bote en la bah\u00eda nocturna de Valpara\u00edso, en los talleres de alguna imprenta clandestina o en un teatro pobre de la provincia. En todos esos lugares y oficios Manuel Rojas se fue construyendo, tejiendo su vida \u201cserenamente, sin soberbia ni orgullo\u201d, como dice el verso de uno de sus poemas. Y nos dej\u00f3 entonces una obra para todos, sencilla y profunda, donde mirar y mirarnos, donde poder encontrar respuestas a la intolerancia o a la discriminaci\u00f3n y, sobre todo, donde volver a creer en el solidario trabajo de los hombres honrados, en la esperanza de que, a pesar de todo, el hombre puede ser bueno, en fin, creer de nuevo en la \u00e9tica y humanidad de sus dioses dormidos en la sufrida y f\u00e9rtil tierra de Rusia.<\/p>\n\n<h4>ZACHARIJ PLAVSKIN \/ El hambre de vida de Manuel Rojas<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">Manuel Rojas (1896-1973), uno de los m\u00e1s notables escritores chilenos del siglo XX, public\u00f3 a lo largo de casi medio siglo cuentos, relatos, novelas, art\u00edculos, cr\u00edticas y rese\u00f1as literarias y ensayos, conquistando un s\u00f3lido reconocimiento no solo en Chile sino tambi\u00e9n mucho m\u00e1s all\u00e1 de sus fronteras. Un lugar especial en la literatura chilena contempor\u00e1nea \u2013y m\u00e1s ampliamente, en la latinoamericana\u2013 lo ocupa su novela <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em>, obra que retom\u00f3 de una singular manera las tradiciones de la novela espa\u00f1ola llamada picaresca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1554 apareci\u00f3 en Espa\u00f1a una breve novela titulada \"El lazarillo de Tormes\", sus fortunas y adversidades. El autor de esta obra, que opt\u00f3 por quedar en el anonimato, puso en boca de su ingenuo h\u00e9roe el relato de c\u00f3mo, antes de haber cumplido los ocho a\u00f1os de edad, este fue arrojado al remolino de la vida y de c\u00f3mo \u2013chapoteando entre las turbulentas olas del mar de la existencia\u2013 poco a poco fue adquiriendo astucia e inventiva, aprendiendo todas las sutilezas de la piller\u00eda, logrando, por \u00faltimo, encontrar un refugio tranquilo. Aquel libro fue destinado a tener una larga y gloriosa vida. Y no solo por el hecho de haber sido editado en Espa\u00f1a, una y otra vez en los siguientes cuatro siglos y tanto, traducido innumerables veces a muchos idiomas del mundo y generado una serie de imitaciones y continuaciones. Sino principalmente porque El lazarillo\u2026 dio comienzo al g\u00e9nero de la novela picaresca, que jug\u00f3 un papel significativo en la historia del establecimiento de la novela europea, cuyo desarrollo en los siglos XVII y XVIII se puede decir que estuvo marcado por una influencia quiz\u00e1s dominante de la picaresca espa\u00f1ola. Pero ya en el siglo XVIII, y sobre todo en el XIX, comenzaron a aparecer en Europa variedades cada vez m\u00e1s nuevas de la novela, y la picaresca paulatinamente fue desplaz\u00e1ndose a un segundo plano. No es dif\u00edcil comprender las razones de esto: el inter\u00e9s de los artistas comenz\u00f3 a ser atra\u00eddo, con cada vez mayor frecuencia, hacia la familia como c\u00e9lula social b\u00e1sica, cuya investigaci\u00f3n anat\u00f3mica permiti\u00f3 descubrir las leyes m\u00e1s profundas que mueven los resortes y los conflictos tr\u00e1gicos que caracterizan a la sociedad. Para semejante indagaci\u00f3n de la realidad, la novela picaresca result\u00f3 ser un instrumento menos \u00fatil, con su h\u00e9roe arrancado de las tradiciones familiares y que vagaba por las ciudades y los pueblos de su pa\u00eds natal. As\u00ed, la vieja picaresca fue reemplazada casi por completo en el escenario literario por la novela socio-familiar y socio-psicol\u00f3gica de Balzac, Dickens, Zola, Tolstoi y Dostoievski, entre otros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, en tiempos m\u00e1s cercanos a los nuestros, escritores de muchos pa\u00edses han vuelto tan a menudo a las tradiciones de la picaresca que dif\u00edcilmente alguien se atreve a negar la vitalidad de dicho g\u00e9nero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su renacimiento tuvo bases sustanciales. En particular, una de las razones para que muchos prosistas contempor\u00e1neos recurrieran a las tradiciones de la picaresca, a su esquema habitual de composici\u00f3n, fue que esta vertiente posee una composici\u00f3n \u201cabierta\u201d y se construye como una serie de episodios unidos entre s\u00ed solo por la figura del protagonista-narrador. Eso permit\u00eda a los autores cl\u00e1sicos de la picaresca utilizar la narraci\u00f3n para recrear un amplio panorama social de la vida, introduciendo en la acci\u00f3n a personajes de los m\u00e1s diversos estratos sociales. Esto mismo permite hoy a los escritores que recurren a la estructura acostumbrada de la novela picaresca a abrir en profundidad y desde distintas perspectivas el conflicto del ser humano con la sociedad que se le opone y le es hostil. Obviamente, no es que los narradores del siglo XX hayan copiado los modelos cl\u00e1sicos. Un artista talentoso no reproduce la tradici\u00f3n, sino que la transforma y la enriquece. Y la obra <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em>, publicada en 1951, demuestra a la perfecci\u00f3n los resultados a los cuales puede llegar un escritor contempor\u00e1neo talentoso, que domine de manera creativa algunos