Reseña
A comienzos de 1962, Manuel Rojas cruza la frontera sur de Estados Unidos y entra en territorio mexicano acompañado por su nueva pareja, Julianne Clark, con quien contrae matrimonio en Ciudad Juárez. Después de casi un año dedicado a la enseñanza en la Universidad de Washington, en Seattle, Rojas emprende así un viaje por México, país que había despertado su interés desde hacía varios años.
Pasé por México un día recoge la experiencia de ese viaje y el encuentro con un país que Rojas recorre de norte a sur y de costa a costa: desde el estado de Chihuahua hasta Chiapas, desde el valle de Anáhuac hasta Matamoros, en Tamaulipas, y desde Taxco, en Guerrero, hasta Veracruz, a orillas del golfo de México. A lo largo de este recorrido visita centenares de pueblos, villorrios y ciudades, y permanece durante algún tiempo en Ciudad de México, donde participa activamente en su vida cultural y se interesa por la historia precolombina y por los esfuerzos de los mexicanos por definir su propia identidad.
El contenido de este libro había sido anticipado parcialmente en una edición mexicana titulada Cuentos del sur y Diario de México (1963). Sin embargo, Pasé por México un día no es, en estricto rigor, un diario de viaje. Rojas no registra los acontecimientos día tras día ni pretende ofrecer una relación ordenada de su itinerario; más bien, se detiene en aquellas experiencias que despiertan especialmente su interés y transita con libertad de un asunto a otro, siguiendo el curso de sus impresiones y recuerdos.
De este modo, el México que aparece en estas páginas no es solo el país recorrido por el viajero, sino también el que se revela a través de su sensibilidad. Rojas observa sus paisajes, sus ciudades y, sobre todo, a sus habitantes, y encuentra en ellos algo de lo propio y algo de lo ajeno. Su mirada se mueve así entre la cercanía y la diferencia, entre el reconocimiento y el asombro, construyendo el retrato de un país que, mientras descubre, también le permite descubrirse a sí mismo.


