Obra / Poesía y Teatro

Poeta perseverante en su juventud e intermitente en los años posteriores, Manuel Rojas mantuvo siempre la poesía como una vertiente de su quehacer literario. Se inició con tempranos versos de inspiración modernista, sobre los cuales diría años después, con su habitual ironía: «empecé a escribir poesías y produje las peores que se hayan escrito en el hemisferio sur». La publicación, en 1917, de su soneto «Gusano» le valió un primer reconocimiento de la crítica y lo alentó a publicar, pocos años después en Mendoza, una primera colección de nueve poemas bajo el título de Poéticas.

De regreso en Chile, cerca de una treintena de sus poemas aparecieron dispersos en revistas y periódicos, hasta ser reunidos en 1927 en Tonada del transeúnte, su principal libro de poesía. Años más tarde publicaría Deshecha rosa, su poema más extenso y ambicioso, dedicado a la memoria de su esposa, María Baeza, fallecida en 1936. Ella misma poeta, Baeza había dejado una breve obra lírica, entre la que se encuentra Canciones para ellos, singular libro que Rojas compuso a mano para ella.

Junto con la poesía, el teatro ocupó también un lugar temprano en la trayectoria de Rojas. Desde muy joven estuvo vinculado a actores y compañías teatrales: trabajó como apuntador, subió al escenario y escribió algunas piezas dramáticas que no llegaron hasta nosotros. Décadas más tarde regresaría al género junto a Isidora Aguirre con Población Esperanza, una de las obras significativas del teatro social chileno. Tanto la poesía como la dramaturgia de Rojas fueron reconocidas y valoradas por destacados escritores y críticos de su tiempo, y constituyen vertientes fundamentales para apreciar la amplitud y diversidad de su obra literaria.