m\u00e9todos y principios de la narraci\u00f3n picaresca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En efecto, esta novela de Manuel Rojas est\u00e1 construida seg\u00fan el esquema tradicional de la picaresca espa\u00f1ola. Si ordenamos los sucesos que se exponen en este libro en estricta secuencia cronol\u00f3gica, ante nuestros ojos aparecer\u00e1 el relato de la vida de un \u201cLazarillo\u201d contempor\u00e1neo \u2013Aniceto Hevia\u2013, con todas sus fortunas y adversidades. En efecto, Aniceto, tal como sus lejanos antepasados de la picaresca, se ve obligado, siendo pr\u00e1cticamente un ni\u00f1o, a abandonar el hogar paterno (tras la muerte de la madre y el arresto del padre) y en sus recorridos por Argentina y Chile se va encontrando con los personajes m\u00e1s diversos. Sin embargo, Manuel Rojas modifica sustancialmente el esquema tradicional de la narraci\u00f3n picaresca. Por eso, cuando habl\u00e1bamos de las similitudes entre la novela del autor chileno y la picaresca cl\u00e1sica pon\u00edamos un condicional: \u201cSi ordenamos los sucesos que se exponen en este libro en estricta secuencia cronol\u00f3gica\u2026\u201d Pero resulta que en la novela esa secuencia de acontecimientos se encuentra bruscamente alterada. El lector se topar\u00e1 a cada momento con movimientos y saltos en el tiempo: es como si el autor literalmente hubiera roto el hilo narrativo en muchos pedacitos, y luego los haya atado nuevamente, disponi\u00e9ndolos en un orden a primera vista totalmente arbitrario. El resultado de esto es que el relato de Aniceto se desarrolla simult\u00e1neamente en varios planos temporales, y en lugar de relaciones de causa-efecto entre los hechos, caracter\u00edsticas de una exposici\u00f3n cronol\u00f3gica lineal, surgen otras relaciones, m\u00e1s complejas y que esconden nuevas posibilidades creativas.<\/p>\n\n<h4>Los pelda\u00f1os del tiempo<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estudiosos que han escrito sobre <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em> han notado, con justa raz\u00f3n, que ese m\u00e9todo es caracter\u00edstico de muchos novelistas contempor\u00e1neos de Europa y Estados Unidos. Y de hecho en Rojas esta t\u00e9cnica evidencia antes que todo la contemporaneidad de su novela en lo formal. \u201cHay que dominar el tiempo \u2013afirma \u00e9l\u2013, o escribir\u00e1s como escrib\u00edan los novelistas de hace cien a\u00f1os\u201d. Pero \u00bfser\u00e1 esta la \u00fanica raz\u00f3n para que aparezcan en su novela esos bruscos desplazamientos temporales?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Hijo-de-Ladron-Ruso-2.1.jpg\"><img class=\"alignleft  wp-image-6463\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Hijo-de-Ladron-Ruso-2.1.jpg\" alt=\"Hijo de Ladron Ruso 2.1\" width=\"350\" height=\"558\" \/><\/a>Ya en las primeras l\u00edneas de la novela, Rojas advierte al lector de que ser\u00e1 in\u00fatil en este caso buscarle l\u00f3gica a la disposici\u00f3n de los diferentes tiempos. \u201cLa culpa es m\u00eda \u2013escribe el narrador en nombre de Aniceto Hevia\u2013: nunca he podido pensar como lo pudiera hacer un metro, l\u00ednea tras l\u00ednea, cent\u00edmetro tras cent\u00edmetro, hasta llegar a ciento o a mil; y mi memoria no es mucho mejor: salta de un hecho a otro y toma a veces los que aparecen primero, volviendo sobre sus pasos s\u00f3lo cuando los otros, m\u00e1s perezosos o m\u00e1s densos, empiezan a surgir a su vez desde el fondo de la vida pasada\u201d. Por tanto, de haber alguna l\u00f3gica en este relato, es puramente subjetiva y casi no admite decodificaci\u00f3n, parece querer decirnos el escritor. Pero, \u00bfy qu\u00e9 tal si no le creemos e intentamos de todos modos descubrir otra relaci\u00f3n, mucho m\u00e1s fundamental, entre las distintas partes en que se estructura el libro?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los saltos de un tiempo a otro est\u00e1n determinados en primer lugar por una relaci\u00f3n asociativa del pasado con el presente. Por ejemplo, en el tercer cap\u00edtulo de la primera parte Aniceto Hevia se dirige a un funcionario por un certificado que debe atestiguar que \u00e9l, Aniceto, realmente naci\u00f3 en Argentina. El funcionario le niega el documento y le propone que escriba a sus parientes para que le env\u00eden el certificado desde Argentina. El cap\u00edtulo siguiente, el cuarto, arranca con estas palabras del protagonista: \u201c\u00bfEscribir? \u00bfA qui\u00e9n?\u201d. Y esta pregunta perpleja motiva los recuerdos del joven h\u00e9roe de la novela; sobre un plano se sobrepone otro. Las asociaciones de este tipo a menudo motivan y explican los cambios temporales en la novela.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero tambi\u00e9n existen relaciones internas mucho m\u00e1s complejas entre los diversos planos del tiempo. Es como si Aniceto fuera bajando sin prisa por la escalera de los recuerdos, por los pelda\u00f1os de la memoria. El comienzo de la novela es el tiempo en que Aniceto inicia su relato, el tiempo lo m\u00e1s presente posible, tiempo del ahora mismo: Aniceto empieza la charla con cada lector en el preciso instante en que el lector abre el libro y sus ojos recorren las primeras l\u00edneas. El siguiente pelda\u00f1o es tiempo presente solo con respecto a lo que ocurre dentro de la novela: Aniceto sale de la c\u00e1rcel, enfermo y exhausto, parte hacia la costa, donde conoce al Fil\u00f3sofo y a Cristi\u00e1n, recolecta con ellos metal en la playa y con ellos tambi\u00e9n termina abandonando la no del todo acogedora ciudad de Valpara\u00edso. Luego viene otro pelda\u00f1o: Aniceto deambulando poco antes de su arresto por retenes policiales y consulados en busca del certificado. Finalmente, viene el \u00faltimo pelda\u00f1o de este episodio, dedicado al tiempo en que el protagonista sale de Argentina y llega a Chile.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luego viene el paso a un pelda\u00f1o m\u00e1s arriba (tercer cap\u00edtulo) y despu\u00e9s de nuevo hacia abajo, ahora varios pelda\u00f1os de una vez hacia su infancia. Este movimiento por la escalera de los recuerdos tiene su ritmo que se puede medir en forma estricta, como si fuera el ritmo de un movimiento pendular que se va extinguiendo. A medida que se desarrolla la narraci\u00f3n, la amplitud de los saltos de un tiempo a otro va disminuyendo hasta que los movimientos se detienen del todo, y el lector junto con el h\u00e9roe se re\u00fanen nuevamente en el tiempo presente. La multiplicidad de planos temporales en esta narraci\u00f3n resulta ser en Rojas, tal como en muchos novelistas del siglo XX, no solo una especie de moda que entr\u00f3 firme en la prosa de nuestra centuria, sino tambi\u00e9n un m\u00e9todo para profundizar la caracterizaci\u00f3n del personaje y de la realidad que lo rodea, y para ilustrarlo con m\u00e1s volumen y desde m\u00e1s perspectivas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A ese mismo fin responde la t\u00e9cnica del relato dentro de otro relato: en la narraci\u00f3n se incrustan los relatos de aquellos con quienes Aniceto se va topando en sus andanzas. As\u00ed ocurre con el relato del ladr\u00f3n viejo sobre el inspector policial Victoriano, una suerte de cuento corto sobre c\u00f3mo el inspector, tras descubrir inesperadamente para s\u00ed mismo que \u201clos ladrones tambi\u00e9n eran hombres\u201d, hizo con ellos un trato mutuamente conveniente; as\u00ed pasa con los relatos del amigo de Aniceto; as\u00ed sucede con el relato al final del libro de Alfonso Echeverr\u00eda, apodado El Fil\u00f3sofo. Y si seguimos comparando la novela con una escalera de recuerdos, esas inserciones narrativas debi\u00e9semos equipararlas con los descansos de las escaleras, donde uno puede detenerse para recuperar el aliento y mirar a los lados. De este modo esos relatos llegan a ser unidades r\u00edtmicas fundamentales de la novela. A todo esto, tales inserciones no son extra\u00f1as en las obras tard\u00edas de la picaresca espa\u00f1ola.<\/p>\n\n<h4>De la naturaleza social al aprendizaje espiritual<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">El esquema narrativo tradicional de la picaresca, aunque se exhibe aqu\u00ed de una manera bastante distinta, de todas maneras est\u00e1 presente y le permite al autor crear un amplio panorama de la vida social de Chile.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Manuel Rojas comenz\u00f3 a trabajar en la novela <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em> en 1936, la termin\u00f3 ya en 1950 y la public\u00f3 en 1951. Para Chile eran a\u00f1os dif\u00edciles, marcados por bruscos giros en los destinos del pa\u00eds. El principal conflicto que determina todo el desarrollo de la acci\u00f3n en la novela es el irreconciliable conflicto entre el ser humano y la sociedad o, lo que desde el punto de vista de Rojas es casi lo mismo, el conflicto entre el ser humano y la ley. En la picaresca espa\u00f1ola tard\u00eda ese conflicto \u201cser humano - ley\u201d se interpretaba como la lucha del p\u00edcaro contra el mundo en general, como una manifestaci\u00f3n de la \u201cguerra de todos contra todos\u201d. Pero Rojas no admite dicha explicaci\u00f3n. Para \u00e9l, el sentido de ese conflicto consiste antes que todo en el choque del individuo con el Estado de mercachifles, con la sociedad de peque\u00f1oburgueses satisfechos y propietarios complacientes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El conflicto se traslada a cada rato desde el plano social al filos\u00f3fico: el conflicto \u201cser humano - ley\u201d es desplazado y acentuado por el conflicto \u201cser humano - universo\u201d, o bien, \u201cser humano - naturaleza\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No son frecuentes en las p\u00e1ginas de esta obra las descripciones de la naturaleza: alguien enfermo, hambriento y humillado no est\u00e1 para admirar la belleza de los paisajes. La naturaleza, para alguien desdichado, resulta ser no solo un tanto indiferente sino que por momentos una fuerza activamente hostil, que agudiza el sentimiento de soledad y lo hace desesperado e infinito. Alguna vez Aniceto trabaj\u00f3 en la cordillera, en la construcci\u00f3n del ferrocarril trasandino. Y aunque la nieve no es un milagro tan grande en Argentina, donde pasaron la infancia y adolescencia del protagonista, fue solo aqu\u00ed, en la monta\u00f1a, donde se encontr\u00f3 por primera vez con esta: \u201c\u2026en verdad, no era la nieve lo que me impresionaba, sino la sensaci\u00f3n de soledad que me produjo, no soledad de la nieve, de las rocas, del r\u00edo o de las monta\u00f1as, sino soledad de m\u00ed mismo entre la nieve, las rocas, el r\u00edo y las monta\u00f1as; aislamiento, reducci\u00f3n de mi personalidad hasta un m\u00ednimo impresionante; me parec\u00eda que los lazos que hasta ese momento me un\u00edan al paisaje o al lugar en que me encontraba y me hab\u00eda encontrado antes, en todas partes, lazos de color, de movimiento, de fricci\u00f3n, de espacio, de tiempo, desaparec\u00edan dej\u00e1ndome abandonado en medio de una blancura sin l\u00edmites y sin referencias, en la que todo se alejaba o se aislaba a su vez\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y solo algunas veces la naturaleza se convierte en s\u00edmbolo (\u00bfo en el fantasma?) de la libertad. Esto ocurre cuando Aniceto ya est\u00e1 alimentado \u2013aunque sea malamente\u2013, tiene d\u00f3nde pasar las noches \u2013aunque sea un refugio m\u00edsero y sucio\u2013, hay amigos fieles junto a \u00e9l \u2013aunque la palabra \u201camistad\u201d jam\u00e1s salga de sus bocas ni se aparezca entre sus pensamientos\u2013; es decir, cuando Aniceto, por fin, no tiene para qu\u00e9 apurarse tanto y puede mirar \u2013simplemente mirar\u2013 el mar: \u201cEl mar estaba ahora muy azul, brillantemente azul y muy solitario; ni botes, ni barcos; solo p\u00e1jaros\u2026\u201d Es el mar que adem\u00e1s lo alimenta a \u00e9l y a sus compa\u00f1eros arrojando trocitos de metal que ellos recogen y venden; los alimenta igual que a los p\u00e1jaros, a los pescadores y marineros. Y entonces por un instante le llega la sensaci\u00f3n de felicidad y libertad, \u00a1pues existe la libertad y existe la felicidad! Y en esos minutos Aniceto, un joven enfermo y descre\u00eddo de todo y de todos, es capaz de lanzarles mentalmente palabras de desprecio a los mercachifles para los que es inalcanzable esta hermosa aunque pasajera sensaci\u00f3n de felicidad: \u201cTal vez sea dif\u00edcil explicarlo y quiz\u00e1 si m\u00e1s dif\u00edcil comprenderlo, pero as\u00ed era y as\u00ed es: dame tiempo para mirar y qu\u00e9date contando tu mercader\u00eda; dame tiempo para sentir y contin\u00faa con tu discurso; dame tiempo para escuchar y sigue leyendo las noticias del diario; dame tiempo para gozar del cielo, del mar y del viento y prosigue vendiendo tus quesos o tus preservativos; dame tiempo para vivir y mu\u00e9rete contando tu mercader\u00eda (\u2026) Si adem\u00e1s de tiempo me das espacio, o, por lo menos, no me lo quitas, tanto mejor: as\u00ed podr\u00e9 mirar m\u00e1s lejos, caminar m\u00e1s all\u00e1 de lo que pensaba\u2026\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed ya es del todo evidente que el plano filos\u00f3fico no solo ensombrece la problem\u00e1tica social de la novela, sino que al mismo tiempo se llena tambi\u00e9n de un profundo sentido social. Solo para el comerciante es completamente inaccesible la comprensi\u00f3n de la belleza en general, y la de la naturaleza en particular. El conflicto no es realmente entre el ser humano y el universo, sino entre el mundo de las relaciones basadas en la propiedad \u2013encarnado por el comerciante\u2013 y la naturaleza. Y aunque a un desdichado la naturaleza le resulte hostil, en algunos escasos instantes esta se le presenta en todo su esplendor primigenio, y ello le trae un sentimiento de felicidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero para que despertase ese sentimiento de dicha al sentirse fusionado con la naturaleza, fue necesario que aqu\u00ed, en la orilla del oc\u00e9ano, un ser humano ofreciera su mano a otro que estaba en desgracia. Es en las relaciones entre las personas donde Manuel Rojas ve una fuente de luz y esperanza que ilumine el camino de la humanidad: los funcionarios creen en los papeles, y las personas, en las personas. A la lucha de partidos pol\u00edticos, que a Rojas se le figuraba como una mera lucha de ambiciones, o lucha por el poder, el escritor chileno contrapone la idea de la solidaridad, de la necesidad de educar en el ser humano la tendencia hacia el bien.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Precisamente esto es lo que m\u00e1s distingue la novela de Rojas de la picaresca cl\u00e1sica. Desde los tiempos de Lazarillo la novela picaresca era ideada habitualmente como una suerte de \u201cnovela de educaci\u00f3n\u201d del protagonista, cuya \u201cescuela\u201d era la vida misma. Pero en realidad, la picaresca se presentaba m\u00e1s bien como \u201ceducativa\u201d al rev\u00e9s: el \u00fanico resultado con el que el p\u00edcaro sal\u00eda de la escuela de la vida era su conversi\u00f3n en un tramposo hecho y derecho, que terminaba por ende aceptando la abominable realidad. En cambio, la novela de Rojas es educativa en el sentido pleno, elevado del t\u00e9rmino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal como los h\u00e9roes de la picaresca, Aniceto Hevia es lanzado siendo casi un ni\u00f1o al abismo de la vida. Pero quiz\u00e1s esta es la \u00fanica semejanza del protagonista de esta novela con el p\u00edcaro. Aniceto es un personaje con una estructura ps\u00edquica distinta de la de sus antepasados literarios. Y lo principal que destaca en \u00e9l su autor es su capacidad de estar abierto a todo lo luminoso, puro, aut\u00e9nticamente humano. Es ingenuo e inocente, pero su ingenuidad proviene de un rechazo org\u00e1nico hacia todas las relaciones falsas, mentirosas, contrarias al sentido com\u00fan que imperan a su alrededor. Su alma est\u00e1 abierta a la poes\u00eda, una poes\u00eda modesta que se oculta en los hechos, a primera vista, m\u00e1s cotidianos: la sonrisa de una mujer, el vuelo de una gaviota, incluso la pintura blanca de un marco de ventana. Esta disposici\u00f3n del alma de este h\u00e9roe determina la presencia de un lirismo que traspasa toda la obra. Un lirismo contenido, severo, a menudo apenas perceptible entre las descripciones implacablemente veraces o ir\u00f3nicamente p\u00edcaras de todo lo que vieron los penetrantes, bien abiertos ojos de Aniceto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El lirismo, lo po\u00e9tico, encuentran su encarnaci\u00f3n en el singular ritmo de la prosa de <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em>, extraordinariamente cercano al ritmo musical. Se trata de una de las caracter\u00edsticas m\u00e1s destacadas en el estilo de esta novela, que la hace resaltar no solo entre las otras obras de este autor, sino en la literatura latinoamericana en general.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ritmo musical se siente con la mayor nitidez en las numerosas digresiones l\u00edrico-filos\u00f3ficas del narrador. En ellas no es dif\u00edcil descubrir un paralelo estructural con los juicios moralizantes del h\u00e9roe p\u00edcaro de la picaresca. Rojas, tal como los autores de las novelas de p\u00edcaro, mediante esas reflexiones filos\u00f3fico-morales no solo efect\u00faa un juicio a la sociedad, sino adem\u00e1s puede hacer una generalizaci\u00f3n filos\u00f3fica para sus observaciones particulares. En este sentido son especialmente significativas las reflexiones acerca del tiempo y del dolor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los p\u00edcaros, protagonistas de las novelas picarescas, se mantienen como pueden en la superficie del mar de lo cotidiano y arriban a buen puerto solo despu\u00e9s de haberse embarrado de pies a cabeza en la mugre humana, y habiendo dejado incluso de notar esa mugre en ellos mismos y en los dem\u00e1s. Aniceto, en cambio, cada vez que sus fuerzas parecen acabarse y su fin parece inevitable, recibe de alguien una mano de ayuda, y ello reafirma su fe en el ser humano. Esto es lo que aleja a <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em> no solo de la vieja picaresca sino tambi\u00e9n de las novelas existencialistas del siglo XX.<\/p>\n\n<h4>M\u00e1s ac\u00e1 del existencialismo<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin duda, con esta obra Manuel Rojas entra en una pol\u00e9mica abierta con la concepci\u00f3n existencialista del mundo. Al hacerlo no solo rechaza la idea de la enajenaci\u00f3n y la soledad como los fundamentos eternos e invencibles de la sociedad humana. Tambi\u00e9n adquieren para \u00e9l otro radical significado conceptos tales como el amor, la compasi\u00f3n y otros tantos que para los existencialistas solo eran una forma ilusoria de superar la soledad a la que el ser humano estar\u00eda fatalmente condenado. A trav\u00e9s de la bondad, la compasi\u00f3n, la ayuda mutua, la solidaridad, Aniceto encuentra la llegada hacia otras personas. El solitario \u201cyo\u201d se convierte en el indisoluble \u201cnosotros\u201d. Ese es el resultado hacia el cual camin\u00f3 Aniceto durante toda su vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su padre era ladr\u00f3n, pero al mismo tiempo era un excelente hombre de familia, un bondadoso y protector esposo y padre; Aniceto creci\u00f3 en una familia \u201cnormal y bastante decente\u201d. Durante mucho tiempo \u00e9l y sus hermanos ni siquiera sospechaban cu\u00e1l era la \u201cprofesi\u00f3n\u201d de su padre, pero cuando la supieron siguieron queri\u00e9ndolo como antes y quiz\u00e1s lo quisieron aun m\u00e1s: \u201cNo estaba orgulloso de ello, pero tampoco me sent\u00eda apesadumbrado: era mi padre y lo adoraba y quiz\u00e1 si, inconscientemente, lo adoraba m\u00e1s porque era ladr\u00f3n, no porque su oficio me entusiasmara \u2013al rev\u00e9s, porque a veces me dol\u00eda\u2013, no que lo fuese, sino las consecuencias que el hecho sol\u00eda producir\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En consecuencia, Aniceto conoci\u00f3 la soledad y la carencia solo cuando muri\u00f3 su madre, el \u00e1ngel guardi\u00e1n de ese hogar; el padre fue encarcelado y los hermanos se repartieron cada cual adonde pudo. \u201cNo era nada para nadie, nadie me esperaba o me conoc\u00eda en alguna parte y deb\u00eda aceptar o rechazar lo que me cayera en suerte\u2026\u201d, reflexiona amargamente el joven protagonista. Pero al partir \u201ca correr el mundo\u201d el muchacho no solo conoci\u00f3 el abandono y la falta de refugio, no solo la humillaci\u00f3n y el dolor; al mismo tiempo se convenci\u00f3 por experiencia propia de que la vida tambi\u00e9n regala luz, el sol, la esperanza. Pr\u00e1cticamente en cada vuelta de su duro camino Aniceto encontr\u00f3 el apoyo de un amigo que aparec\u00eda qui\u00e9n sabe de d\u00f3nde. El pe\u00f3n Vicente cuando lo invit\u00f3 a la cosecha del ma\u00edz; el maestro que le ense\u00f1a su oficio en Mendoza; luego el vagabundo con anteojos; por \u00faltimo, El Fil\u00f3sofo y Cristi\u00e1n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La historia de Aniceto, El Fil\u00f3sofo y Cristi\u00e1n se desarrolla en la novela en un primer plano, lo que quiz\u00e1s se debe a que precisamente esta historia es la que encierra las ideas que m\u00e1s importan al autor. Su protagonista es Alfonso Echeverr\u00eda, El Fil\u00f3sofo, que en un rapto de confianza le dice a Aniceto: \u201cSiempre he procurado dar, en cierto sentido, en el sentido de las relaciones mentales humanas, m\u00e1s de lo que posiblemente puedo recibir; me gusta sacar algo de los dem\u00e1s, aunque muchas veces ese algo no valga la pena de tener ojos ni o\u00eddos. No lo hago por presunci\u00f3n o por curiosidad; es por naturaleza: me gusta escarbar en el hombre\u201d. As\u00ed es este hombre trabajador, que mira al mundo y a las personas con amabilidad. Aniceto lo sinti\u00f3 de inmediato, apenas se dieron una mirada, y solo con darle una mirada El Fil\u00f3sofo tambi\u00e9n lo vio y reconoci\u00f3 como a un ser humano. Con esa mirada empieza todo: poco rato despu\u00e9s de conocerse Aniceto recorr\u00eda con ellos la playa buscando en la arena trocitos de metal arrojados por el mar, para venderlos por unas pocas monedas; luego se ir\u00eda con sus nuevos conocidos al restor\u00e1n El Porvenir, hasta establecerse en la pieza donde ellos dorm\u00edan. Y desde el primer momento tambi\u00e9n, como dice El Fil\u00f3sofo ir\u00f3nicamente, \u201csin querer y en contra de su voluntad\u201d, Aniceto queda \u201cincorporado a la raz\u00f3n social Fil\u00f3sofo-Cristi\u00e1n\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un esfuerzo mucho mayor debi\u00f3 hacer Aniceto para penetrar en el alma de Cristi\u00e1n, un hombre de vida quebrada y alma mutilada, endurecido y descre\u00eddo de las personas. Un hombre que en su infancia no tuvo familia; no conoci\u00f3 el cari\u00f1o y ni siquiera tuvo de alguien una mirada de compasi\u00f3n. Hambre, robos, golpes, c\u00e1rcel. Luego la liberaci\u00f3n, de nuevo el hambre, intentos de robar algo, de nuevo la comisar\u00eda, otra vez la c\u00e1rcel. Un c\u00edrculo vicioso del que tal vez jam\u00e1s habr\u00eda salido \u2013porque no se lo permit\u00eda ese sentimiento monstruosamente tergiversado, aunque no del todo extinguido, de dignidad y de protesta humana\u2013 de no ser por Alfonso, quien not\u00f3 a ese ser desvalido y lo incorpor\u00f3 tambi\u00e9n a su \u201craz\u00f3n social\u201d. La lucha por el alma de Cristi\u00e1n contin\u00faa cuando se les une Aniceto, y con El Fil\u00f3sofo deciden partir en busca de un trabajo mejor. Y despu\u00e9s de enormes y tormentosas vacilaciones, Cristi\u00e1n decide sumarse a sus dos compa\u00f1eros: \u201cCuando se nos junt\u00f3, reanudamos la marcha\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con esas palabras Rojas termina su novela. Los retratos de Cristi\u00e1n, El Fil\u00f3sofo, Pedro el Mulato y muchos otros, y por supuesto el del propio Aniceto, testifican una aguda maestr\u00eda psicol\u00f3gica del escritor. Como acertadamente se\u00f1alaba otro escritor chileno, Fernando Alegr\u00eda, en su libro Las fronteras del realismo, Manuel Rojas indaga tan a fondo y con tanto rigor hasta las menores sutilezas y matices de los sentimientos, que eso hace recordar el trabajo de los buscadores de oro. Alegr\u00eda afirmaba tambi\u00e9n con justa raz\u00f3n que <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em> es una obra culmine, que sintetiza todo lo logrado por Rojas a lo largo de su trayectoria literaria anterior a este libro.<\/p>\n\n<h4>Hacia lo universal<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">La idea de Alegr\u00eda es posible de ampliar o precisar: la novela de Rojas no solo es culminaci\u00f3n, tambi\u00e9n es presagio. No solo es el resultado final de las b\u00fasquedas creativas de Rojas como escritor, tambi\u00e9n lo fue para algo esencial en su vida, al convertirse en un hito fundamental no solo en su trayectoria sino tambi\u00e9n en la historia de la literatura chilena. En 1969, al responder preguntas de un grupo de lectores, Rojas comentaba que sus personajes son \u201cbastante reales\u201d. Esto no significa, por supuesto, que \u00e9l se haya encontrado literalmente con Aniceto, Cristi\u00e1n y dem\u00e1s personajes. Significa que de esa manera el escritor buscaba subrayar que tanto las im\u00e1genes como los principales conflictos de su obra eran resultado de sus observaciones directas, as\u00ed como, a veces, de una racionalizaci\u00f3n de lo vivido personalmente. En particular, la figura de Aniceto contiene mucho de autobiogr\u00e1fico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal como su personaje, Manuel Rojas naci\u00f3 en Buenos Aires, Argentina, donde en aquella \u00e9poca viv\u00edan sus padres, de nacionalidad chilena. Tal como Aniceto, el escritor fue obligado a dejar la escuela sin terminarla y parti\u00f3 \u201cal mundo\u201d, desempe\u00f1ando m\u00faltiples oficios: pintor, carpintero, obrero; cruz\u00f3 la cordillera a pie, donde casi muere bajo la nieve; fue guardia nocturno en el puerto de Valpara\u00edso, tip\u00f3grafo, utilero de teatro. Las dificultades cotidianas, la vida n\u00f3made, la b\u00fasqueda de sustento para vivir continuaron para Rojas bastante tiempo despu\u00e9s de que se acercara a la actividad literaria, en los a\u00f1os veinte. El escritor le hered\u00f3 a su personaje algunas de las profesiones que le toc\u00f3 aprender, y junto con ello traslad\u00f3 a la novela algunos episodios de su vida, descritos tambi\u00e9n en su libro de memorias Im\u00e1genes de infancia (por ejemplo, el relato sobre c\u00f3mo Aniceto se hizo aficionado a la lectura, descrito en el primer cap\u00edtulo de la \u00faltima parte de <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em>). Las observaciones de la vida propia se juntan con la observaci\u00f3n de los destinos de decenas y hasta cientos de otros adolescentes desdichados iguales a Aniceto. Tambi\u00e9n es testimonio de esto toda la obra anterior de Rojas, donde se aprecia el surgimiento de los principales temas, im\u00e1genes y motivos de <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rojas no hab\u00eda cumplido a\u00fan los diecisiete a\u00f1os cuando se convirti\u00f3 en colaborador permanente del diario La Batalla, editado por anarquistas chilenos, y al mismo tiempo en corresponsal de su an\u00e1logo argentino La Protesta. En esa misma \u00e9poca conoci\u00f3 al joven poeta Jos\u00e9 Domingo G\u00f3mez Rojas, que algunos a\u00f1os despu\u00e9s fue encarcelado por su actividad revolucionaria, cruelmente torturado y muri\u00f3 en el hospital de la c\u00e1rcel. Fue \u00e9l quien not\u00f3 en Manuel Rojas un talento literario inusual y le aconsej\u00f3 tomar en serio el trabajo de escritura. Gracias a su apoyo, un soneto de Rojas fue publicado en 1918 en una antolog\u00eda po\u00e9tica del entonces influyente Grupo de los Diez. Posteriormente Rojas continu\u00f3 con la creaci\u00f3n po\u00e9tica, publicando el volumen de poemas <em>Tonada del transe\u00fante<\/em>. Sin embargo, Manuel Rojas empez\u00f3 a tener un verdadero reconocimiento a partir de 1922, cuando sus cuentos comenzaron a aparecer en diversas publicaciones peri\u00f3dicas y luego como libros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la \u00e9poca en que Rojas hac\u00eda ingreso a la literatura, la corriente literaria que dominaba la escena chilena era el realismo criollo. Sus representantes \u2013Mariano Latorre, Rafael Maluenda, Federico Gana y otros\u2013 hicieron en su momento importantes contribuciones para que los literatos chilenos abordaran los temas nacionales, se abocaran a retratar la naturaleza chilena, las costumbres y la vida de los estratos m\u00e1s bajos de la sociedad, en especial del campesinado. No obstante, ya en los a\u00f1os veinte, cuando Rojas empezaba a publicar sus cuentos, quedaron en evidencia las limitaciones del criollismo: la predilecci\u00f3n de sus adherentes por las descripciones naturalistas de la vida y la naturaleza ven\u00eda acompa\u00f1ada por una incapacidad \u2013o quiz\u00e1s una falta de deseos\u2013 de describir con alg\u00fan grado de profundidad el mundo interior de los personajes, de alcanzar una comprensi\u00f3n universalmente humana del significado de cuestiones y problemas nacionales espec\u00edficos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando los cuentos de Manuel Rojas comenzaron a aparecer en medios de prensa y luego en libros como <em>Hombres del sur<\/em> (1926), <em>El delincuente<\/em> (1929), <em>Traves\u00eda<\/em> (1934), o al salir su novela <em>Lanchas en la bah\u00eda<\/em> (1932), el joven autor fue igualmente adscrito \u2013no sin dudas y vacilaciones\u2013 a la corriente del criollismo. Pero entre tanto en su obra ya aparec\u00edan varios rasgos que no cuadraban para nada con el realismo criollo, lo que de hecho explica su posterior ruptura con esa vertiente literaria. Y no se trata solo de la tem\u00e1tica de sus cuentos, dedicados mayoritariamente a las vidas y peripecias de quienes habitaban en los bajos fondos urbanos. Hab\u00eda tambi\u00e9n algo en la manera misma de narrar que inquietaba y confund\u00eda a los \u201cfieles\u201d criollistas: el profundo lirismo de la prosa de Rojas \u2013que tanto contrastaba con la premeditaba \u201cobjetividad\u201d imperante entonces\u2013, la atenci\u00f3n privilegiada que le daba al mundo interior de los personajes, entre otras caracter\u00edsticas. Pero por aquel entonces Rojas a\u00fan manten\u00eda los v\u00ednculos con las tradiciones literarias del momento. \u201cEntonces se pod\u00eda pensar \u2013se\u00f1ala Fernando Alegr\u00eda\u2013 que Rojas escribir\u00eda toda su vida cuentos, hermosos cuentos durante toda su larga vida\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero a mediados de los a\u00f1os treinta, de pronto, Manuel Rojas enmudeci\u00f3. Solo por sus ensayos y trabajos de cr\u00edtica literaria pod\u00eda adivinarse que el escritor pasaba por un momento de angustiosa b\u00fasqueda creativa, que hab\u00eda llegado a una encrucijada. En su libro <em>De la poes\u00eda a la revoluci\u00f3n<\/em> (1938), Rojas atosiga al lector con preguntas para las que probablemente ni \u00e9l mismo tiene respuesta clara: \u201c\u2026 \u00bfno resultan demasiados rotos y demasiados campesinos para un p\u00fablico tan escaso como el que poseemos los escritores chilenos? \u00bfNo es cierto que se echa de menos algo que salga del campo, de las monta\u00f1as y de la vida exterior de los hombres que viven en ese campo y en esas monta\u00f1as, algo que no sea s\u00f3lo un recuerdo de lo que se ha visto o vivido o imaginado alrededor de esos temas?\u201d, etc., etc. Muchos coet\u00e1neos de Manuel Rojas no comprendieron en ese tiempo su inquietud y sus b\u00fasquedas. Pero la voz del artista preocupado por los destinos de la literatura nacional, y que exig\u00eda a sus hermanos de pluma nuevos caminos para la creaci\u00f3n, fue escuchada y respaldada por los literatos m\u00e1s j\u00f3venes, que estaban ingresando en la literatura y fueron agrupados posteriormente como la Generaci\u00f3n del 38. Por eso la aparici\u00f3n de <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em> fue considerada como la realizaci\u00f3n de los principios creativos de esa generaci\u00f3n y como un quiebre con el realismo criollo. Volverse hacia la tradici\u00f3n de la novela picaresca fue para Rojas un medio por el cual logr\u00f3 superar las limitaciones del criollismo, creando una novela con significado \u201cuniversal\u201d.<\/p>\n\n<h4>Hambre de vida<\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero ahora, cuando hace tiempo que se calmaron los \u00e1nimos y amain\u00f3 la tormenta de pol\u00e9micas en torno a <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em>, se puede destacar algo m\u00e1s todav\u00eda: lo que determin\u00f3 lo innovador de la novela y abri\u00f3 el camino a nuevas y m\u00e1s profundas formas de mostrar la realidad nacional, ya exist\u00eda en estado embrionario en las primeras obras de Rojas. As\u00ed lo consideraba Fernando Alegr\u00eda, para quien toda la obra de Manuel Rojas est\u00e1 atravesada por una misma imagen, que aparece y reaparece como en un sue\u00f1o provocando casi siempre las mismas emociones. Se trata de la imagen de un adolescente, y junto a \u00e9l la c\u00e1rcel, algunas calles de Buenos Aires, la bah\u00eda y el puerto, algunos pescadores, muchos vagabundos y el hambre. Alegr\u00eda se refiere aqu\u00ed a un \u201chambre total\u201d, que abarca el deseo de partir, el anhelo de comunicaci\u00f3n, de cari\u00f1o, las ansias de crecer\u2026 en suma, un \u201chambre de vida\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este tema del hambre de vida, fusionado desde entonces con la imagen de Aniceto, atraviesa tambi\u00e9n las obras posteriores de Manuel Rojas. En 1958 es publicada su novela <em>Mejor que el vino<\/em>. Nuevamente es un relato sobre Aniceto pero con una distancia de algunas d\u00e9cadas, el relato de c\u00f3mo este h\u00e9roe adquiere un verdadero sentimiento de amor a la mujer. Luego, en 1964 sali\u00f3 <em>Sombras contra el muro<\/em>, libro que cuenta las andanzas del personaje despu\u00e9s de abandonar Valpara\u00edso en compa\u00f1\u00eda de El Fil\u00f3sofo y Cristi\u00e1n \u2013hechos que anteceden, naturalmente, los narrados en <em>Mejor que el vino<\/em>\u2013 que, en t\u00e9rminos de unidad narrativa, corresponde al cierre de la trilog\u00eda. En una conversaci\u00f3n con el conocido cr\u00edtico literario, profesor y escritor chileno Arturo Torres Rioseco, Manuel Rojas resumi\u00f3 que <em>Hijo de ladr\u00f3n<\/em> es la infancia y juventud de Aniceto Hevia; <em>Mejor que el vino<\/em>, la experiencia amorosa, y <em>Sombras contra el muro<\/em>, la formaci\u00f3n espiritual, social y pol\u00edtica de su personalidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hacia 1970 Rojas habr\u00eda dado por terminado el borrador de su \u00faltimo libro sobre Aniceto, <em>La oscura vida radiante<\/em>. El escritor habr\u00eda estado pensando en entregar su manuscrito a una editorial, pero no alcanz\u00f3 a hacerlo. El texto se qued\u00f3 sobre su escritorio, cuando el 11 de marzo de 1973 Manuel Rojas muri\u00f3.<\/p>\n\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"content clearfix\"><address style=\"text-align: justify;\">Fundaci\u00f3n Manuel Rojas. Mosc\u00fa - Rusia, 1 de diciembre de 2016<\/address>\n<div class=\"content clearfix\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-Rusia-2.1.jpg\"><img class=\"size-full wp-image-6465 alignleft\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-Rusia-2.1.jpg\" alt=\"Manuel Rojas Rusia 2.1\" width=\"663\" height=\"263\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-Rusia-4.1.jpg\"><img class=\"alignleft  wp-image-6467\" src=\"http:\/\/www.manuelrojas.cl\/wp-content\/uploads\/Manuel-Rojas-Rusia-4.1.jpg\" alt=\"Manuel Rojas Rusia 4.1\" width=\"351\" height=\"470\" \/><\/a><\/p>\n\n\n<\/div>\n<\/div>","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[44,35],"tags":[20,11,19],"class_list":["post-7809","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-44","category-noticias","tag-actividades-fundacion-manuel-rojas","tag-homenajes-a-manuel-rojas","tag-novelas-de-manuel-rojas"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/manuelrojas.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7809","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/manuelrojas.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/manuelrojas.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/manuelrojas.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/manuelrojas.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7809"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/manuelrojas.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7809\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8722,"href":"https:\/\/manuelrojas.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7809\/revisions\/8722"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/manuelrojas.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/8721"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/manuelrojas.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7809"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/manuelrojas.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7809"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/manuelrojas.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7809"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}